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Alerta: 585 jóvenes han sido asesinados en Chocó en seis años

El dato es de solo seis años. Guerra entre bandas y narcotraficantes los volvieron un objetivo. Homenaje.

  • La señora Dora Borja, madre de Yadinton Mosquera Borja, muestra el rostro de su hijo, uno de los 585 jóvenes asesinados en Chocó en 6 años, en la noche de este viernes durante un homenaje a todos ellos en Quibdó. FOTO: Cortesía
    La señora Dora Borja, madre de Yadinton Mosquera Borja, muestra el rostro de su hijo, uno de los 585 jóvenes asesinados en Chocó en 6 años, en la noche de este viernes durante un homenaje a todos ellos en Quibdó. FOTO: Cortesía
  • Víctimas: 1) Kevin Andrés Romaña; 2) Juan Carlos Mosquera; 3) Kevin Serna Palacios; 4) Alexander Parra; 5) Rosa Angélica García; 6) Elkin Stiward Rentería; 7) Juan Carlos Leudo; 8) Halmer Fabián Cuesta; 9) Diego Fernando Ramos; 10) Vanessa Carolina Bermúdez; 11) José Joher Palacios Mena; 12) Natalia Asprilla Cuesta FOTOS: cortesía de las familias.
    Víctimas: 1) Kevin Andrés Romaña; 2) Juan Carlos Mosquera; 3) Kevin Serna Palacios; 4) Alexander Parra; 5) Rosa Angélica García; 6) Elkin Stiward Rentería; 7) Juan Carlos Leudo; 8) Halmer Fabián Cuesta; 9) Diego Fernando Ramos; 10) Vanessa Carolina Bermúdez; 11) José Joher Palacios Mena; 12) Natalia Asprilla Cuesta FOTOS: cortesía de las familias.
  • Alerta: 585 jóvenes han sido asesinados en Chocó en seis años
  • Alerta: 585 jóvenes han sido asesinados en Chocó en seis años
Publicado el 29 de octubre de 2021

La noche de Halloween no es dulce para los jóvenes de Quibdó. No hay ánimos para disfrazarse o pedir dulces, ni para celebrar con travesuras el ‘Día de los Niños’, porque lo que viene ocurriendo en la capital del Chocó supera a las historias de terror: 585 niños y jóvenes han sido asesinados en seis años en medio de diferentes situaciones violentas.

Ese contador es el que llevan los colectivos sociales y juveniles de la ciudad, asfixiados por los estragos de la violencia que ha acabado con la vida de niños desde los 6 años y que los llevó a gritar este drama en medio del ambiente festivo del fin de octubre con una protesta simbólica denominada “Galería de los sueños apagados”.

Tocando de puerta en puerta, rastrearon a los familiares de las víctimas para pedir la autorización del uso de los retratos de sus hijos, hermanos, primos y amigos asesinados en los últimos años, con la intención de exponer esos rostros frente a la Catedral de Quibdó y así ponerle nombres y apellidos a los alarmantes números.

También para rendir un homenaje a sus muertos, a los que han encontrado abandonados en las vías, a los que estaban desaparecidos. Por eso, cuando pedían permiso a las mamás de los fallecidos, algunas decían que exponer las fotos de sus hijos era la oportunidad de darles una despedida digna.

Porque la violencia en Quibdó ha dejado cuerpos derrumbados en las calles, pero también al interior de los hogares, donde caían impactados por balas perdidas en una guerra en la que ni siquiera estaban participando.

Quibdó se mantiene entre las tres capitales del país con mayores tasas de homicidio anual, desde el 2013. Incluso, durante la última década, esa tasa de homicidios es entre dos y cuatro veces mayor al promedio nacional, registra un informe del Centro de Estudios para la Seguridad y Drogas de la Universidad de los Andes.

Ese indicador ha sido más del doble que el de Buenaventura, otra ciudad de la región Pacífica con factores de riesgo similares a los de Quibdó.

“Nosotros no somos violentos, esa violencia ha sido impuesta”, reclama Katherin Gil, vocera de la agrupación Jóvenes Creadores del Chocó, una organización que ha ganado reconocimiento por representar a la región mediante el arte y que hace unos meses lloró la muerte del hermano de uno de sus integrantes.

Esa muerte engrosó la cifra de los reportes judiciales, pero los jóvenes dicen estar cansados de que sus amigos, hermanos e hijos sean solo un dato en boletines oficiales.

Algunos familiares no cedieron las fotos. No estaban preparados para ver la imagen de sus hijos al lado del retrato de sus supuestos victimarios, pero para los promotores todos los involucrados son víctimas de una violencia ensañada con su ciudad.

“La galería expone sus fotos, y el sueño que tenían por cumplir, porque cuando acaban con la vida de un joven, apagan con un proyecto”.

Así recopilaron los sueños de 76 de las víctimas y escribieron sobre sus caras cada uno de esos anhelos que ahora solo evocan luto.

