Por Mario A. Duque Cardozo
Las cifras del Sistema de Información de Educación para el Trabajo y el desarrollo Humano (Siet) señalan que, en el país, hay 2.534 instituciones que ofrecen 14.056 programas en esta modalidad.
El número habla del crecimiento de esta oferta académica y, por ende, del aumento en la demanda de estos programas académicos enfocados en la formación con una clara vocación hacia el saber hacer.
Incluso, según cifras presentadas por la viceministra de Educación Superior, Natalia Ariza, durante el seminario internacional “Hacia la consolidación de un Sistema de Educación Terciaria en Colombia: Una ruta para el desarrollo social y productivo”, realizado el año pasado, se nota que la matrícula en educación superior en 2013 es muy similar a la de la formación técnica laboral.
Para la primera, en 2013 y en todos sus niveles, de pregrado a doctorados, la matrícula fue de 1.421.131 estudiantes. Para la segunda, incluyendo los programas de formación continua que ofrecen las instituciones de educación superior y la oferta del Sena, la suma da 1.141.082 estudiantes.
¿Un problema? La viceministra lo planteaba en su exposición: la falta de movilidad en el sector educativo que ayude a que el proceso formativo no se frene y qué les dé más opciones a los estratos 1, 2 y 3, que son la mayoría en los programas de formación para el trabajo y el desarrollo humano.
“El reto es contar con un sistema de educación terciaria que reconozca la importancia de las instituciones de enseñanza terciaria, públicas y privadas, que apoyan, junto a las IES, la creación de capacidades de orden superior necesarias para el desarrollo”, señaló en su presentación.
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