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¿Hay un plan para salvar la cultura en Medellín?

Tras cuatro meses de contingencia por la pandemia, no es claro el proyecto de la administración actual para apoyar al sector.

  • Las entidades culturales de la ciudad piden ayuda y solicitan un plan de salvamento contundente. Foto: Julio César Herrera
    Las entidades culturales de la ciudad piden ayuda y solicitan un plan de salvamento contundente. Foto: Julio César Herrera
¿Hay un plan para salvar la cultura en Medellín?
Por laura tamayo goyeneche | Publicado el 06 de agosto de 2020
Infográfico

Extrañar el encuentro en la librería para mirar portadas, leer fragmentos y preguntarle al librero cuándo llega ese título que tanto lleva buscando no solo le pasa a usted. Los libreros añoran el tintico que compartían en la charlada con los clientes, y mucha falta les hacen las ventas para suplir sus gastos fijos, cuenta Gilberto Galvis, presidente de la Asociación de vendedores de libros de Antioquia (Avelan).

También está el caso de Jorge Blandón, director y cofundador de la Corporación Cultural Nuestra Gente, cuando le preguntan cómo se sostiene la labor educativa y cultural que hace con jóvenes y niños. “De la solidaridad, el amor, la mano amiga”. Menciona con preocupación que con la pandemia la fragilidad de sus sostenimiento quedó expuesta y cada vez es más difícil seguir.

Por estos días se habla de salvar la economía, la educación y otros sectores que se han afectado por la crisis económica de la pandemia, pero no hay un plan concreto para la cultura. Parte de eso se vio en el llamado que hicieron 17 instituciones de Antioquia el pasado 24 de julio en un manifiesto: “La cultura es esencial”, firmaron.

Convencidos por “el poder de la cultura”, que fue el eslogan de su coordinada campaña en redes sociales, los teatros, corporaciones artísticas y museos hicieron un llamado a la sociedad a darle la misma importancia al sector cultural respecto a los demás en el plan de rescatar las entidades más golpeadas en este tiempo.

“Esta es una sociedad que priorizó la reapertura de centros comerciales en lugar de teatros”, dijo a este diario en su momento David Escobar Arango, director de Comfama, una de las instituciones firmantes.

Mientras tres centros comerciales abrieron sus puertas con el aval del gobierno el 25 de mayo, los museos solo pudieron hacerlo a partir de julio. El Museo de Antioquia alcanzó a funcionar 4 días debido al pico en el Centro de Medellín que puso a esa zona de nuevo en cuarentena estricta. Hoy ninguno está abierto.

Como la incertidumbre sobre cuándo se podrá regresar al ritual presencial de la cultura crece, urge un proyecto que asegure que cuando todo esto pase ahí estarán los artistas, los gestores y los emblemáticos lugares para que los ciudadanos puedan seguir disfrutando de esos espacios vitales. “Hay una necesidad de generar una conversación en torno a un plan de salvamento, un programa que aliente y proteja los contenidos culturales de la ciudad”, sentencia María del Rosario Escobar, directora del Museo de Antioquia.

No se han quedado quietos

La sostenibilidad de la mayoría de entidades culturales, antes de la pandemia dependía, principalmente, de una torta de tres pedazos: los recursos propios, que conseguían con actividades, alquiler de parqueaderos, salones y otros; los aportes del sector privado —donaciones de empresas, los programas de Amigos (clubes en los que los usuarios aportan un dinero anual para su sostenimiento)— y los fondos públicos.

Muchos tenían claro desde el inicio del año cuáles serían los aportes del gobierno y privados con los que contaban y así mismo trazaban un presupuesto y agenda de actividades que se ajustaran a sus posibilidades, explica María del Rosario. “Los recursos que venían del parqueadero, la tienda, los arrendamientos y taquilla eran sumamente importantes porque se convertían en nuestro flujo de caja; un colchón para resolver inconvenientes y responder a otras necesidades. Sin eso los ingresos decrecen y la pregunta es hasta cuándo y de qué manera van a decrecer”.

