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La académica vivió haciendo preguntas y rompiendo paradigmas. Su legado, un ejemplo a seguir.
“Se murió su papá, ahora me voy a morir yo”. Reunió a sus hijos, firmó sus últimos documentos, y menos de 24 horas después de sus palabras, María Teresa Uribe fue internada en una clínica de Medellín.
Dice Javier Marías, escritor español, que lo frustrante y triste de la muerte es que se impone al resto de la vida. La forma y modo en que morimos, casualidad igual que el mero hecho de nacer, suele definir el obituario de nuestra vida: murió electrocutada; murió envenenado; murió borracha.
Murió porque así lo decidió. Porque a sus casi 79 años, golpeada emocionalmente por la muerte de su esposo, Guillermo Hincapié Orozco, y fatigada físicamente por el paso de los años, la maestra María Teresa Uribe decidió, dueña de su cuerpo y de su mente, que ya era hora de partir. Su obituario, aquel al que María guardaba desdén, reflejó, en este caso, una historia escrita con rebeldía y determinación.
Nunca dejó de cuestionar
El último año de vida de María Teresa Uribe fue de silencio y lectura. “Se resguardó...