Antes de convertirse en veterano de la Guerra de Corea y mucho antes siquiera de contemplar la posibilidad de ir al Ejército, Hildebrando Vélez se quedó en una pensión ubicada al costado de la plaza de mercado que existió en el barrio Guayaquil, en el centro de Medellín. Fue allí donde una mañana de 1952 le pagó cinco pesos a un teniente para que se lo llevara a un batallón en Popayán.
Hildebrando recuerda el sector atiborrado de gente, donde vagabundos dormían en el piso y cuyas calles expelían olores desagradables. Esa plaza, según la historia, se convirtió en la auténtica centralidad de la ciudad, pues allí arribaban viajeros de todos rincones del departamento y porque desde 1914 llegaba el Ferrocarril de Antioquia.