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La profe Olga, la física de El Santuario, Antioquia, que es docente en China

Fue de un intercambio en 2017 al país asiático por un “añito” y ahora tiene claro que su destino y el de su familia colombo-china está en el país asiático.

  • La profesora Olga Giraldo lleva varios años dictando clases en China, a donde llegó por un intercambio académico. FOTO CAPTURA DE VIDEO
    La profesora Olga Giraldo lleva varios años dictando clases en China, a donde llegó por un intercambio académico. FOTO CAPTURA DE VIDEO
hace 2 horas
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Hay historias en redes sociales que se vuelven flor de un día, pero hay otras que atrapan por el magnetismo de sus personajes y porque demuestran que los límites se los pone uno mismo. Una de ellas mostraba a una mujer, en plena muralla china. Parecía una turista más en esa maravilla del mundo hasta que comenzó a hablar con el acento paisa que se las arregla para pelechar por todo el planeta.

Se trata de Olga Margarita Giraldo Giraldo y no es ninguna turista. Es la profe Olga, una santuariana que se volvió una querida docente en ese país asiático. EL COLOMBIANO pudo hablar con ella, aprovechando las pausas de la mañana china y el anochecer paisa.

La profe Olga es la menor de una típica familia de El Santuario, Oriente antioqueño. Ella narró que al principio vivían en una vereda pero a raíz del conflicto, en los 2000 migraron al casco urbano. Su familia la componen seis hermanos, –todos se fueron a comerciar a Bogotá–, una hermana y ella que es la “niña de la casa”.

Gracias al apoyo de uno de sus hermanos, Jaime, Olga pudo estudiar una carrera universitaria. “Estudié Física en la Universidad de Antioquia. Presenté el examen sin muchas expectativas, pero vea, pasé a la primera oportunidad. Un año antes de graduarme yo tenía mucha ilusión de irme del país becada o como fuera, pero ni sabía inglés. Mi hermano me volvió a apoyar y me metí a estudiar inglés”, recordó con un acento que no ha perdido ni un ápice de su identidad.

Entre tantos estudios y su tesis de grados, Olga soñaba con estudiar en el exterior aunque no tenía muy claro donde.

“Inicialmente quería ir a Europa pero creo que era más por lo que decían mis compañeros. Cuando le dije a mi hermano, él me dijo ‘¿Y por qué no vas para China?’ La idea me sorprendió porque nunca me la había planteado”, detalló.

Ya con el destino claro, Olga buscó cómo hacer realidad su anhelo. Así encontró una entidad que ofrecía intercambios internacionales. Con todo el susto que da lo desconocido, aceptó irse a casi 15.000 kilómetros de distancia, los cuales superaban con creces su única salida del país: un viaje a Ecuador para visitar a un hermano.

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En enero de 2017, y con apenas 20 años, Olga se graduó como física de la U.de A., y para marzo de ese mismo año ya estaba viajando a China.

“Llegué a Shandong, una provincia cerca a Beijing. Lo primero que noté fue el cambio de horario. 13 horas de diferencia que hacen que uno llegue muy cansado. Pero desde el día que llegué me enamoré”, dijo.

Según recordó Olga, a donde llegó habían pocos extranjeros, por eso los residentes la miraban con una mezcla de curiosidad y hasta fotos le tomaban como si fuera una estrella. “Siempre he dicho que conmigo los chinos son amables y queridos”, relató. Cuando llegó al intercambio había otro colombiano, un joven de 17 años. Su compañero le explicó cómo adaptarse al país, asiático.

La decisión de quedarse

Olga recordó que el intercambio era por un año pero a los seis meses no quería seguir en él, pues mucho de lo que prometieron no era como lo pintaban. Conversando con Jaime, su hermano y mecenas, le detalló que no quería seguir en el intercambio pero sí en China estudiando. Con Jaime acordó que terminaría una maestría allá, que él la apoyaba.

“En tanto tiempo que tengo acá y no sé como son los trámites para meterse a estudiar en la universidad. Lo único que sé es que en China todo es por agente o contactos, entonces el chico del intercambio tenía un contacto. Esa persona me ayudó a buscar universidad y a aplicar a la maestría”, recordó.

Para septiembre de 2017, Olga era estudiante de la maestría de física de materiales del estado sólido. “Cuando entré a la universidad fue maravilloso porque conocí gente de muchos países, incluso de unos que ni sabía donde quedaban. Aprendí más de cultura general ahí que en un libro”, narró.

