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La fuerza ancestral y orgullo cultural brillaron en los Juegos Indígenas de Antioquia

Con la bendición a la Madre Tierra en Dabeiba, más de 600 deportistas de 5 pueblos indígenas compitieron descalzos, lanzaron con cerbatana y demostraron que la tradición y el deporte caminan por el mismo camino.

  • La lucha y los deportes de combate son unos de los más apreciados por la comunidad indígena. FOTO cortesía pueblos indígenas de antioquia
    La lucha y los deportes de combate son unos de los más apreciados por la comunidad indígena. FOTO cortesía pueblos indígenas de antioquia
  • La fuerza ancestral y orgullo cultural brillaron en los Juegos Indígenas de Antioquia
  • La fuerza ancestral y orgullo cultural brillaron en los Juegos Indígenas de Antioquia
  • La fuerza ancestral y orgullo cultural brillaron en los Juegos Indígenas de Antioquia
hace 22 minutos
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Antes del comienzo de los juegos indígenas, en Dabeiba se pidió permiso. En la tarde del martes 6 de octubre, Edwin Tascón Vélez, médico tradicional embera chamí, armó en la cancha del coliseo municipal un altar con flores, con las frutas que los pueblos cultivan en sus territorios y con la fauna como símbolo. Invocó al Padre Creador y a la Madre Tierra, y les pidió a los espíritus del lugar que bendijeran lo que estaba por venir. “Es importante que en el altar recordemos ese gran legado que nuestros mayores nos han dejado para que perduren las costumbres y los juegos tradicionales”, explicó.

Así comenzó la final del Quinto Encuentro Deportivo Departamental de los Pueblos Indígenas de Antioquia, que se disputó hasta el sábado 10 de octubre de 2026. Los más de 600 deportistas se habían ganado el cupo en 2025, en las fases clasificatorias de Mutatá y del resguardo Karmata Rúa (Cristianía), en Jardín. Representaron a 32 municipios de siete zonas del departamento y a cinco pueblos: embera eyábida, embera Chamí, embera dóbida, senú y guna dule. Para el médico tradicional, este encuentro tuvo un sentido: “estamos uniendo a las culturas de nuestros cinco pueblos”.

Bajo el lema Volver al origen desde el SØ BIA (Buen Corazón), la Organización Indígena de Antioquia (OIA), con el apoyo de la Gobernación de Antioquia, a través de la Secretaría de Gobierno, la Gerencia Indígena e Indeportes Antioquia, estrenó la Carta Fundamental y los reglamentos de cada actividad. Nueve de las once disciplinas fueron ancestrales. “Acá estamos los cinco pueblos caminando hacia el sendero que nuestros abuelos construyeron”, expresó Johan Tascón Martínez, consejero mayor de la OIA.

Debut de mujeres en la lucha

Esta disciplina nació como una forma de resolver tensiones entre comunidades. Se disputó en un círculo de cuatro metros, y ganaba quien derribaba a su rival o lo sacaba del área solo con la fuerza. La gran novedad del encuentro fue la participación de las mujeres. Fueron seis las luchadoras que se enfrentaron.

Adriana Milena Bailarín Domicó llegó de la comunidad Chontaduro, en Frontino, donde trabaja en el campo cuidando ganado y es madre de una niña de siete años. Nunca había luchado. “Sentí un poco de miedo, porque nunca había tenido una experiencia así”, confesó. Sin embargo, en el combate no dudó: “estuve segura de que iba a ganar”. Y ganó. Para ella, lo mejor fue “conocer y compartir con otras personas”. Shaira Medellín, de San Juan de Urabá, fue segunda, y Yajaira Evao, de Vigía del Fuerte, tercera.

En los hombres, Fabián Pernía completó el doblete de Frontino, por delante de Darley Sinigui, de Murindó, y Hernando Calle, de Necoclí.

La calma bajo el agua

En la pileta, José Dailson Gutiérrez, docente del resguardo Tagual La Pó, en Segovia, aguantó 2 minutos y 18 segundos sumergido. La prueba nació de la pesca, y él la explicó como un ejercicio mental: “yo siempre cierro los ojos. No pienso en nada y trato de concentrarme”. Para su comunidad, la palabra va más allá del deporte: “la resistencia es lo que nos da el significado para hacernos fuertes, sea en la organización, en la vida personal o en lo social”. El segundo lugar fue para Yarly Barrientos, de Dabeiba, con 1 minuto y 59 segundos.

Precisión con la boloquera

Carlos Alberto Tascón llegó del resguardo Hermenegildo Chakiama, en Ciudad Bolívar, con su propia boloquera, como llaman los embera chamí a la cerbatana. “Para ustedes es tiro con cerbatana, pero para nosotros es un tiro silencioso y la usamos para cazar animales en el monte”, explicó. Sus abuelos untaban de veneno la punta de los dardos. En Dabeiba, donde esa práctica estuvo prohibida, solo contó el pulso. Sumó 14 puntos y retuvo el título que, según él, ya ha ganado cinco veces. Su tarea, dijo, es enseñarles “a mis hijos y a los hijos de mis hijos esta tradición”.

En el tiro con arco y flecha, Germán Bailarín, de Vigía del Fuerte, fue el mejor, con cuatro puntos. Para llegar a los juegos caminó, navegó en canoa y viajó por tierra.