Con ella está de acuerdo María Patricia Marín, directora del Teatro Metropolitano: “Esta situación nos muestra la fragilidad de un sector que claramente puede desaparecer para la ciudad de Medellín. Es uno que ha trabajado muy de la mano de las empresas privadas, que han entendido la importancia de la cultura para tener una sociedad alegre, serena y analítica. En muchos lugares del mundo este es un ejercicio que está completamente cubierto por el Estado, acá no. Aquí escasamente podemos proyectarnos a uno o dos años y eso nos debilita mucho en situaciones de crisis”.

Aunque algunos han trasladado esa generación de recursos propios a la virtualidad, como los cursos en línea que abrió el Museo de Arte Moderno de Medellín (Mamm), o la propuesta del Matacandelas de montar a distancia la obra de teatro “Los Panidas”, junto a la Corporación Otraparte y La Pascasia, el oxígeno que daba el flujo de caja dependía en gran medida de la afluencia del público y las ideas de virtualizar en este momento no son suficientes para un sector que a duras penas respiraba.

Por su parte, Ana Abad, directora ejecutiva de la Filarmónica de Medellín, explica que “bajo esta nueva realidad y forma de trabajo, hemos explorado modelos y productos que nos permitan continuar la consecución de recursos y que una vez terminada la emergencia puedan seguir siendo parte de nuestro portafolio. Es decir, estamos trabajando no solo para superar la coyuntura, sino también para generar una nueva oferta digital desde lo estratégico. Para sobrellevar la pérdida económica por disminución de ingresos se realizó una reducción presupuestal interna del 34 % que implicó una reducción de salarios, honorarios y costos de producción. Cancelar o aplazar algunas de las actividades que se realizaban como parte de la estrategia para enfrentar la emergencia y tratar de llegar al cierre del año en punto de equilibrio o al menos con una pérdida que no deje en riesgo la perdurabilidad de la Orquesta”. El Mamm también redujo un 30 % sus gastos, confirma su directora María Mercedes González a este diario. Ella destaca el papel de los aportes privados en la misión de seguir a flote.

Entre los anuncios recientes de aportes privados está el del pasado 2 de julio: las fundaciones Proantioquia y Sofía Pérez de Soto, junto con decenas de aliados públicos y privados, confirmaron la creación de la Promotora Cultural de Antioquia, un fondo para apoyar económicamente el sector.

De acuerdo con la información dada a este diario ese día, “la primera intervención será una donación de $1.120 millones para cuatro instituciones ($280 millones para cada una): Museo de Arte Moderno de Medellín (Mamm), Museo de Antioquia, Orquesta Filarmónica y Teatro Metropolitano”.

También el pasado 17 de julio la Fundación Sura anunció que destinará 1.061 millones de pesos adicionales para su Línea de Promoción Cultural, que durante este año suma 4.361 millones de pesos en inversión al sector. Ese dinero debe dividirse en 27 entidades colombianas, de las cuales 13 están en Antioquia.

Otros, por su parte, le han puesto al sofoco aires de creatividad. Los socios de La Pascasia propusieron adecuar sus instalaciones en espacios de coworking, que contaran con las medidas de seguridad, para trabajadores a distancia, pero con la nueva cuarentena obligatoria en el Centro la intención no dio muchos frutos, cuenta José Villa, uno de los socios.

Ante esta fragilidad las instituciones han demostrado no quedarse de brazos cruzados, pero la incertidumbre les lleva a preguntarse si hay una hoja de ruta clara para ver hasta qué punto y de qué forma serán sus pérdidas económicas. Ellos reclaman ir más allá de abrir becas adicionales, o los salvavidas del Ministerio de Cultura a nivel nacional (ver Informe). Desde su punto de vista, son insuficientes. Y es cuando piden el plan de salvamento.