Pero para Olga lo más retador fue la ausencia de la familia por largos periodos pues mientras estudió en China, no volvió a Colombia. Eso sí, no le faltaron amistades chinas que la invitaban incluso a celebrar el Año Nuevo Chino en sus casas. Tampoco le faltó el amor, pues en 2019 conoció a Chen Jian Bing, o como le dice ella “Jacinto”, hoy es su esposo y padre de sus dos hijos.

“Yo lo conocí en el gimnasio. Tuvimos muy buena conexión y nos cuadramos y ya. La relación funcionó muy bien y luego nos casamos. Vi que la cosa iba como en serio porque es como cuando sentís en el corazón que llegás a donde tenés historia y futuro”, explicó.

En 2020 llegó la pandemia, que fue especialmente dura en China. Por obvias razones Olga no pudo retornar al país. Además, en 2021 Olga terminó sus estudios y nació su hija –de nombre chino pero que ella llama cariñosamente Juana–.

La lucha por trabajar

Olga tenía claro que estaba allá para cosas grandes, entonces comenzó a buscar trabajo como docente. Apareció una oportunidad en un colegio internacional llamado Escuela Junhua, que reclutaba maestros foráneos.

“Mandé la hoja de vida y a los días me entrevistó el director, un canadiense. Le preguntó a una trabajadora que como era el tema de mi visado y ella le dijo que no había lío. Entonces quedamos en que arrancaba en septiembre de 2021. En esas dos semanas también iba una muchacha china que no sé porqué como que le caía mal. A la tercer semana el canadiense me dijo que él renunciaba pero que le dejaba la hoja de vida al nuevo rector para que me llamaran en julio. Pero pasaron cosas”, añadió.

De junio a agosto nadie la llamó para finiquitar el contrato. “Jacinto” llamó a preguntar, pero una mujer le dijo que habían prescindido de contratar a Olga. La noticia cayó como un baldado de agua fría, el trabajo perfecto se esfumaba.

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“Algo no me cuadraba así que, terca como soy, le escribí al canadiense a ver qué había pasado y él dijo que iba hablar con el rector nuevo. Como a las 2 horas, el rector nuevo me llamó que fuera a hablar con él. Cuando llegué a la oficina él me dijo que sí, que claro que él me recibía, y cuando llamó a la asistente para el tema del visado, y era la chinita que me miraba feo. Y claro puso mil trabas. El man me quería ahí pero la pelada no”, recordó.

Olga comentó que el 1 de septiembre de 2021, fecha en la que arrancaban las clases en el colegio, todavía no la habían llamado. Al final, a las 8:30 a.m., se echó al dolor de que ese trabajo se le escurría otra vez.

“Cuando me llama el rector a preguntarme que qué me había pasado, que porque no había ido si era que yo tenía clase. Y bueno, pa’ no alargar el cuento desde ese día arranqué. Al final lo de la visa se resolvió súper fácil. Y este rector me terminó pagando muchísima más plata de la inicial”, añadió.

Gracias a la perseverancia

Olga dice que lo que la ha llevado tan lejos en la vida son su tozudez y perseverancia así como la fe en Dios. “Yo le pedía mucho a Dios este trabajo porque me servía mucho para la crianza de mi hija. En el corazón yo sentía que este era un trabajo que Dios me había prometido. Y se me cumplió”, dijo.

Sobre la vida familiar entre dos continentes, Olga detalló que ella, “Juana” y “Félix Antonio” (su otro hijo de tres años con nombre chino) conversan con sus familiares santuarianos diario por video llamada.
“Estuvimos en Colombia en 2024. Bautizamos a los niños en la iglesia de La Judea, en El Santuario”, narró.

Algunos hermanos Giraldo han ido a China, ocasión que Olga aprovecha para pedirles maletadas llenas de dulces colombianos que también comparte con sus alumnos chinos. La Jumbo, las burbujas y los masmelos de chocolate han gozado de aceptación en las aulas.

Hoy en día Olga, por medio de sus redes sociales y con su inconfundible acento muestra parte de su vida en China. Eso sí, aprovechó las páginas de EL COLOMBIANO para dejar otra enseñanza.

“Es normal que las cosas no salgan como uno quiere, y que uno crea que eso es lo peor. Pero la verdad es que cuando uno lucha por algo y lo consigue, la satisfacción es doblemente grande. Además, lo que uno aprende en el camino gracias a las dificultades es lo que le abre puertas en el futuro. Entonces con toda. Confíen en Dios y háganle pa’ adelante y sin miedo al éxito”, puntualizó.

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