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Cuando la pobreza también se refleja en el aprendizaje

  • A 2030, según el Banco Mundial, el 43 % de los niños seguirá sin aprender lo suficiente. Foto: Jaime Pérez Munévar
    A 2030, según el Banco Mundial, el 43 % de los niños seguirá sin aprender lo suficiente. Foto: Jaime Pérez Munévar
Por Richard Aguirre Fernández | Publicado el 21 de enero de 2020
en definitiva

Presupuesto, infraestructura y actualización tecnológica, entre las respuestas que deben encontrar los países para mejorar las capacidades educativas de sus ciudadanos.

En los países de ingresos medios y bajos hay más pobreza de aprendizaje. Es decir, las capacidades académicas y de comprensión, por ejemplo, de un texto sencillo, son más limitadas. Tanto que el Banco Mundial pronostica que en el mundo, a 2030, el 43 % de los niños “seguirán sin entender lo suficiente”.

“La escolarización sin aprendizaje no es solo una oportunidad desaprovechada, también una gran injusticia”, plantea el informe “Fin de la pobreza de aprendizaje: ¿qué se necesitará?”, publicado a finales del año pasado por el banco.

La evidencia resulta preocupante. El informe sostiene que en Kenya, Tanzania y Uganda, cuando les pidieron a los niños de tercer grado que leyeran una frase sencilla como “el perro se llama Fido”, el 75 % de los evaluados no entendió, es decir, solo 25 de cada 100 niños tenía claro qué estaba leyendo.

Los peores indicadores de aprendizaje los tienen Nigeria (98,7 %), Chad (97,7 %), Yemen (94,7 ) y Afganistán (93,4 %); mientras que los mejores resultados están en Holanda (1,6 %), Vietnam (1,7 %), Suecia (2,3 %) y Finlandia (2,6 %). “La nueva medición tiene como objetivo revelar los déficit en alfabetización y estimular las acciones para garantizar que todos los niños puedan adquirir alfabetización y habilidades básicas”, como leer o escribir.

Realidad mundial

En Nigeria uno de cada tres niños no va a la escuela y una de cada dos niñas tampoco lo hace, según el informe. “En un país donde las mujeres están condenadas al analfabetismo, la educación es clave para romper el círculo vicioso de la pobreza”, señala Unicef que, poniendo como ejemplo el modelo educativo de ese país, señala que allí se vive bajo el flagelo de la pobreza y solo se invierte el 3,1 % del Producto Interno Bruto (PIB) en este sector, según el Banco, mientras que Finlandia destina el 6,9 %.

Wilson Bolívar, decano de la Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia, sostiene que los sistemas educativos, en especial en los países con ingresos medios y bajos, deben adaptarse a los requerimientos actuales, “caracterizados por una sociedad con altos flujos de información a la cual las personas pueden acceder de manera instantánea y sin intermediarios”, aunque sin ignorar las condiciones sociales y económicas que, como lo plantea el Banco, son las que más influyen en las capacidades educativas.

El informe resalta que la educación es un derecho humano básico y fundamental para desbloquear las capacidades humanas, por lo que es esencial “garantizar que se cumpla de manera significativa para todos”. Aunque resulta lógico, en la práctica no se da.

El Banco, en el capítulo de desafíos, señala que los modelos educativos deben enfocarse en el fortalecimiento de la labor docente, es decir, que el profesor sea un elemento clave en la sociedad y que sea “práctico, enfocado en el desarrollo profesional y que realice seguimiento” a sus labores.

Jhon Alexander Echeverri, profesor de Envigado, que fue finalista del “Global Teacher Prize” en 2018, pone el dedo en la llaga y menciona que las proyecciones del Banco son “lamentables”, pero explica que aunque los modelos funcionen, “muchas veces los bienes y el dinero se pierden en corrupción y en políticas que no benefician a las comunidades más vulnerables, impidiendo educación de calidad”.

¿Y Colombia?

El país, de acuerdo con el reporte, tiene un 48,6 % de dificultades de aprendizaje, y aparece en el cuarto lugar en Sudamérica, donde el mejor educado es Chile, que tiene un 36,8 %.

Cecilia Dimaté, decana de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Externado de Colombia, señala que el problema, sobre todo en países como el nuestro y los que nos rodean, se basa en un factor común: inversión.

“Todavía nos falta en invertir al sistema”, dice la experta, aunque reconoce que los dos últimos gobiernos han intentado hacer la tarea. Por ejemplo, la educación este año en Colombia cuenta con un presupuesto de $44,1 billones, lo que lo ubica como el sector con más recursos este año.

Sin embargo, de acuerdo con el Ministerio de Educación, solo el 9,2 % del presupuesto se destina en inversión ($4 billones), mientras que en funcionamiento se destina el 90,8 % del presupuesto, equivalente a $40,1 billones.

