Tres historias cruzadas en el municipio de Granada, víctima de las Farc y los grupos paramilitares.
Héctor Iván Zuluaga Gómez tiene nueve hermanos. Solo él se atrevió a quedarse en la finca que les heredó su padre para seguir cultivando.
FOTOJUlio césar herrera
Era el amanecer del 6 de diciembre del año 2000. Édgar Giraldo Palacio reflexionaba en la plazoleta central del municipio de Granada mientras un niño le embolaba los zapatos. Minutos antes, un conocido le había dicho herméticamente que 500 guerrilleros se iban a tomar el pueblo. ¿Huir? ¿Quedarse? ¿Decirle a la familia? ¿Avisar a la Policía? ¿Qué hacer?
Estas preguntas contaminaban la mente de Édgar, quien por ese entonces acababa de terminar sus estudios en el colegio. De él dependían su madre y su hija, de tan solo un año de edad. El niño terminó de embolarle los zapatos. De inmediato le pagó y salió corriendo de la plaza principal hacia su casa, ubicada en la periferia del pueblo. “Tenemos que desalojar”, le dijo a su madre, sin saludar. Ella se opuso porque en el camino hacia Medellín, “las cosas podrían complicarse más por los retenes de la guerrilla”.
A las 11: 20 de la mañana sucedió algo peor de lo que se esperaba. La guerrilla de las Farc detonó un carro bomba con 400 kilos de...