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Indígenas buscan espacio en una Medellín incluyente

A pesar de que con Planes de Vida tejidos a 2023 las etnias buscan acceso a todos los bienes de la ciudad, aún hay barreras y dificultades por superar.

  • En diversas actividades se desempeñan los indígenas en Medellín, pero la mayoría son comerciantes ambulantes. Ellos luchan por defender sus derechos y conservar su cultura en una ciudad que con su ritmo urbano lo absorbe todo. FOTO donaldo zuluaga velilla
    En diversas actividades se desempeñan los indígenas en Medellín, pero la mayoría son comerciantes ambulantes. Ellos luchan por defender sus derechos y conservar su cultura en una ciudad que con su ritmo urbano lo absorbe todo. FOTO donaldo zuluaga velilla
09 de marzo de 2015
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“Nosotros somos una realidad en Medellín, ya no somos pasado, somos presente y pedimos participación en los desarrollos de la ciudad”, dice Hilda Domicó, gobernadora del cabildo indígena Chibcariwak, que reúne a 34 grupos de las etnias Chibcha, Caribe y Arawaks con amplia presencia en la ciudad.

Lo afirma con énfasis, pues a pesar de estar hace 38 años en este territorio y haber logrado algunas conquistas, aún siente que falta mucho por obtener y muchas luchas que dar para lograr el pleno reconocimiento de los derechos y acceder a una vida en iguales condiciones de dignidad que el resto de ciudadanos.

Tener el cabildo, con sede de encuentro para sus diálogos y sus prácticas, guardería indígena y albergues para estudiantes que hacen sus carreras en las universidades de Antioquia y Nacional, son sus principales conquistas.

“En la Mesa de Trabajo Indígena trabajamos el Plan de Vida 2012-2023 con cinco líneas de acción: la institucional, la política, el gobierno propio, la cultura y el enfoque poblacional”, explica.

Allí está planeada una ciudadela indígena que sería como un barrio donde se reúnan las etnias y tengan acceso a todos los servicios que requieren como grupo social: viviendas, salud, educación.

Hoy, un alto número de jóvenes de la etnias andan a la deriva en la ciudad. Abundan las familias sin vivienda propia, pues los albergues de Niquitao se quedan cortos para todos los que llegan cada día. Los estudiantes universitarios pasan dificultades, pues el sostenimiento no es fácil. Y el acceso a las empresas sigue siendo casi nulo debido a que abundan los prejuicios contra esta población, a pesar de que Medellín dice llamarse una ciudad incluyente.

Hilda reconoce que desde la Alcaldía hay programas, planes y proyectos, pero falta mucho por hacer para que los indígenas se sientan plenos y con garantías en un territorio que también es de ellos, pues lo habitan desde hace décadas.

Ruta de atención

Desde la Dirección de Etnias de la Secretaría de Inclusión Social y Familia, la Alcaldía atiende la problemática indígena y afrodescendiente. Su director, Alberto Barrios, detalla las razones de la presencia de población indígena acá:

“Hay una población que llega por fenómenos del conflicto y desplazamiento forzado; otros son estudiantes que vienen a hacer carreras en las universidades Nacional y de Antioquia y los otros llegan en busca de oportunidades”, dice.

La Mesa Indígena detectó que del Chocó y Risaralda arriba la mayoría debido a que las zonas que habitan quedan más cercanas a la cabecera de Medellín que a las suyas. Este año, en los Planes de Vida para cada etnia se buscarán soluciones a sus problemáticas buscando apoyo de esos departamentos.

En total, los indígenas que habitan Medellín son unos 4.200, coinciden Domicó y Barrios. Unos 800 son estudiantes. El resto trabaja, en su mayoría, en el comercio ambulante, callejero. En las empresas son contados los casos.

Los Planes de Vida se diseñaron en conjunto con las etnias y en ellos está la ruta a seguir para garantizarles acceso a los servicios a los que, reconoce, tienen derecho: “ellos no son un problema, son retos que tiene la Alcaldía como para todo grupo poblacional”.

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, la Procuraduría, la Personería, la Secretaría de Planeación y la Policía están incluidos en la Mesa y aportan desde su competencia. Al cabildo se le entrega un presupuesto para su manejo autónomo.

Un grupo que preocupa es el de los que llegan a mendigar, pues son traídos en épocas como Navidad y Feria de Flores por líderes inescrupulosos en una práctica que raya con la trata de personas, pues viola los derechos de los niños y adolescentes “y sus derechos están por encima de cualquier otro”, dice Barrios. Defenderlos es una lucha que no cesa.

90
familias se han identificado del grupo de Quillacingas-Pastos, que vienen del sur y venden collares en Carabobo.

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