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Memoria de tragedia que enlutó a Villatina hace 35 años está en riesgo

Sobre el camposanto y el ecoparque en honor a las víctimas del deslizamiento que dejó más de 500 víctimas en 1987 ya hay casas levantadas sin que la autoridad intervenga.

  • La imagen con dron muestra la situación actual del ecoparque, cercado por viviendas a su alrededor. FOTOS manuel saldarriaga
    La imagen con dron muestra la situación actual del ecoparque, cercado por viviendas a su alrededor. FOTOS manuel saldarriaga
  • Darío Ramírez y sus recuerdos.
    Darío Ramírez y sus recuerdos.
Memoria de tragedia que enlutó a Villatina hace 35 años está en riesgo
Publicado el 29 de septiembre de 2022

Por gustavo ospina zapata

La memoria duele en Villatina. Duele en el corazón de Darío Ramírez, un habitante del barrio que perdió a cuatro familiares; duele el en alma de Isabel Ortiz, a quien se le murieron su abuela, una tía, cuatro primos, el esposo de una tía y un sobrino, ocho en total; y a la descendencia de la familia Hernández Márquez, de la que fallecieron 20 miembros.

Todo pasó a las 2.30 de la tarde del 27 de septiembre de 1987, cuando sobre este barrio del oriente de Medellín cayó un alud que sepultó a más de 500 personas, de las cuales unas 200 nunca fueron rescatadas, lo que hizo que el lugar fuera declarado camposanto.

A Darío Ramírez, de 71 años, los ojos se le encharcan al recordar los sucesos. Ese día y a esa hora él veía un partido de fútbol en la cancha del barrio, cuando sintió una explosión muy fuerte, miró hacia arriba, a la cima de la montaña, y vio una humareda: “salí corriendo y lo primero que vi fue la tierra en la parte alta, donde quedaba la casa de mi cuñado (John Jairo Hincapié), pero después vi que la tierra había cubierto mucho más terreno y empecé a buscar a mi familia”.

La misión era encontrar a su abuela Rosa Isabel Buitrago, a su hermana Gloria Cecilia Ramírez, a su sobrina Yeni Ramírez y al cuñado. Mientras los buscaba, iba ayudando a cargar cadáveres y heridos e incluso a rescatar personas tapadas por la tierra: “recuerdo dos niños que estaban recostados a una pared y con una viga de cemento sobre sus piernas, uno tenía las dos destrozadas y el otro una, como pude moví la estructura y los saqué, eran dos hermanitos de apellido Jiménez que se los llevó Bienestar Familiar y no se volvió a saber de ellos”, recuerda.

A veces para su relato, se lleva las manos a los ojos como para evitar que las lágrimas rueden, y sigue. La tragedia fue tan fuerte que le ha quedado poco tiempo para reír. En el mismo barrio le mataron tres hermanos de ocho que eran. El dolor lo ha seguido.

La memoria ultrajada

Cada año Villatina conmemora esta tragedia. Este año fue especial, por ser ya 35 años de una “verdad” que ellos consideran “falsa”. Según los organismos de socorro de entonces y los análisis de expertos, la tragedia se desató por una filtración de aguas que aflojó la tierra, ya deforestada por una invasión que había iniciado 40 años atrás. Y esto hizo que cerca de 25.000 metros cúbicos cayeran sobre los cientos de ranchos de madera y fieltro levantados sobre la montaña. Según muchos habitantes, el desastre lo produjo la explosión de unos depósitos de dinamita que tenía almacenados en la zona el M-19, en ese entonces en diálogos de paz y con amplia presencia en el sector.

Las dos “explicaciones” han acompañado la vida de Maritza Velásquez, presidenta de la JAC (Junta Administradora Local) del barrio, quien en ese entonces tenía solo un año y todo le llegó por tradición oral. Ese voz a voz le ha dicho que, en efecto, “primero se oyó una explosión muy fuerte, después humo y luego el sonido de la tierra, que se vino sobre todas las casas”.

Isabel Ortiz, de 77 años, lo vivió en carne propia: “yo fui la primera en ver todo, cuando toda la tierra cubrió el barrio me arrodillé, le di gracias a Dios que me salvé y lloré mucho”, relata. Dice que aunque a algunas familias les dieron casa o las repararon, ella se quedó esperándola. “Nunca me dieron nada”, repite.

Con los años, sobre el camposanto, se construyó un parque ecológico, aula ambiental, jardines, una pintura alusiva a los niños, que fueron la mayoría de víctimas, ya que era un domingo de bautizos y primeras comuniones, y una escultura en piedra en la que unas manos brotan de la tierra rescatando un bebé.

Para cuidarlo y conservarlo estuvo la Corporación Camposanto, que hizo la tarea varios años hasta que las dos últimas administraciones de la ciudad dejaron de aportar recursos y el sitio quedó olvidado y descuidado.

El abandono se ve, hay maleza que se traga hasta las escalas y senderos, vandalismo contra el aula ambiental y los monumentos y contra las losas puestas sobre la tierra en honor a los que están bajo la tierra y nunca fueron rescatados. Una de esas losas es la de los Hernández - Márquez, que incluye los 20 nombres de los fallecidos.

“Esto es una afrenta a la memoria de los que están enterrados y a las familias que los recuerdan y vienen a traerles flores y a orar”, dice Maritza, a quien toda la vida la ha perseguido esta historia. Lo repite Darío Ramírez, dolido y herido por el olvido.

Pero lo que más los lastima es que las invasiones -cerca de 150 casas- se tomaron los alrededores del camposanto y parte de él sin que las autoridades intervengan. Muy pronto el propio terreno podría ser tomado por más familias que buscan un hogar para habitar y la herida será más difícil de curar. Aún hay tiempo de salvar algo de esta dolorosa historia. Lo que no ven es interés de la alcaldía en hacerlo. La ocupación del camposanto la sienten como una invasión a su memoria . n

Infográfico

Si quiere más información:

Gustavo Ospina Zapata

Periodista egresado de UPB con especialización en literatura Universidad de Medellín. El paisaje alucinante, poesía. Premios de Periodismo Siemens y Colprensa, y Rey de España colectivos. Especialidad, crónicas.


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