“En muchos casos las instituciones, incluso en otros países, siguen instaladas en el paradigma tradicional de la “enseñanza” basado en lo memorístico, privilegiando la acumulación de saberes y se privilegian prácticas centradas en llenar al estudiante de información que no transciende los contextos o no ayuda a resolver problemas”, dice Bolívar.

Tanto Dimaté como Bolívar señalan que es clave la infraestructura, los servicios tecnológicos y, en el caso de Colombia, la Jornada Única, que busca una formación integral. Ambos precisan que hay un trecho en materia de alimentación escolar y transporte. Dimaté explica que “se necesita que los niños puedan estar cómodamente en la escuela y no como ahora, con paños de agua cubriendo las necesidades que implica tenerlos todo el día en la escuela”.

También hay que mencionar que el país tiene un antecedente por mejorar, enfocado en los resultados de las Pruebas Pisa en el indicador de lectura, el cual bajó de 425 puntos en la medición de 2015 a 412 en 2018, según los resultados que fueron publicados en diciembre del año pasado.

Sobre esto, la ministra de Educación, María Victoria Angulo, indicó que para mejorar los resultados y sobre todo la comprensión lectora, el país empezó a implementar la estrategia “Evaluar para avanzar”, que tiene como fin generar información sobre los factores más débiles de la educación que se ofrece y, de esa manera, diseñar estrategias que permitan mejorarlos. “Es importante que los resultados se utilicen como una herramienta que se suma a la información de las pruebas nacionales y la evaluación en cada una de las instituciones, para orientar los esfuerzos de los actores involucrados en el proceso educativo”, acota Angulo.

¿Qué ejemplo seguir?

Los consultados coinciden en que no la solución no es seguir un ejemplo tal como se aplica en otros países. Por ejemplo, citan a Finlandia, que en diversos informes del Banco o de la Unesco lo muestran como el país en el que la educación es modelo, pero tiene un contexto diferente.

No obstante, en este informe del Banco, Vietnam es el que aparece con menores problemas de aprendizaje en su población. El Banco plantea que los países con problemas de aprendizaje deben cambiar los planes de estudio y los sistemas de evaluación, “con exámenes que se centren en la adquisición de habilidades y los maestros reciban credenciales de formación y aprendizaje entre pares”. Además, asegura que deben aumentar los presupuestos para obtener una educación de calidad desde la primera infancia.

“No me atrevería a decir que nos debemos inclinar por este o por aquel, porque hemos intentado con el modelo finlandés o el brasileño, pero son países que tienen contextos diferentes al nuestro”, señala Dimaté. El caso de Finlandia, agrega la experta, implicó una transformación sobre el sistema y cómo miran al maestro, además de la inversión.

Bolívar, Dimaté y el informe, apuntan a la importancia de la educación básica, y la necesidad de tener educadores mejores en la etapa inicial, pues es fundamental para que los estudiantes comprendan más su mundo y su contexto y lleguen bien preparados a la formación en bachiller, técnica, tecnológica o profesional (ver Radiografía).

“La educación en los primeros años todavía es muy débil”, comenta Dimaté, quien dice que unas bases sólidas, como todo en la vida, le darán estabilidad al futuro, ya sea en educación o en la construcción de una casa.

Contexto de la Noticia

¿qué sigue? otros desafíos y fenómenos

Doddy Cifuentes, docente del Bajo Cauca antioqueño, plantea otros retos, como cambiar el contexto en el que se brinda la educación a los estudiantes en su región: pobreza y conflicto armado. “Es más difícil ver que un niño llega sin comer o con miedo por lo que se tiene que vivir”, dice Cifuentes, quien señala que en ese momento se deben explorar otros mecanismos de enseñanza, que se enfocan en el entorno socioemocional. “Con todas las dificultades que tengamos, debemos velar porque ese niño no pierda la posibilidad de educarse, pero debemos ser un motor que le permita al estudiante entender su contexto, para que no deje el colegio y se vaya por el camino de las drogas, las armas o la prostitución”. Sobre esto, Cecilia Dimaté, decana de la Facultad de Ciencias de la Educación del Externado, sostiene que no se debe dejar de lado la academia para brindar apoyo socioemocional, porque “Si solo nos dedicamos lo socioemocional, pero lo dejamos sin el aprendizaje básico (leer y escribir), no hicimos nada”.

radiografía Tres tareas que pone el Banco

El primer desafío es “aprender sobre el aprendizaje”, es decir, mejorar los niveles de medición. “Solo la mitad de los países en desarrollo cuenta con modelos para evaluar lo que aprenden. El segundo punto es diseñar políticas orientadas en la evidencia, pues las “buenas escuelas establecen sólidas relaciones entre la enseñanza y el aprendizaje”, es decir, romper los modelos basados en memorizar las enseñanzas. En el tercero, proyecta la creación de coaliciones y cita a Malasia, que planteó “un laboratorio” en el que los diferentes actores de la socuedad participaron en la elaboración de la política pública.

Richard Aguirre Fernández

Periodista de la Universidad del Quindío. De Calarcá.

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