A diez días para la primera vuelta presidencial, la carrera por definir quién pasa a segunda vuelta para enfrentar a Iván Cepeda se agitó entre Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia. Ambas campañas han buscado convencer a los votantes a través de la estrategia del “voto útil”, según las encuestas que favorecen a una u otra candidatura.
Y eso que una de esas grandes encuestadoras, GAD3, ya salió del tablero para esta última tanda antes de la “veda” que es la prohibición de sacar encuestas que rige una semana antes de la primera vuelta.
Para esa firma española, las exigencias de la ley de encuestas, también conocida como “ley mordaza”, fueron imposibles de cumplir. Desde el Consejo Nacional Electoral (CNE) también se intentó suspender a Atlas Intel pero, por ahora, podrán seguir publicando encuestas.
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¿Afecta el cambio de reglas?
Entre sus motivos para retirarse de la contienda electoral, GAD3 dijo que la Comisión Técnica aprobada en la ley de encuestas plantea exigencias “imposibles” como “demostrar que cada ciudadano tuvo una probabilidad cierta y cuantificable de ser seleccionado para el estudio”. Es decir, un escenario ideal en el que sería igual de fácil encuestar a cualquier colombiano.
En condiciones realistas, esto no es posible por diferentes motivos: no todas las personas están disponibles o dispuestas a contestar, o hay zonas peligrosas por falta de seguridad o de difícil acceso. Incluso, una unidad residencial cerrada representa una barrera para las encuestadoras.
En cuanto a Atlas Intel, la magistrada Fabiola Márquez, designada por el Pacto Histórico, había firmado una medida cautelar para suspender la publicación, difusión y divulgación de nuevas encuestas mientras avanzaba la revisión de presuntas irregularidades señaladas ante el CNE.
De acuerdo con un análisis de la Comisión Técnica para sugerir la suspensión, uno de los puntos más delicados tiene relación con la naturaleza metodológica de una de las encuestas publicadas por Atlas.
Dicha Comisión concluyó que la medición auditada correspondería a un sondeo, no a una encuesta electoral bajo las condiciones que exige esta ley.
Y, si bien el magistrado Álvaro Hernán Prada, designado por el Centro Democrático, abrió la indagación preliminar del caso, no acogió la sugerencia de imponer medidas cautelares a la firma, pero la magistrada Márquez sí ordenó las suspensiones.
Sin embargo, la revista Semana, que publica la encuesta, interpuso un recurso de reposición. Eso levantó la suspensión ordenada por Márquez y, como resolverlo toma tiempo, para primera vuelta sí podrá haber encuestas de Atlas; incluso, es posible que para segunda, según fuentes del CNE.
El intento fue calificado como censura desde diferentes sectores, sobre todo desde aquellos que siguen a Abelardo de la Espriella. No es casualidad: en la última encuesta publicada por esa firma, el 15 de mayo, el abogado dobló a Paloma Valencia con un 32,9 % contra un 16,7 %, mientras Cepeda se mantuvo cerca al 37 %.
¿Inciden las encuestas en el voto?
Para entender qué tanto pesan las encuestas en esta recta final, por qué se comportan de manera diferente y qué implica que haya una de peso que ya no esté en el camino, EL COLOMBIANO consultó a expertos.
Gustavo Duncan, doctor en Ciencia Política y profesor de la Universidad Eafit, dijo que “los resultados son muy diferentes entre sí. La que dio un 44 % a Cepeda, Invamer, parece desfasada con las otras”.
Con respecto a Atlas Intel y GAD3, el experto dijo que “la idea de no permitir a Atlas Intel tiene que ver con incidir en los votantes. Quien buscó prohibirla fue una magistrada del CNE que es petrista.
También de la campaña de Valencia puede haber intereses”. A su vez, afirmó que “sería grave que Atlas Intel no hiciera su próxima encuesta, y que GAD3 se haya ido, porque son encuestadoras internacionales con prestigio a nivel mundial”.
El escenario ideal, dijo Duncan, “sería que todas las encuestadoras operaran; es un debate profundo que tiene que hacer la sociedad colombiana porque ahí está en juego la libertad de expresión y el nivel de certeza”.
Finalmente, el profesor dijo que “la ley de encuestas tuvo cosas buenas de transparencia, como que se mostraran los resultados desagregados —por ejemplo, entre estratos— lo que dejó ver los sesgos de cada encuestadora”.
Para Ricardo Ruiz, politólogo y analista de datos de la Universidad Nacional, “aunque las encuestas se puedan equivocar dentro de márgenes menores a 10 puntos, son un instrumento importante para el voto útil”.
Explicó, además, por qué pueden presentarse las diferencias entre una y otra encuesta: “la Ley de encuestas obligó a las encuestadoras a rehacer su muestreo sobre el camino, y eso significó menor precisión y mayores diferencias entre una y otra”.
Ruiz agregó que “el retiro de GAD3 refleja dos cosas particulares: la primera, que el aumento de muestras, de un momento a otro, significó un reto inmenso para encuestadoras que no tenían esos tamaños de muestras, especialmente quienes no tenían metodología presencial”.
Por otra parte, “eso tiene dos efectos: la crisis reputacional de las encuestadoras; ya venían cuestionadas desde hace varios periodos electorales, y el ascenso de dos tipos de información que son cuestionables porque no es clara la representación fiel: las apuestas, como Polymarket, y encuestadoras externas como CELAG, que no reportan ante el CNE al no ser nacionales”.
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Finalmente, Ruiz dijo que “la difusión de ambos tipos de información de forma masiva y sin regulación confunden más al ciudadano y profundizan el sesgo cognitivo de los votantes, es decir, que comparta una encuesta o resultado porque beneficia a su candidato, no porque crea que sea verdad”.
Encuestas en Colombia en 2022
Si bien hace cuatro años no existía la “ley mordaza”, las encuestas mostraban un escenario similar a pocos días de la primera vuelta. El hoy presidente Gustavo Petro lideraba las mediciones como representante de la izquierda, como hoy lo hace Iván Cepeda.
En la derecha había dos candidatos entre los que se dividió el voto, y que las encuestas mostraban con porcentajes cercanos. El primero, el hoy alcalde de Medellín Federico Gutiérrez, era apoyado por sectores del Centro Democrático y los partidos tradicionales.
A su vez, había pasado por una consulta de centroderecha —el Equipo por Colombia—. En resumen, un perfil muy similar al que hoy tiene Paloma Valencia.
El segundo era el “outsider”, el exalcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández, quien llegó con un discurso en contra del establecimiento, la promesa de derrotar a los corruptos y banderas de independencia en las que supuestamente no tenía el apoyo de partidos tradicionales, o por lo menos no de frente.
Tiene un paralelo con Abelardo de la Espriella. Finalmente, quien pasó fue Hernández, quien perdió contra Petro.
En la última medición de Invamer, Hernández tuvo 20,9 % de intención de voto, Petro 40,6 % y Gutiérrez 27,1 %. En Atlas Intel, Hernández tuvo 28,17 %, Gutiérrez 26,7 % y Petro 40 %. Hernández pasó a segunda con el 28,17 % de los votos (5,9 millones) frente al 40,34 % del hoy presidente Petro (8,5 millones).
En las encuestas iba ganando quien tenía el apoyo de los partidos políticos, mientras el “outsider” iba detrás. Hoy es al revés, es De la Espriella quien ha liderado hasta ahora. Lo que no ha quedado del todo claro es si Valencia sigue subiendo y De la Espriella se estancó, o viceversa.