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Sobreviviente del genocidio de Ruanda habla de paz en Medellín

Se trata de la escritora Dydine Umanyana, que se ha consagrado a promover el “amohoro”, un concepto africano que traduce paz. Estará este jueves en el Teatro de Comfama.

  • Oradora motivacional, Dydine Umanyana ha escrito textos sobre la experiencia de su país FOTO jaime pérez.
    Oradora motivacional, Dydine Umanyana ha escrito textos sobre la experiencia de su país FOTO
    jaime pérez.
05 de julio de 2023
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Hay palabras que son abismos. Literalmente. Una de ellas es la de genocidio. En esas letras anida la muerte convertida en un deporte o en una herramienta de control político. Ni siquiera la palabra infierno da un idea de lo que se vivió en Ruanda entre el 7 de abril y el 15 de julio de 1994.

Los hutus se levantaron en machetes y masacraron a los tutsis, aprovechan la incapacidad de los gobiernos del mundo para reaccionar a tiempo y parar la masacre. Las cifras son pasmosas: se cree que murieron entre quinientas mil y un millón de personas en esas semanas frenéticas.

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Con poco más de tres años, Dydine Umanyana presenció los asesinatos de sus conciudadanos. De esa atroz experiencia y, también, de los caminos de reconciliación hablará la escritora este jueves, 6 de julio, a las seis y media de la tarde en el Teatro Comfama. El evento es organizado por la Fundación Artimaña y el público no tiene que pagar para participar en él.

Hablemos de entrada sobre las secuelas del genocidio...

“Este es uno de los peores escenarios por los que puede pasar la humanidad. Después de un asunto como este la vida empieza a cambiar o cambia irremediablemente. Así como por la covid 19 la gente empezó a hablar de la pre pandemia y la pos pandemia, así pasó en Ruanda: hubo un antes y un después del genocidio”.

En términos políticos y económicos, ¿cómo transformó el genocidio a Ruanda?

“El país cambió dramáticamente. Y uno de los cambios más dramáticos fue en términos de la política, porque antes del genocidio Ruanda estaba dividida por etnias Y toda la estructura social se basaba en esa división étnica. Una vez pasó el genocidio, tuvieron que abolir toda esa división étnica. Y a lo que se llega es a que todos son ruandeses, ya no hay divisiones, Mi gente estaba muy desesperada por la paz.

Después del genocidio, todas las canciones, las artes, trataban sobre la palabra amohoro, que traduce paz. Y así es como crecí, mi origen fue después del genocidio. Hay toda una preocupación por volver a construir un país, uno que tenga paz. Y la razón es porque desde los cincuenta, desde la independencia, tuvimos guerras civiles cada pocos años. La patria fue usada para conflictos y guerra durante décadas. Y así llegamos al genocidio, que fue la más extrema de las violencias. Creo que la gente estaba lista para no tener más guerras”.

¿Cómo se concilió el perdón con la responsabilidad jurídica y penal de los victimarios?

“Esta es la primera vez en Ruanda que hemos tenido casi tres décadas sin guerra. Después del genocidio la sociedad se enfrentó a la carencia de talento humano. Y esto fue así justamente porque el genocidio fue cometido por ruandeses, fue padecido por ruandeses, pero fue además detenido por ruandeses. Y los victimarios fueron jóvenes, médicos, doctores, que se supone que son personas que tienen que construir el país. Pero, además, del otro lado del bando las personas que eran médicas y que eran abogadas, y que eran jóvenes y que también tenían esa tarea de construir el país habían muerto.

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Entonces, después de todo ese registro de violencia, la pregunta que queda en una sociedad donde hay muchas mujeres y huérfanos afectados por la guerra fue la de ¿cómo reconstruimos el tejido social? Entonces se tomó la decisión de emprender un conjunto de acciones políticas que repararan el tejido social. A los diez años del genocidio el presidente decidió hacer un acto público de perdón a partir de ceremonias en las que los perpetradores pidieron perdón públicamente”.

Pero, ¿ese acto de perdón involucró que los asesinos salieran de la cárcel y se mezclaran con la sociedad?

Lo primero fue el perdón presidencial. Luego hubo un proceso largo porque el genocidio fue cometido principalmente por jóvenes. Antes del genocidio, los líderes del gobierno entrenaron a jóvenes para matar. Con 14 años de edad, eran jóvenes que no habían desarrollado el cerebro y que fueron manipulados por el sistema. Y entonces, 10 años después del genocidio, cuando el gobierno decidió emitir el perdón, se implementó un sistema llamado Gachacha Corte —un modelo tradicional que se usaba antes de los colonos— en el que se llevaba al perpetrador al asiento del acusado para que pidiera perdón. Y si la víctima lo permitía, el asesino entraba en un proceso para retornar a la sociedad.

¿Han habido casos de venganza en Ruanda?

“Tan pronto como el genocidio terminó, las personas que lo cometieron se fueron al Congo. Y entonces no había nadie para tomar venganza porque ya habían dejado el país. El presidente que tenemos ahora prohibió que las personas se vengaran, y muchos de los sobrevivientes se enojaron con él. Ahora, cuando el tiempo pasa, vemos lo importante de no hacerlo. De haber cobrado venganza no habríamos terminado la guerra, el ciclo de odio”.

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Conocemos el genocidio en Ruanda por Hotel Ruanda y Temporada de machetes. ¿Qué otras obras ayudan a entender este asunto?

“Lo que suele pasar con las películas es que son entretenimiento. No retratan un fenómeno en toda su complejidad. Si una película decidiera retratar todo el drama de Ruanda se convertiría en una pesadilla. Por eso es importante leer libros y ver documentales que expliquen las distintas causas de los conflictos. Hay que estudiar esas causas. Muchas causas son similares, a pesar de que los conflictos sean diferentes. Las causas que desataron la guerra camboyana, el Holocausto o el conflicto armado colombiano tienen elementos comunes.

En todos esos casos están presentes la deshumanización de los otros, la segregación, el poder ideológico. Si no tenemos las herramientas para entender lo que pasó no vamos a ser capaces de evitar que se repitan hechos tan dolorosos, tan atroces”.

PARÉNTESIS

La búsqueda de la paz en Ruanda

El genocidio en Ruanda le demostró al mundo que la violencia atroz no es un fantasma del pasado. En menos de cien días fueron masacradas casi un millón de personas. Y quienes las mataron a punta de machete fueron precisamente sus vecinos, antiguos compañeros y amigos. Casi treinta años después del baño de sangre, el proceso de reconciliación de Ruanda le ofrece al mundo pistas para la resolución pacífica de los conflictos. Allá se implementaron políticas de perdón que le exigieron su cuota de esfuerzo por igual a las víctimas y a los víctimarios. Y parece que este proceso funcionó: el país lleva tres decenios sin guerras.

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