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“El silencio es el grito más grande del abuso infantil”

La alerta es de Luz Amalia Botero Montoya, directora de la Fundación de Atención a la Niñez, a propósito de la muerte de Sara Yolima, de 3 años.

  • Ayer fue sepultada la niña Sara Yolima Salazar, de tres años, quien murió luego de ser abusada sexualmente. El ICBF ha recibido este año 2.500 denuncias de abuso sexual. FOTO Colprensa.
    Ayer fue sepultada la niña Sara Yolima Salazar, de tres años, quien murió luego de ser abusada sexualmente. El ICBF ha recibido este año 2.500 denuncias de abuso sexual. FOTO Colprensa.
25 de abril de 2017
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El impacto de la noticia de la violación de una bebé de cuatro meses, por un soldado, y el abuso sexual y posterior asesinato de una niña de tres años, llevaron ayer a la directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Cristina Plazas Michelsen, a expresar que esto es una vergüenza para nuestra sociedad, a pedir que los hechos no queden en la impunidad y a ratificar su propuesta de cadena perpetua para quienes cometan estos crímenes.

Sara Yolima Salazar. Así se llamaba, según lo dijeron las autoridades, la niña que vivía en zona rural de Guayabal Armero, Tolima, y que no pudo ser salvada por los médicos que la atendieron.

Su nombre remite al de Yuliana Andrea Samboni, en Bogotá, cuyo reciente asesinato y abuso aún está fresco en la memoria colectiva de un país en el que el maltrato y cruel muerte de los niños tiene estadísticas escalofriantes.

En lo corrido del año, según Cristina Plazas Michelsen, el ICBF ha recibido más de 2.500 denuncias por abuso sexual contra menores de edad. Y Medicina Legal atendió, hasta marzo, 4.315 casos.

El fenómeno es más aterrador. Con base en cifras de 2016 de Medicina Legal, María Paula Martínez, directora de la Save The Children Colombia, le dijo a este diario que cada hora llegan a Medicina Legal dos niños para ser evaluados por presunto abuso sexual, cada día tres son abandonados y en el mismo tiempo, también, dos son asesinados.

Si las cifras de Save The Children mantuvieran su tendencia, eso significaría que, en lo corrido de 2017, más de 6.000 niños habrían padecido diversas formas de violencia: 5.520, como víctimas de abuso sexual, 345 abandonados y 230 asesinados.

Los datos, reales o proyectados, tienen un problema: la poca denuncia y castigo. Ximena Norato Palomeque, directora de la Fundación Pandi, señaló que de los casos reportados a Medicina Legal al año, 6.000 a 7.000, ni el 30 por ciento se investiga.

“Ese es un ejemplo de lo que ocurre todos los días, en todos los estratos sociales y en todos los municipios: Hoy van a entrar a Medicina Legal 52 niñas y niños por presunto abuso sexual”.

¿Qué hacer?

Para Ximena Norato Palomeque, “lo primero que tenemos que hacer como país es que la Justicia opere. Es que los casos de abusos sexuales contra niños, niñas y adolescentes se quedan archivados. Mientras un delito no sea judicializado y castigado de manera ejemplar, los perpetradores seguirán pensando que lo pueden seguir cometiendo impunemente”.

Adicionalmente, consideró que es preciso educar a los hombres y mujeres en los derechos sexuales y reproductivos. Enseñar que “niños y niñas no son cosas y que los golpes no pueden ser vistos como parte de las herramientas educativas, menos frente a los niños, que son vulnerables y dependen de nosotros económica y emocionalmente”.

Consultada sobre experiencias internacionales útiles para tratar con estas formas de violencia, María Paula Martínez destacó el caso de El Salvador, en donde se hacen grandes campañas contra el castigo físico, que sirve para prevenir la violencia intrafamiliar. Así mismo, llamó la atención sobre experiencias de países como Suecia y Noruega, que trabajan fuerte la sensibilización para que la sociedad rechace este tipo de abusos contra los niños.

En su concepto, el punto de partida tiene que ser que “los niños y niñas son nuestro tesoro más grande”.

Luz Amalia Botero Montoya, directora de la Fundación de Atención a la Niñez (FAN), recordó que en el 80 por ciento de los casos, “el abusador está en el portarretrato”, o sea es familiar o amigo. Por eso, su mensaje central apuntó a que quienes cuidan a los niños extremen cuidados y estén atentos a los indicios.

El más potente de ellos, según dijo, es el silencio: “este es el grito más grande de un abuso”. Para mayor ilustración, es el niño o niña, alegre, que se vuelve callado. Pero, también, son las infecciones urinarias que depronto aparecen. Es el pudor repentino o temor de los menores de edad a que les bajen sus interiores. Los miedos y terrores nocturnos. El retorno de las mojadas en la cama. Y hasta que dejen de comer. La clave es estar alerta y pedir ayuda calificada .

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