El deporte colombiano atraviesa uno de sus momentos más tensos en décadas. Lo que comenzó como un Gobierno que prometía fortalecer el acceso, la inclusión y el papel social del deporte terminó convertido, para muchos atletas y dirigentes, en una etapa marcada por recortes, incumplimientos y decisiones que han debilitado la estructura deportiva del país. La pregunta que hoy se repite en escenarios, concentraciones y redes sociales es directa: ¿dónde está la plata para el alto rendimiento?
De la promesa al ajuste fiscal
Desde su llegada al poder, el gobierno de Gustavo Petro planteó una visión del deporte ligada a lo social: herramienta de transformación, prevención de la violencia y acceso para las regiones más vulnerables. Sin embargo, esa narrativa ha chocado con una realidad presupuestal restrictiva.
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Dirigentes del sector han advertido que el recorte no solo afecta al alto rendimiento, sino que rompe la cadena completa del sistema deportivo. Para Ciro Solano, presidente del Comité Olímpico Colombiano, el país corre el riesgo de retroceder años en su desarrollo: “El deporte no puede sobrevivir sin una base financiera sólida. Esto no es un gasto, es una inversión de país”.
Frustración acumulada
La inconformidad de los deportistas ha dejado de ser silenciosa. Medallistas, entrenadores y referentes han salido a cuestionar abiertamente la situación.
El bicicrosista Carlos Ramírez ha sido uno de los más críticos al advertir que la preparación de los atletas depende directamente del respaldo económico: “Sin apoyo no hay resultados. No es solo competir, es todo lo que hay detrás: viajes, entrenamientos, equipo humano”.
En la misma línea, la pesista Mari Leivis Sánchez expresó la preocupación que comparten muchos de sus colegas: “Uno entrena todos los días con la ilusión de representar al país, pero también necesita estabilidad. No podemos vivir en la incertidumbre”.
Incluso voces históricas han intervenido. Caterine Ibargüen ha insistido en que el deporte colombiano no puede depender de decisiones coyunturales: “Lo que se ha construido en años no se puede poner en riesgo. El proceso deportivo es a largo plazo”.
Alerta roja en el sistema
Desde las federaciones, el diagnóstico es igual de preocupante. Técnicos y dirigentes coinciden en que el problema ya no es solo de resultados, sino de sostenibilidad.
Entrenadores de distintas disciplinas han advertido que se han reducido concentraciones, fogueos internacionales y programas de preparación. “Estamos trabajando con lo mínimo”, reconoció un técnico de alto rendimiento que prefirió no ser citado, reflejando el temor que existe en el sector.
Para varios dirigentes, el golpe más fuerte ha sido la incertidumbre: no hay claridad sobre los recursos, los tiempos ni las prioridades. Esto, aseguran, dificulta cualquier planificación seria.
Incumplimientos que rompen
El episodio que terminó de fracturar la relación entre el sector y el Gobierno fue la pérdida de la sede de los Juegos Panamericanos 2027 en Barranquilla. Para muchos, ese hecho simboliza un punto de quiebre.
El excampeón y dirigente deportivo Óscar Figueroa calificó la situación como un retroceso: “Era una oportunidad histórica para el país. No solo en lo deportivo, sino en infraestructura y desarrollo”.
A esto se suman retrasos en pagos, incertidumbre sobre incentivos a medallistas y dificultades en programas clave como los Juegos Intercolegiados. “Se está afectando la base, y sin base no hay futuro”, coinciden entrenadores y formadores.
El problema no se limita a los nombres conocidos. En regiones apartadas, donde el deporte es muchas veces la única alternativa de desarrollo, los recortes se sienten con mayor fuerza.
Formadores comunitarios han advertido que cientos de niños podrían quedar por fuera de procesos deportivos. “Estamos perdiendo talento antes de que siquiera tenga la oportunidad de mostrarse”, señaló Álvaro Estrada, un coordinador regional.
El deporte paralímpico, uno de los grandes orgullos recientes del país, también ha expresado su preocupación. La falta de recursos amenaza con frenar un proceso que había convertido a Colombia en potencia continental.
El choque de visiones
Desde el Gobierno, la explicación apunta a la necesidad de priorizar recursos en sectores sociales como salud, educación y lucha contra la pobreza. La visión oficial insiste en que el deporte debe tener un enfoque más social que competitivo. Sin embargo, esa postura ha generado un choque con atletas y dirigentes, quienes consideran que ambas visiones no son excluyentes. “No se trata de elegir entre lo social y el alto rendimiento. El deporte puede y debe ser ambas cosas”, argumentan desde el sector.
Un modelo en riesgo
El modelo deportivo colombiano, que durante años permitió resultados históricos en Juegos Olímpicos y competencias internacionales, hoy está en discusión.
El joven gimnasta Ángel Barajas ha resumido la incertidumbre de una nueva generación: “Queremos competir, queremos representar al país, pero necesitamos garantías”.
Esa frase resume el sentimiento general: no es solo una queja, es una advertencia.
El deporte colombiano se encuentra en una encrucijada. Entre promesas de transformación social y recortes presupuestales, el sistema enfrenta una tensión que podría marcar su futuro.
Atletas, entrenadores y dirigentes coinciden en algo: el país no puede darse el lujo de perder el camino recorrido.
Porque más allá de las medallas, lo que está en juego es un modelo que le dio identidad, orgullo y esperanza a millones de colombianos. Y hoy, ese modelo —como nunca antes— está en duda.
A medida que se acercan nuevos ciclos olímpicos y competencias internacionales, el margen de maniobra se reduce. El tiempo para corregir el rumbo es limitado, y las decisiones que se tomen en los próximos meses definirán si Colombia sigue siendo protagonista en el deporte mundial o si, por el contrario, entra en una etapa de retroceso cuyos efectos podrían tardar años en revertirse.
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