M iguel Sanabria es un oncólogo jubilado, personaje de la más reciente novela de Alberto Barrera Tyszka. El cáncer es uno de los temas que le ayudan al escritor para explorar, en Patria o muerte, el caos de su país, Venezuela, poco antes de la muerte de Hugo Chávez.
Dijo alguna vez que la ficción no se opone a la realidad, sino que la complementa. ¿Cómo funciona ese complemento?
“Tiene que ver más bien con las nociones que tenemos asociadas a lo real, como verdad, y a lo imaginado como mentira. En algunos ámbitos, todavía, se establece y se cree que lo contrario de la realidad es aquello que se inventa. Eso condena a la ficción al territorio de lo falso, le escamotea las grandes posibilidades que tiene la invención pura de mostrar, dar cuenta y ayudar a conocer la realidad. La fantasía ha sido subestimada y satanizada. La fantasía también puede ser un método para llegar a la verdad”.
¿Puede contarse la historia con la literatura?
“Por supuesto. Y los ejemplos son innumerables. La literatura tiene, además, la ventaja de que no se debe a las exigencias científicas, no pretende clasificar y analizar los hechos, solo desea narrarlos. Y en los pliegues y en las fisuras de la narración, siempre incompleta y sesgada, pasional y personalísima, puede ofrecer una mirada distinta sobre la historia colectiva”.
Ha ganado dos premios importantes, El Herralde, con La enfermedad, y el Tusquets, con Patria o muerte. Los dos hablan de alguna manera del cáncer. ¿Es coincidencia o un tema potente?
“La enfermedad se repite en muchos de mis textos, forma parte sin duda de mis temas. Tiene que ver con muchas cosas, entre otras con la organización de mi curiosidad literaria. Yo establezco un diálogo con el lector a partir de las heridas, del dolor. Me interesa la fragilidad humana y, en este sentido, la enfermedad es una experiencia inevitable: el cuerpo es nuestra tragedia natural”.
Patria o muerte, el título de su novela, remite a tener que escoger. Es lo uno o lo otro. ¿Tendrá que ver, también, en que a veces la vida nos pone, o la ponemos, o la imponen, en términos maniqueos?
“El título me funcionaba en varias direcciones y una precisamente era esa. Es una consigna que ejemplifica muy bien la mediocridad de los proceso de polarización. Son versiones político-religiosas que reducen nuestras vidas. La existencia, por suerte para todos, es mucho más compleja y tiene muchas más vivencias que esas dos palabras. En el fondo, cualquier país es mucho más que una patria y una muerte”.
En Patria o muerte escribe de la realidad de su país, Venezuela, desde la ficción. Escribió en colaboración una biografía de Hugo Chávez. Como escritor, ¿es importante escribir de los hechos en nuestros países?
“Yo creo que es importante escribir. Sobre lo que sea. Sobre lo que cada quien quiera. Sobre lo que duele, irrita, contenta. Escribir sobre lo que no se entiende, escribir para conocerse. Con esto quiero decir que no hay un deber específico, una exigencia que te obligue a escribir sobre ciertos temas. Un escritor latinoamericano puede narrar una fabulosa historia sobre la vida de un insecto en una biblioteca y eso, por ejemplo, no quiere decir que no le importe o no le angustie el tema de la violencia en el continente”.
¿La literatura debe ocuparse también de las pequeñas historias, de lo privado, de lo no famoso, de la cotidianidad?
“La literatura debe ocuparse del lenguaje. De sí misma. De lo que cuenta y de cómo lo cuenta. No importa el tema que sea”.
¿Cómo convivir entre los lenguajes de la literatura y de la televisión?
“Siento que hay una división muy clara, que se trata de formatos muy distintos, que exigen lenguajes y procedimientos narrativos diferentes, escrituras diversas. Son procesos radicalmente diferentes. La televisión es una industria muy estricta, con leyes rígidas, sus productos suelen estar más cerca de los estereotipos que de la ambigüedad. En la escritura literaria pasa lo contrario. Cuando yo escribo un guión, por ejemplo, sé que será leído en voz alta, las palabras serán dichas, formarán parte de otra escena, estarán al servicio de la producción de otro lenguaje. Cuando escribo literatura sé que, del otro lado, solo están los ojos del lector”.
En una columna en El País contó que cuando le dijo a su mamá que iba escribir telenovelas ella le dijo “¿Para eso estudiaste la carrera de Letras en la Universidad?”. Ahora, después de tantos años, ¿qué le diría?
“Supongo que tal vez ya no me diría nada aunque, probablemente, pensaría lo mismo”.
¿Vivir en otros países le ha permitido mirar a su país?
“Depende de las circunstancias. A veces, la distancia te puede ayudar a tener una versión más plural de todo, a comprender mejor la dimensión del proceso histórico de tu propio país. Pero a veces, también, la distancia te lleva a magnificar la realidad, a mirar tu país desde una ansiedad eléctrica. Yo tengo la suerte de que voy y vengo con mucha frecuencia, paso temporadas en Caracas y en México. Eso ayuda. Venezuela está viviendo cambios muy vertiginosos en todo sentido. Ni siquiera estando adentro resulta fácil entenderlo, procesarlo. Los estereotipos de la polarización se han venido abajo y la crisis económica nos está transformando totalmente. Solo es posible mirar al país desde la complejidad”.
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