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Luis Estrada, el director que molesta a los políticos mexicanos

El guionista, productor y director trata en sus películas temas de corrupción, pobreza, indiferencia, violencia, demagogia y manipulación de los medios.

  • Luis Estrada participó en conversatorios y compartió la presentación de sus películas con varios estudiantes de colegios públicos de la ciudad. FOTO Cortesía instituto tecnológico metropolitano.
    Luis Estrada participó en conversatorios y compartió la presentación de sus películas con varios estudiantes de colegios públicos de la ciudad. FOTO Cortesía instituto tecnológico metropolitano.
22 de noviembre de 2016
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El nombre de Luis Estrada quedará para la historia como el de un hombre sin pelos en la lengua. Ni la censura ni las amenazas han callado sus películas, cuatro obras que contadas con sátira y humor negro reflejan el sistema político mexicano.

El cineasta estuvo en la ciudad dictando una clase magistral en el Instituto Tecnológico Metropolitano, a propósito de la primera Fiesta del Cine Latinoamericano que se realizará en marzo del año próximo.

¿Considera que podría tener la misma libertad creativa trabajando para grandes industrias?

“No, y de hecho creo que independientemente del juicio de valor que puedan hacer los espectadores de mis películas, lo más importante de mi carrera como director es que siempre he hecho lo que he querido. Esa independencia es lo que me ha permitido tocar temas que de otra forma hubiera sido imposible”.

¿Cómo logra el término medio entre la denuncia, la reflexión y el humor negro?.

“No se cómo, pero para mí es lo más importante. En el cine mundial, pero muy especialmente en Latinoamérica, hay una falsa polémica sobre lo que debe hacer el cine de entretenimiento y el cine de autor y yo probablemente antes que director soy espectador, soy cinéfilo, y el cine que más me gusta es el que logra tener esa combinación: un cine con aspiraciones artísticas, que reflexione sobre temas relevantes para una sociedad, pero que también sea divertido”.

¿Cómo se ha enfrentado a la censura con sus películas?

“En México se hablaba de la absoluta libertad, pero quedó de manifiesto que la censura es un monstruo agazapado que cuando le tocan su fibra más sensible puede reaccionar de las maneras más brutales. En el caso de La ley de Herodes, ejercieron un control perverso donde querían coaptar a los realizadores, periodistas y politólogos para que no hablaran mal del sistema y ese sistema que yo criticaba se materializó y realizó las cosas más insólitas como tratar de desaparecer el negativo de la película, tratar de sobornarme, amenazarme”.

¿Qué tan cierta es la realidad mexicana que usted muestra en sus películas?

“La sátira te permite una libertad para no tener que obedecer al rigor documental del periodismo y no tener que sustentar de lo que hablas. La tarea la hace el espectador. En México es muy difícil que los espectadores no encuentren a quién o a qué se está haciendo alusión en la película. En otros países siempre terminan asociándolos a sus políticos”.

¿Por qué trabaja reiteradamente con actores como Damián Alcázar ?

“Cuando decidí dedicarme al cine tomé dos decisiones: la libertad y encontrar un equipo de gente que compartiera gustos por estilos, temas y géneros. Aunque los actores son más visibles, también los que están detrás son los mismos porque creo que eso te lleva a encontrar caminos más sencillos para lo que quieres contar.

Damian se ha vuelto en una especie de mi alterego, y sin pudor, él es uno de los mejores actores del mundo. Hemos trabajado juntos y ya en México nos llaman el Par diabólico”.

¿Con su cine, cree que puede cambiar algo?

“Me gustaría responder de manera romántica pero soy un cínico perdido y el cine no puede cambiar nada, menos el peso de la realidad y de los problemas que padecemos. Se pueden reflexionar o verse de manera distinta, pero desgraciada y desafortunadamente no cambian. El cine puede servir como espejo, confrontación de ideas, pero de ahí a modificar, creo que no. La gente pasa dos horas entretenida, sale y comenta, pero de ahí a decir que descubrió que hay impunidad, o corrupción por una película, no”.

¿Alguna recomendación para los cineastas jóvenes?

“No hay fórmulas, sería muy pretencioso en dar consejos, porque creo que no hay mejor escuela que hacer las cosas. Estamos viviendo una revolución en la forma de hacer cine y contenidos audiovisuales, pero también en la forma de verlos y de consumirlos. Hoy es más fácil hacer una película y hacer que la gente la vea. Lo importante es tener algo que contar, hacerlo, ser honesto con lo que piensas y que no te pare nadie”.

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