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Hay quienes creen que el arte no se desvaloriza, pero esta es una verdad a medias.
Si el cuadro que uno compra es un Botero, un Grau, un Débora u otro de alguien reconocido, puede estar seguro de que a la vuelta de unos años, lejos de desvalorizarse, costará más. Si es el de un desconocido, con el tiempo puede volverse oro en polvo en las manos de su dueño... o quedar valiendo menos que un pegote.
Esta es la síntesis de lo que afirman los galeristas y vendedores. El prestigio de un artista hace que sus obras valgan más, pero también que si se mira con ojos de negociante, vayan a la fija.
Germán Duque, de la Galería Duque Arango, indica que la creencia de que el arte no se desvaloriza, no puede ser una afirmación tajante.
“Si compras un Botero, por ejemplo, y lo adquieres por un precio justo, si bien es cierto que haces una inversión...