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El rincón de Antioquia que la sustitución olvidó

Son unas 20 familias de Tarazá que, a pesar de ya no tener cultivos de coca, no han recibido dineros del Gobierno para nuevos proyectos lícitos.

  • Campesinos de la localidad Buenos Aires aseguran que están pasando hambre. La coca les daba para comer, ahora sin dinero por la sustitución, no tienen que cultivar. FOTO julio césar herrera
    Campesinos de la localidad Buenos Aires aseguran que están pasando hambre. La coca les daba para comer, ahora sin dinero por la sustitución, no tienen que cultivar. FOTO julio césar herrera
03 de septiembre de 2018
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La casa de Rosalina Herrera* está ubicada en la vereda Buenos Aires del municipio de Tarazá. Para llegar allí es necesario desviarse de la vía que comunica a Medellín con la costa Atlántica, justo en el sector conocido como El Doce, un corregimiento de esa población del Bajo Cauca antioqueño. A partir de ahí, sin la necesidad de cruzar el río Cauca, hay que recorrer unos ocho kilómetros de una vía típica veredal: lodo, maltrecha y con unos tramos solo aptos para vehículos con doble tracción.

Hace poco más de un año, por ese recorrido era normal ver hectáreas y hectáreas de mata de coca, ahora, solo se observan rastrojos, ganado y uno que otro cultivo de arroz, maíz o cacao. Precisamente, desde la vivienda de Rosalina, se puede observar ese panorama, que paradójicamente, según los habitantes de esa área, les ha traído hambre y más pobreza.

“Fuimos unos 20 núcleos de esta vereda que nos inscribimos al plan de sustitución voluntaria. Todos queríamos dejar atrás esos cultivos. Infortunadamente ya se va a cumplir un año y no hemos recibido un solo pago. Fue la misma Policía la que nos arrancó las matas de coca y ahora mire nuestra situación”, dice la campesina.

Rosalina se refiere a que prácticamente no tienen ningún sustento para alimentar a su familia compuesta por nueve personas; donde tenían la coca, ahora cultivan un poco de arroz y maíz que ayuda a resolver en cierta forma la situación, y es solo un poco, porque les da temor que después el Gobierno les diga que en esa zona nunca se cultivó algo ilícito y así se queden sin un solo centavo de manera permanente.

“Es que ahora es un rastrojo y como nadie del Gobierno ha venido por acá, nos podrían decir que ahí nunca hubo coca, por eso dejamos una parte tal y como quedó después de la arrancada de los palos”, añade la mujer mientras muestra los papeles que el Estado le dio como muestra de que hace parte del Programa de sustitución de cultivos de uso ilícito.

A 500 metros de la casa de Rosalina está la de José Alberto*, un anciano que a sus 83 años reconoce que la coca que cultivó y raspó le dio alimento a su familia por varios años. Ahora, como las otras familias de la zona, espera, casi un año después, el primer pago del Gobierno nacional tras cumplir con dejar a un lado el cultivo de uso ilegal.

“Cada dos meses nos entraban entre 3 y 4 millones para poder comer. Ahora me está tocando vender unos animalitos que tengo por ahí, unas cuatro o cinco vaquitas. Este año no hemos tenido con qué comer, ahora no consigo prácticamente nada, si logro vender un ternero, tengo unos 500 y 600 mil pesos para poder sobrevivir varios meses”, explica don José.

La idea es entrar a la zona

Desde el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos (PNIS), explicaron a EL COLOMBIANO la situación particular que se tiene en esa zona de Tarazá.

“En diciembre cuando se entró al corregimiento El Doce para la inscripción de familias, la comisión fue amenazada por un grupo armado ilegal y tuvo que salir de la región. Cuando se volvió a entrar, ocurrió la emergencia de Hidroituango y con las alertas declaradas, la ONU no puede tener funcionarios en la zona. Actualmente estamos gestionando la entrada para solucionar la situación de al menos 120 familias”, añadieron desde el programa oficial.

En el PNIS también aclararon que hasta no recibir el segundo pago por parte del programa, las familias inscritas no están en la obligación de arrancar las matas de coca que tengan cultivadas.

La otra cara de la moneda

La actualidad para otras 2.139 personas en Tarazá, que también hacen parte del plan de sustitución de cultivos de uso ilícito es muy diferente.

Según cifras de la ONU, organismo que se encarga de verificar el cumplimiento tanto del Gobierno como de los campesinos con ese plan, esos 2.139 individuos hacen parte de los 83.161 personas que a nivel nacional han dejado la coca a un lado y han recibido los beneficios del Estado.

Sin embargo, específicamente en Tarazá, la situación para estos labriegos no es del todo positiva, según cuenta Alfredo Montoya*.

“Hemos recibido los pagos y mucha gente ya tiene sus cultivos, otros han sido más desorganizados y ya embolataron el dinero en otros gastos. Pero ese no es el problema, lastimosamente en algunas zonas donde están ‘los Caparrapos’, todo el mundo que recibe pago del Gobierno debe cancelarle a esa gente el 10 %, de lo que reciban y si no lo hacen, la orden es abandonar la zona en menos de 24 horas”, afirma el labriego.

La Alcaldesa de Tarazá, Gladis Rebeca Miguel, confirma que la confrontación entre las bandas criminales, Clan del Golfo y Caparrapos, junto a la contingencia vivida por Hidroituango, han sido las principales amenazas al plan de sustitución.

“A pesar de lo ocurrido ya hemos sostenido reuniones para que los encargados del programa regresen. Creemos que ya hay condiciones”, afirmó la mandataria.

*Nombres cambiados por razones de seguridad.

13
departamentos del país tienen familias inscritas en el programa de sustitución.
Infográfico
El rincón de Antioquia que la sustitución olvidó

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