Hacía un año que Álvaro no veía a Yésica, de quien se enamoró en la Cárcel de Pedregal cuando ella iba a visitar a un familiar. Por eso se puso la mejor ropa y hasta se perfumó. Cuando bajó del patio hacia la sala de visitas no podía ocultar la sonrisa, esperó un rato hasta que al fin apareció, pero contuvo el impulso de abrazarla. En esta nueva normalidad no es posible el contacto estrecho como abrazos o besos.
“Hace un año no abrazo a esta mujer”, dijo Álvaro, mientras le sostenía la mano a su pareja bajo la pantalla de vinilo que los separaba. “Los días aquí han sido muy duros, de mucha soledad, de extrañar a los seres queridos y saber que todo el mundo al rededor está en las mismas condiciones. Allá adentro hay mucho estrés. Para mí la visita...