No es una exageración decir que para el presidente Gustavo Petro no hay problema con que lo rodeen presuntos acosadores y abusadores de mujeres; pareciera una credencial “válida” y todo lo contrario a lo que decía en campaña. De hecho, le recuerdan una célebre fotografía suya con el representativo pañuelo verde en el cuello –símbolo de feminismo, igualdad y libertad–, durante un debate con colectivos a favor de los derechos de la mujer. Sin embargo, en el ocaso de su mandato, otra es la realidad y el mentado cambio parece haberse quedado en otra promesa incumplida.
“Para que Colombia sea una Potencia Mundial de la Vida, el cambio será con las mujeres; junto a ellas emprenderemos las transformaciones para saldar la deuda en términos de representación política, igualdad y autonomía económica frente al hombre, el derecho a una vida libre de violencias, a decidir sobre sus cuerpos y a realizar un proyecto de vida próspero y autónomo”, rezaba el manifiesto del hoy jefe de Estado.
No obstante, lo cierto es que los hechos, las decisiones y los espaldarazos del presidente a varios de sus funcionarios señalados por casos de presunto acoso, abuso y violencia de género ponen en entredicho lo que Petro le prometió a las mujeres.
La polémica alrededor del caricaturista y contratista estatal Julio César González, conocido como ‘Matador’ –quien hizo una burla directa sobre la apariencia física de la senadora Paloma Valencia–puso de nuevo los reflectores en el Gobierno y los sonados casos de funcionarios señalados de presunta violencia contra la mujer.
No es un caso aislado. A lo largo de más de tres años, el país ha sido testigo de varias denuncias contra miembros del primer anillo del presidente quien, en la mayoría de los hechos, ha guardado un inquietante silencio. Sin embargo, en otros casos sus pronunciamientos levantaron ampolla.
Semanas atrás, el jefe de Estado se refirió con desdén a la denuncia contra el empresario del entretenimiento Ricardo Leyva, otro contratista del Gobierno, quien fue señalado por presunta violencia física y psicológica por parte de su exesposa. “Yo no me meto en esas peleas. De ahí solo se sale aruñado por todas partes”, se limitó a decir Petro.
“El cambio que proponemos es con las mujeres que, aunque protagonistas de la vida, del cuidado y la economía, han sido excluidas”, decía Petro en 2022. Aunque el diagnóstico en ese entonces quedó bien formulado –a la luz de la campaña–, las soluciones se siguen quedando cortas y los hechos de violencia contra la mujer persisten.
A continuación un recuento de más de una decena de casos que evidencian con creces que el “cambio” que Petro les prometió a las mujeres –al igual que a otros sectores–, se quedó en el papel y que, en su lugar, pareció privilegiar –e incluso premiar–, a sus funcionarios. ¿Se impone el amiguismo por encima de los hechos?
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