El lazo de amistad que hay en el taekwondo antioqueño es tan fuerte que, sin importar el tiempo y la distancia, varias figuras de este deporte, algunos fuera de la alta competencia pero aportando su saber en otros países, y otros activos, se reencontraron después de varios años, no como hubieran anhelado e imaginado, para despedir y rendirle homenaje a un referente de este arte marcial en el país y que hoy enluta dicha especialidad: Ronal Marín.
Múltiple campeón nacional en la década del 2000 y quien también tuvo la oportunidad de actuar en el ámbito internacional, Ronal, de 42 años de edad, falleció el pasado domingo 19 de mayo tras accidentarse en su bicicleta.
Amante también del ciclismo, disciplina en la que tenía varios grupos y realizaba diferentes grandes fondos, entre ellos el Giro de Rigo, la cicla de Marín se quedó sin frenos bajando por el sector de Vizcaya, en El Poblado, se estrelló contra un poste y perdió la vida.
A Ronal lo recuerdan como un hombre serio, disciplinado, solidario, alegre, cordial y, sobre todo amante del deporte.
Toda su vida estuvo relacionada con la actividad atlética. Además de taekwondo, en el que era cinturón negro (se preparaba para ser tercer dan), también practicaba artes marciales mixtas y el pedalismo. Su bici, como recuerda su hermana Yoli, era su novia, su niña consentida.
“No podía quedarse un día sin hacer ejercicio. O iba al gimnasio, se trasladaba a hacer taekwondo o se iba a montar en la bicicleta”, cuenta Yoli, tranquila al saber que Ronal fue una persona de bien y dejó un gran legado.
“Siempre hablaba de que había que tener la mente muy activa con el deporte porque esta hacía lo que el cuerpo no podía. Los hijos de sus amigos eran como los hijos de él, los consentía, les daba regalos, los llevaba a hacer algún ejercicio. Siempre trató de inculcar que el deporte era la llave para tener una mente sana. Tenía un poder de convocatoria tremendo, era un líder”.
Y su muerte también convocó a esos amigos que estuvieron en su etapa de formación deportiva para rendirle tributo.
“Siempre luchó para que todo el mundo estuviera bien, sin importar lo que hubiera que hacer por el otro”, recuerda Yoli, que incursionó en el deporte impulsada por su hermano y quien ahora es administradora de empresas.
“En una Selección Antioquia no siempre se tienen los apoyos económicos a la mano, entonces él se las ingeniaba para que se lograra viajar a los campeonatos, convocaba a la gente, ayudaba a vender los productos, boletas, siempre fue alguien de dar para poder lograr un objetivo”, agrega.
Yoli dice que el homenaje que le hicieron, todos vestidos con la indumentaria con la que alguna vez dejaron en alto el nombre del departamento, fue la mejor forma de recordarlo. “La reunión de entrenamiento que hicimos fue para realizar las cosas que a él le gustaban, las patadas que lanzaba o los ejercicios que más lo caracterizaban”, indica Yoli sobre Ronal, quien tenía dos hijastros y era diseñador gráfico y laboraba como comerciante.
“Las despedidas se hacen en familia y entrenando el deporte que a cada atleta le gusta. Hacía unos 24 años no nos reuníamos pero lo hicimos para lograr rendir, juntos, este homenaje en aras de una despedida. Recuerdo a Ronal como una persona sonriente, amigable y servicial”, indicó Lina Heredia, quien ahora es psicóloga pero entrena en España a niños y niñas que incursionan en el mundo del taekwondo.
Mónica Urrego Montoya, maestra de taekwondo (séptimo dan) recuerda a Ronal como un ser maravilloso, un deportista integro. “Donde llegó, dejó una huella positiva impactando vidas, desde su ser, para ayudar. Nunca tenía la cara triste en medio de las dificultades, nunca había un no, siempre tenía la fuerza para salir adelante. Lo único que hacía era inyectar energía, aun estando mal, a todas esas personas que podía”.
En el taekwondo paisa hay luto tras la pronta partida de uno de sus mejores alumnos, pero el recuerdo de Ronal, como dicen sus seres allegados, permanecerá vivo gracias a su talento y actitud para ayudar a sacar adelante este deporte en Colombia.
Impresionó y compartió sus habilidades
Sara Rojas, de 29 años, medallista de bronce en Manizales en 2023 durante los Juegos Atléticos Nacionales, no olvida los aportes de Ronal en el taekwondo antioqueño. “Siempre se caracterizó por ser un atleta rápido, era demasiado veloz con sus piernas y le gustaba hacer muchas técnicas fuera de lo común. Giraba, saltaba, hacía más de cuatro patadas en una acción, fue un ejemplo a seguir. Era como mi hermano mayor, me enseñó a sonreír cuando se tenía que bajar de peso, cuando nos tocaban peleas difíciles o cuando se debía viajar y no teníamos los recursos”, expresó Sara, quien es hija del entrenador de taekwondo Jorge Humberto Rojas, el hombre que también formó a Ronal para que lograra respeto y reconocimiento en esta especialidad.