Medellín celebra que la violencia arrebate menos vidas en sus calles, no obstante, los expertos señalan que se incrementan reclutamientos forzados de niños y jóvenes, feminicidios, extorsión y hay controles territoriales de combos.
La capital de la montaña salió de la clasificación de las 50 ciudades más violentas del mundo 2015, homicidios dolosos, con intención por cada 100 mil habitantes, según el ranquin divulgado por la ONG mexicana Seguridad, Justicia y Paz en su sitio web.
Según el portal, Caracas, Venezuela, con 3.946 homicidios registrados encabeza el listado violento en 2015.
Piedad Patricia Restrepo, coordinadora del programa Medellín cómo Vamos, recuerda que la capital paisa ha mermado su papel protagónico en los últimos años en la clasificación de la ONG mexicana: en 2011 ocupó el puesto 14, en el 2012, el 24; en el 2013, el 35, y en el listado del año 2014 estaba muy cerca de salir: ocupó el lugar 49.
Para los analistas, Medellín registra una tendencia a reducir la violencia homicida. El camino incluye estrategias integrales, la lucha frontal contra sus mayores causantes (bandas, combos) y un enfoque preventivo a través de la política social: generando mayores oportunidades, aumento de coberturas educativas, en salud y lucha contra la pobreza extrema. Oportunidades sociales que impactan, comenta Piedad Patricia.
Diego Herrera Duque, presidente del Instituto Popular de Capacitación, IPC, afirmó que hay una acción de la institucionalidad para enfrentar la criminalidad como un fenómeno más complejo y no atacar estructuras dispersas.
“Se reconocen estructuras más complejas en confrontación como los urabeños y la Oficina. Son cerca de 250”, dijo Herrera Duque.
Para el experto, no puede desconocerse que en la ciudad se ha generado debate por el pacto entre las estructuras criminales. “Si no hay muertos el negocio fluye con mayor tranquilidad”.
Entre tanto, la directiva del programa Medellín Cómo Vamos indicó que las estructuras criminales han generado un aprendizaje para disminuir los efectos colaterales que no son positivos para ellos. “Su negocio no es matar, es generar rentas ilegales”.
No obstante, recordó el presidente del IPC, que disminuye la tasa de homicidios de 100 mil habitantes, pero se registran incrementos en reclutamientos forzados de niños y jóvenes, incremento de la violencia intrafamiliar, extorsión y la presencia de controles sociales y territoriales en zonas y comunas de la ciudad.
El reto, según el IPC, es cambiar el enfoque, una visión más preventiva, cultura ciudadana y superación de la ilegalidad.
“Muchas de las estructuras criminales tienen cierta legitimidad, gobiernan en determinados territorios, cuentan con respaldos en varias zonas y permiten ciertas cosas. Debe darse una transformación cultural”.
Luis Fernando Suárez, vicealcalde de gobernabilidad de la administración pasada, dice que es la respuesta al trabajo de varias administraciones, incluida la de Aníbal Gaviria. “El reto para el gobierno actual es mantenerse por fuera del listado”.
William Pérez, profesor del Instituto de Estudios Políticos de la U de A, conceptuó que lo “más importante es que estamos matando menos habitantes. Y esto se suele olvidar en una loca carrera por hacer ciudades o fragmentos de ciudades competitivas en el exterior.
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