La fuerza ancestral y orgullo cultural brillaron en los Juegos Indígenas de Antioquia
La fuerza ancestral y orgullo cultural brillaron en los Juegos Indígenas de Antioquia

Descalzos hasta la meta

Aunque el atletismo ancestral de los juegos se corrió en pista, lo que importó fue cruzar primero, como lo hacían los mensajeros que unían comunidades separadas por las montañas. Los atletas lo hicieron descalzos. Luz Adiela Álvarez y Carlos Muentes, ambos de San Juan de Urabá, se impusieron en los 100 metros en las ramas femenina y masculina, respectivamente.

Detrás de Luz Adiela llegó Luisa Fernanda Cuñapa, de 18 años, estudiante de grado 11 del resguardo Polines, en Chigorodó. Nunca había participado en pruebas de atletismo. “Mi papá siempre me decía: ‘algún día vas a ser una corredora’”, comentó. En la final, algo le chuzó el pie cuando iba alcanzando a la puntera. “Llegué en el segundo puesto y, corriendo, se me pelaron los dedos, pero me sentí muy bien”, agregó.

Luisa, además, es delantera y goleadora en el fútbol, y también canta. Sueña con ser futbolista y cantante, las dos cosas a la vez. “Nunca pensé que un día estaría aquí con mucha gente mirándome correr, pero ahora veo que sí. Todos los sueños se cumplen”, indicó.

Saltar como sapitos

Doyama Carupia se levanta a las tres de la mañana, y a las seis y media ya está sembrando cacao y maíz en Chigorodó. En la carrera de coordinación en costal ganó por una centésima, con 15,63 segundos, frente a los 15,64 de Umberto Gualeruca, de Frontino. “Es algo natural que juega uno como encostalado, compitiendo como sapitos”, expresó sobre una práctica que aprendió de niño.

En los relevos mixtos con carga agrícola, homenaje a la cosecha, Necoclí se impuso con Ana Sofía Álvarez y Willimar Díaz. “Es un gran orgullo representar a nuestra comunidad indígena senú, porque nunca habíamos estado en unos juegos de estos”, dijo Ana Sofía al finalizar la prueba.

La fuerza ancestral y orgullo cultural brillaron en los Juegos Indígenas de Antioquia

Hasta la rama más alta

Al lado del río Sucio, Wilinton Bailarín, de la comunidad Guapá Alto de Chigorodó, alcanzó los cerca de ocho metros de altura. Tocó la rama de referencia del árbol de corteza rugosa y descendió de inmediato. Todo lo hizo en 16,19 segundos. Jornalero del plátano y el cacao, trepa desde niño, aunque el tronco cobra su precio: “al subir se pelan mucho el pecho, las manos y las piernas”. Al bajar, lloró: “sentimientos y mucho orgullo por mi comunidad. Los quiero a todos”. Silber Dojirama, de Vigía del Fuerte, fue segundo.

Pelota de trapo

Es el juego de los senúes. Se parece al béisbol, pero no lo es: la bola es pesada y va rellena de retazos de tela, el bate es de madera plana y no hay strikes. Todo es ponche, y se juega en equipos mixtos. Necoclí fue el mejor al vencer a Turbo.

“Es un orgullo de nuestra tradición, ya que soy indígena senú y es un juego de mi pueblo”, afirmó Juan Esteban Franco Castro, de 17 años, de la comunidad La Arenera Dokerazabi, en Turbo. Por su parte, Yulieth Rada Guevara, guardia indígena de Bocas de Palmitas, en Necoclí, resumió la herencia: “esto nos lo dejaron nuestros ancestros y es muy importante que lo sigamos practicando”.

El balón de siempre

El fútbol y el fútbol de salón no son autóctonos, pero en las comunidades se juegan porque desde niños tienen una pelota en los pies. Eso sí, nadie le dice fútbol de salón: para ellos es micro o microfútbol. Se jugó con todas las reglas vigentes de esa disciplina, al igual que el fútbol, que tuvo una sola concesión: la flexibilidad en el uso de espinilleras.

Neilly Dogarí Cuñapa, de 21 años, de la comunidad Jaikerazabi, del pueblo embera eyábida, en Mutatá, heredó el micro de su madre, Luzdari Cuñapa, a quien veía competir en los departamentales. Hoy, la hija de Neilly, Emily Sofía, de cuatro años, le pide lo mismo: “mamá, yo quiero ir con usted, verte jugar, verte hacer los goles”.

La semana cerró con la premiación y con cantos embera. Dailson Gutiérrez dejó el mensaje que sintetizó el encuentro: “que estos juegos no los tomemos solo como una competencia, sino como una integración, como un compartir de conocimientos, culturas y saberes”.

Bloque de preguntas y respuestas

¿Dónde y cuándo se realizaron los Juegos Indígenas de Antioquia?
El Quinto Encuentro Deportivo Departamental de los Pueblos Indígenas de Antioquia se disputó en Dabeiba, del 6 al 10 de octubre de 2026, con la participación de más de 600 deportistas de 32 municipios y cinco pueblos indígenas.
¿Cuáles fueron las principales novedades de esta edición?
Una de las novedades más destacadas fue la participación de las mujeres en la lucha ancestral. Además, se estrenaron la Carta Fundamental y los reglamentos de las actividades, nueve de las cuales fueron disciplinas ancestrales.
¿Qué importancia tienen estos juegos para las comunidades indígenas?
Más allá de la competencia y las medallas, los juegos permiten preservar las tradiciones, transmitir los conocimientos de los ancestros y fortalecer la unión entre los pueblos embera eyábida, embera chamí, embera dóbida, senú y guna dule.

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