Por REDACCIÓN Y AGENCIAS
El horizonte, a 100 días de los primeros Olímpicos en Suramérica, no se divisa claro. Se percibe dilatado, confuso, lleno de incertidumbre y conjeturas pese a que, en el tema que siempre preocupa, los escenarios, Brasil ya los tiene listos en un 98%.
“Estos Juegos Olímpicos serán un mensaje de esperanza en tiempos difíciles”, expresó Thomas Bach, presidente del COI, antes del encendido del fuego olímpico en Grecia el pasado jueves.
Y el camino para llegar a las justas de Río de Janeiro el 5 de agosto, día de la inauguración, se presenta espinoso, pues allí se vive una crisis social, política y económica.
Con cerca de 16,5 millones de habitantes -6,3 de ellos en su capital-, el estado de Río de Janeiro está “próximo a un colapso social”, como aseguró a EFE Leonardo Espíndola, alto funcionario regional.
El estado sufrió el impacto del escándalo desatado en la petrolera estatal Petrobras, eje de una compleja trama de corrupción, desvíos y lavado de dinero que salpica a funcionarios del Gobierno de Dilma Rousseff, dirigentes de la oposición y a algunas de las principales empresas del país, muchas involucradas en proyectos relacionados con infraestructuras de Olímpicos.
La situación es “calamitosa”, admiten las autoridades, que no pueden contar con el apoyo del Gobierno Federal, en medio de la recesión económica que sacude a Brasil.
Rousseff, duramente cuestionada por los gastos del Mundial de fútbol en 2014, está al borde del abismo. Sometida a un juicio político, es probable que esté suspendida cuando arranquen los Juegos, consecuencia de la peor recesión que sufre Brasil en décadas, un desempleo del 10% y un escándalo de sobornos de 3.000 millones de dólares de la petrolera estatal Petrobras.
Dicen que en vez de mejorar, la situación ha empeorado y, aunque el estado no es directamente responsable de la organización de los Olímpicos, es parte implicada y el “colapso” que reconocen sus autoridades puede impactar en los Juegos.
“Tal vez se avecine una situación en la que no haya gasolina para los autos, nuestros hospitales atraviesan por extremas dificultades y nuestros funcionarios tienen salarios atrasados”, reconoció Espíndola. Las epidemias de dengue, zika y ahora también de gripe A pueden cobrar caro durante las justas.
La cadena televisiva estadounidense NBC ya ha generado más de 1.000 millones de dólares en publicidad y fijará récords para los Olímpicos.
El británico Michael Payne, exdirector de marketing del Comité Olímpico Internacional señaló que “los Juegos de Río van a sorprender a todos. Sin duda el país encara una ‘tormenta perfecta’: trastornos políticos y económicos, el zika, demoras en pocas obras. Pero al final de cuentas, el escenario único e increíble que ofrece la ciudad -que tiene probablemente los paisajes de fondo más espectaculares jamás habidos en una justa olímpica- y la atmósfera de carnaval de los brasileños van a hacer que se superen todos esos problemas. Estos bien pueden ser los juegos más grandes de la historia”.
Mientras cientos de deportistas y turistas se alistan para llegar a Río, esta ciudad lucha para cambiar su cara y dar buena imagen. Quedan 100 días.
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