La floricultura, uno de los principales motores económicos del municipio de La Unión, en el Oriente antioqueño, atraviesa una de las peores crisis reportadas en los últimos años. Una plaga conocida como “secadera” está afectando a todos los cultivos de hortensia, dejando pérdidas millonarias.
A esto se suman factores externos como la caída del dólar y el aumento del salario mínimo, que han reducido de manera significativa la rentabilidad del sector, poniendo en jaque a cientos de familias que dependen de esta actividad. La problemática principal radica en la secadera, una enfermedad radicular que deteriora la raíz de la planta y termina afectando hojas, tallos y flores hasta provocar la muerte de todo un cultivo.
El agrónomo de la Alcaldía de La Unión, Yorman Correa, explicó que esta plaga se extiende rápidamente por las flores, pudriendo hectáreas completas en poco tiempo y aunque desde la administración municipal y los mismos productores han implementado controles con productos químicos, biológicos y prácticas culturales como drenajes y cal, el control no ha sido totalmente exitoso.
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“En los cultivos se han realizado trabajos con productos de síntesis química con aplicaciones al suelo, también se han manejado productos biológicos, prácticas culturales como el tema de los drenajes con las eras altas que se aplica para que el agua no genere encharcamiento en las raíces. Todas estas prácticas se han estado combinando, pero al momento no se ha podido contar con un control totalmente exitoso”, explicó el agrónomo.
En La Unión hay cerca de 350 productores de hortensias, entre pequeños, medianos y grandes floricultores, de los cuales al menos 250 son pequeños productores con menos de una hectárea sembrada. Todos estos, según la alcaldía, se han visto impactados por la secadera. En al menos el 80% de los cultivos se encuentra presente esta enfermedad en las hortensias. Luis Germán Álvarez, productor afectado, relató que en su cultivo la plaga se encuentra entre un 25% y 30% en las plantas.
“Mucho ha dejado de florecer. La planta se empieza a volver negra hasta secarse y ya no sirve. Le he echado productos orgánicos y químicos y no me funciona. Uno nota que la planta tiene la plaga cuando llega la cosecha, que es cada seis meses, porque ya no está pequeña, la plaga crece”, explicó Álvarez.
Por su parte, Marco Antonio Serna, floricultor con cuatro hectáreas de hortensias, aseguró que la secadera le ha generado pérdidas de hasta $200 millones.
“Estamos hablando de pérdidas de $100 o $200 millones, y eso en lo poco que yo tengo. Hay gente que ha perdido mucho más”, afirmó. Aunque ha logrado mitigar la plaga con el uso de cal viva aplicada a la raíz, reconoce que no todos los productores han tenido la misma suerte.
Caída del dólar agudiza la crisis
La caída del dólar ha agravado aún más el panorama. Según los productores, el precio de la flor premium pasó de $1.500 o $1.600 por tallo el año pasado a cerca de $1.200 en la actualidad, lo que representa una reducción de hasta el 20%, e incluso podría llegar al 30% si la tendencia continúa.
“El precio de la hortensia ha bajado, porque nosotros le vendemos a comercializadoras que exportan directamente a otros países. Si el dólar sigue bajando no vamos a ser capaces”, añadió el floricultor Serna. Este impacto económico con el decrecimiento del precio del dólar, ha afectado a todas las flores, no solo a la hortensia.
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“Hay una flor que se llama Yumbo y nos la pagan a 0,76 dólares. Estamos pidiéndole a la vida que el ofrecimiento de precio mejore de parte de las comercializadoras para que no nos afecte tanto”, indicó Carmen Judith Valencia, alcaldesa de La Unión.
Despidos por alza del mínimo
No bastando la crisis que hay por la plaga y la caída del dólar, los floricultores también afirmaron que han tenido que reducir su personal debido al alza del salario mínimo. Al ser la flor una actividad que demanda más mano de obra, este aumento genera que los costos se incrementen, especialmente en los insumos, siendo poco rentable para el pequeño productor.
“Hay cultivos que manejaban entre 7 y 8 trabajadores el año pasado y ahora nos ha tocado recortar personal. La flor es un cultivo que demanda mucha mano de obra. Hoy un trabajador afiliado nos cuesta cerca de $3 millones, y no nos está dando”, aseguró el floricultor Serna, quien tuvo que reducir su personal a tres trabajadores y no descarta nuevos recortes.
La alcaldesa Valencia también advirtió que la situación está impactando a todo el empleo rural, especialmente el femenino.
“En La Unión, de cada diez personas que trabajan en el campo, siete u ocho son mujeres. Ellas tienen un arte especial para trabajar la flor, pero hoy también se están viendo afectadas por este fenómeno”, indicó.
“Incluso yo, como alcaldesa, en el momento en que empezamos la contratación, me vi afectada de una u otra manera con el salario mínimo porque en un municipio de categoría sexta casi todo su sustento corresponde a contratación de servicios. Entonces pasamos de tener un contrato de prestación de servicios de $2.060.000 a $2.700.000. Incluso en otros municipios han cambiado a los trabajadores agrícolas por drones para baños los cultivos”, añadió.
Para solventar la crisis, la administración municipal ha impulsado proyectos de inversión y acompañamiento técnico, incluso en articulación con Cornare, pero la alcaldesa insiste en que se requieren medidas de fondo a nivel nacional.
“Es una tarea a nivel nacional de permitir un sistema de comercialización diferente que puedan nuestros agricultores y productores del campo vender sus productos a precios justos”, expresó. La mandataria también pidió al Gobierno Nacional revisar los precios de los productos que hay en el territorio y que terminan compitiendo de manera desigual con otros países. “¿Dónde estamos dejando a los campesinos?, si no hay una evolución económica para el campo, el gobierno debe pensar en los productos que hoy se están importando y que están afectando a nuestros productores”, concluyó la alcaldesa.