Falta claridad y hay retrasos

Al preguntarle a la Secretaría de Cultura de la ciudad cuál es su papel en apoyar la crisis económica del sector dicen que se han esforzado por escuchar y conocer las necesidades concretas de los diferentes actores que conforman la escena en la ciudad y que “pronto van a liberar unos recursos”, dice Álvaro Narváez, subsecretario encargado de la administración por estos días, dado que la secretaria de Cultura, Lina Gaviria, está incapacitada por coronavirus.

No dio, sin embargo, más detalles concretos sobre el monto de esos recursos y a quiénes irán dirigidos, pese a nuestra insistencia. Cuando se le preguntó si hay una ruta para manejar la crisis del sector en este momento la respuesta fue que “la cultura siempre estará en crisis y que eso es lo que hace posible la creación”, además que “hoy vivimos una mundial en la economía”.

La capacidad de escucha e interés de esta administración es algo en lo que concuerdan varias entidades. María Mercedes González, del Mamm, indica que “siempre han estado muy dispuestos a oír, nos hemos sentado un par de veces y hemos hecho propuestas concretas. Sin embargo, hasta el momento no hay ningún pronunciamiento específico ni nos han contado qué van a hacer o cuál es el proyecto ante el déficit en el que estamos. El plan de salvamento debe venir de la Alcaldía y no de nosotros. Y no es que estemos pidiendo que nos sostengan completamente. Nos faltarían aproximadamente 400 millones de pesos, que no es un monto exagerado para una institución tan grande como nosotros”.

De acuerdo con información enviada a este diario por la Secretaría, el presupuesto que tienen para ejecutar este año es de 128.510.927.610; sin embargo, no explican cómo se invertirá dada la coyuntura y teniendo en cuenta que los eventos de la programación anual (Feria de las Flores, Fiesta del Libro) no requerirán los gastos habituales de la logística presencial.

Otro tema que preocupa es la focalización de los recursos únicamente en los públicos, y poco en los gestores y las entidades. Sobre la prioridad a la hora de invertir, la Secretaría de Cultura respondió a este diario que “hoy no puede haber una prioridad”. No obstante, en las respuestas hay un énfasis en la transformación digital, que ellos dicen, le urge al sector, y en una migración a la economía creativa. También mencionan, por escrito y por llamada con el subsecretario Nárvaez, el proyecto de llevar escenarios móviles a los barrios de la ciudad como una forma de ayudar a la cultura en este tiempo, y otros programas como los de las bibliotecas y Medellín vive las artes.

Ninguna de las instituciones consultadas para esta nota sugirió el aspecto tecnológico como fundamental para salir de la crisis. La preocupación va por otro lado. Por ejemplo, las becas de creación —que son recursos dirigidos a personas naturales— se han entregado sin problema, pero cuenta José Villa, de La Pascasia, que cada año hay unos apoyos concertados que, en su fase 3, tienen una importancia vital para el sostenimiento de las casas culturales.

“Esos recursos suelen ser anunciados en marzo y liberados en tres meses. En los cambios de administración suelen haber retrasos, pero este año se anunciaron y solo hasta mediados de marzo nos confirmaron. Ya vamos para agosto y no sabemos del dinero ni cuánto tiempo vamos a tener para ejecutarlos. Tememos que sea menos que lo acostumbrado”, señala él con preocupación.

El diagnóstico es claro: las entidades culturales de la ciudad penden de un hilo y están a la espera de una respuesta de esperanza, fortaleza y claridad durante esta coyuntura. De lo contrario, quién sabe si habrá museo para visitar, función para ir a ver y una ciudad con un sector fortalecido para salir al ruedo cuando todo esto pase.

Laura Tamayo Goyeneche

Quiero pasarme la vida aprendiendo cosas nuevas y me hice periodista para asegurarme. Escribo sobre tecnología y gastronomía en la sección de Tendencias.


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