Por juan felipe zuleta valencia
Ninguno de los 21 jugadores que estarán esta tarde en la cancha del Atanasio en el partido entre DIM y Cali, y tampoco los que iniciarán en el banco, habían cumplido su sueño de debutar como profesionales cuando David González ya lucía en su pecho la medalla de campeón, fruto del esfuerzo suyo y 22 compañeros más en un 2002 inolvidable para el club.
Por eso, por la memoria y la experiencia de tantas jornada y momentos, David ha sido capaz, por ejemplo, de anticipar, solo viendo el rostro de un compañero, que la final perdida ante Cali en 2015 sería inalcanzable.
“En el bus, camino al partido, le compartí a un compañero un sencillo mensaje de apoyo de un colega y él rompió en llanto. Él y varios más, tenían una sensibilidad con la que no puede disputarse un partido de estos”, recordó.
Es por esa capacidad de saber leer y asumir cada momento que se vive al interior de su oficio que sus palabras eran necesarias para la situación que atraviesa el cuadro rojo. “El hincha merece vernos juntos y saber qué hay en las entrañas del club que los representa”, dice.
Pero más allá de la difícil circunstancia, si algo tiene claro González es que “en el fútbol son más los momentos tristes que los momentos alegres. Uno quisiera que los felices fueran siempre, pero no creo que haya un solo deportista que tenga un saldo favorable de alegrías. Por eso que haya que atesorarlas”, sentencia el veterano guardameta de 36 años.
Atesorarlas, como aquella tarde del 20 de junio de 2002 cuando protagonizó la fiesta de la clasificación a la final ante Cali tras varios actos en los que pasaron de la dicha a la desazón varias veces.
Hechos que perduran para, precisamente, saber reponerse y avizorar un panorama más claro por encima de la bruma de una crisis o una dura derrota como aquella final ante los azucareros que fue la antesala de la sexta estrella seis meses después.
“Cabeza fría”: esas dos palabras son, para el portero poderoso, la piedra angular de un buen futbolista bajo cualquier circunstancia en la que se encuentre. Porque sí, el talento es determinante y la trayectoria exitosa, es motivo de orgullo y confianza, pero sobriedad emocional es fundamental.
Herencia necesaria
González va camino a ingresar al top-10 de los jugadores con más cantidad de partidos disputados en el fútbol profesional colombiano.
De dicha lista, salvo el exarquero Juan Carlos Henao, todos los demás jugadores marcaron sus registros hace dos, tres o cuatro décadas. De ahí la importancia de contar con jugadores con una extensa experiencia en su haber para enriquecer a los clubes. Mucho más en una época en la que el promedio de estancia de los jóvenes que debutan en algún elenco nacional y emigraron al exterior en los últimos cinco años ha ido disminuyendo hasta ubicarse, en 12 meses, según se puede deducir del informe entregado por Fifa sobre transferencias mundiales entre 2017 y 2018.
Pero si la vigencia en el fútbol luego de 17 años es difícil, lo es más ejercer un liderazgo desde el aplomo en un deporte plagado de desmesura, como cuando los insultos en su contra arreciaban desde la tribuna por las barras bravas rivales hasta que se fueron hartando de no desestabilizar a González.
“Nunca entendí el fútbol como algo en lo que, para defender lo propio, haya que atacar lo ajeno”, sentencia.
Hoy, siendo el arquero más vencido de la Liga (10 goles), David González mantiene la misma serenidad y liderazgo que el semestre pasado cuando fue el mejor guardameta del campeonato.
Por eso, como lo resalta el técnico ecuatoriano Octavio Zambrano, superior al legado de éxitos que deje un jugador como David, la mayor herencia es el liderazgo, que escasea, el que no necesita gritos ni imposiciones.
“Ojalá David y los futbolistas de su talante, perduren lo suficiente para ayudar a transmitir a los hinchas y jugadores jóvenes que este deporte es mucho más que un resultado”, reza Zambrano n
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