Ser arquitecto, un gran cantante, empresario y policía, era la aspiración de algunos de ellos. Otros querían ser muy buenos en diferentes oficios y líderes de la región, pero el sueño que más se repite en la lista es la daga más filosa de la violencia contra Quibdó: soñaban con estudiar.

Víctimas: 1) Kevin Andrés Romaña; 2) Juan Carlos Mosquera; 3) Kevin Serna Palacios; 4) Alexander Parra; 5) Rosa Angélica García; 6) Elkin Stiward Rentería; 7) Juan Carlos Leudo; 8) Halmer Fabián Cuesta; 9) Diego Fernando Ramos; 10) Vanessa Carolina Bermúdez; 11) José Joher Palacios Mena; 12) Natalia Asprilla Cuesta FOTOS: cortesía de las familias.
Víctimas: 1) Kevin Andrés Romaña; 2) Juan Carlos Mosquera; 3) Kevin Serna Palacios; 4) Alexander Parra; 5) Rosa Angélica García; 6) Elkin Stiward Rentería; 7) Juan Carlos Leudo; 8) Halmer Fabián Cuesta; 9) Diego Fernando Ramos; 10) Vanessa Carolina Bermúdez; 11) José Joher Palacios Mena; 12) Natalia Asprilla Cuesta FOTOS: cortesía de las familias.
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niños y jóvenes han sido asesinados en lo corrido del 2021 en Quibdó.

Nadie sabe quién mató a Kevin

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Se enteró de su muerte de la manera en que llegan las malas noticias: una llamada repentina a las 2:30 de la madrugada. Le dijeron que estaba en el hospital porque tenía una herida en el pecho, pero que estaba con vida. Doña Chola salió corriendo de su casa, y al llegar al hospital un policía le confirmó que su hijo, Kevin Samir Murillo había muerto a los 22 años.

Lo asesinaron el 29 de agosto del 2021 cuando se encontraba en una fiesta con sus amigos. Hay muchas versiones sobre su muerte, pero ninguna clara y ninguna investigación en curso, “acá te quitan la vida y así se queda todo”, narra Doña Chola, luego de la misa por los dos meses del aniversario de su hijo.

Kevin estaba reuniendo los documentos necesarios para presentarse a la Policía. Era hermano de un bailarín de los Jóvenes Creadores del Chocó. No tenía antecedentes judiciales, no le interesaban las drogas. Le gustaba el arroz con queso y quería estudiar ingeniería. “Dejaron a unos hermanos destrozados, me dejaron destrozada a mí, por una violencia injustificada”. Su asesinato generó toda una conmoción, pues Kevin Samir era el centro de atención de sus amigos, el más alegre, el que los animaba. Por su muerte hicieron marchas, protestaron en medio de las lágrimas y planean abrir una fundación. “Esa noche se llevaron parte de mi vida”, lamenta su mamá, a quien la violencia la desplazó de niña y también le arrebató a su esposo.

Francisco cayó en una balacera

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Francisco Cuesta Córdoba estaba por graduarse de Ingeniería Agroforestal, la carrera que estudiaba en la Universidad Tecnológica del Chocó, una de las metas de las que más hablaba. Quibdó se convirtió en su hogar, luego de salir de Bojayá, desde donde lo hizo huir la violencia.

Vivía en el barrio Dos de Mayo, un lugar en el que residen otras víctimas como él, y durante sus 24 años de vida se había dado a conocer por sus talentos artísticos, liderazgo social y participación en proyectos de cooperación internacional.

Cruzar una frontera invisible le costó la vida el pasado 4 de abril del 2021, cuando se dirigía a su casa. Pero el barrio vívia una temporada difícil, como cuentan sus conocidos, y resultó herido de gravedad en medio de una repentina balacera. Al menos esa es una de las hipótesis tras el confuso fin de su vida, que golpeó en el corazón de los ‘Black Boys’, una organización creada por jóvenes para incentivar el arte como escudo contra la violencia. Sus pasos de baile quedaron inmortalizados en los videos que el grupo sube a sus redes sociales para promocionar sus actividades, y ahora es solo un recuerdo vivo de cómo la violencia se coló en sus lugares seguros.

Lo recuerdan por su fuerte tono de voz, su risa estruendosa y su gran sonrisa. Así llegó a las puertas de la Casa de la Juventud para preguntar por las clases artísticas. Empezó con la música y luego se dejó atrapar por el baile, “y esperamos que baile por siempre”.

en definitiva

Violencia de grupos ilegales, pandillas y narcos han cobrado la vida de 585 niños y jóvenes en un periodo de seis años. Organizaciones levantan la voz para retratar su luto y pedir acciones.

Camilo Osorio Sánchez

Comunicador y periodista de la Universidad del Valle, apasionado por las narrativas digitales, la innovación social y los enfoques de género.


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