Acá pensando que sí se puede sin imprudencias y sin miedo a ser atropellada o atracada.
FOTOilustración MORPHART Y SSTOCK
08 de enero de 2016
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Llevo dos semanas largas en Barcelona, en las que he conocido un montón. Pasar Navidad y Año Nuevo lejos de mi familia cercana me dio duro, aunque estuve con mi prima Victoria, su esposo y su hija de tres años.
Antes de volver a Medellín, escribo esto porque hay algo que me tiene descrestada y no me aguanto hasta llegar: la movilidad en Barcelona. ¡Acá los petones y los ciclistas tienen protagonismo!
Eso fue lo primero que noté en la popular Plaza España. Llegué a pie o como acá dicen: “andando”. Cuando iba a cruzar la cebra casi que los carros y los buses me hacían la venia para que pasara; bajaban la velocidad al ver la luz amarilla del semáforo y justo cuando el ícono del peatón se ponía en verde se detenían sin pisar las cebras.