Cerca a la entrada de Girardota, detrás de la casa de Óscar Hincapié Mira, antiguo inspector de vías del ferrocarril, se conservan las carrileras del tren. FOTO JAIME PÉREZ
Tanto amor le profesa al viejo ferrocarril, al sonido de las locomotoras, que apenas tuvo dinero para levantar su casa la construyó cerca a las vías férreas que sobreviven entre la maleza, en Girardota. Óscar Hincapié Mira se quedó viviendo pegado a las carrileras de unos trenes que hoy dejaron de pasar, y a los que asomado a su patio espera volver a ver, mientras relata con nostalgia que el tiempo pasado fue mejor.
Su recorrido para trabajar en el ferrocarril comenzó el 29 de abril de 1974. Recuerda tan nítidamente la fecha como el olor a hierro y a máquina de su oficio, que consistía en nivelar las vías ferroviarias para evitar descarrilamientos, así como cambiar traviesas que, como eran de madera, se terminaban pudriendo con el tiempo.