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El gran desafío: un desarrollo inclusivo

  • Foto: cortesía El Espectador
    Foto: cortesía El Espectador
Publicado el 08 de febrero de 2016

uatro años después de que Colombia propusiera en la cumbre de Río+20, en Brasil, la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), estos finalmente fueron adoptados en el marco de la Agenda 2030 en la Asamblea General de Naciones Unidas, que tuvo lugar en septiembre de 2015.

Ahora los países disponen de una nueva herramienta que les deberá permitir afinar sus estrategias para lograr efectiva armonía entre crecimiento económico, sostenibilidad, reducción de pobreza y lucha contra el cambio climático, entre otros temas.

A tal tarea, Colombia le suma este 2016 el fin del conflicto con las Farc y necesita garantizar que la etapa siguiente sea sostenible, no solo con recursos económicos suficientes, sino que esa inclusión social esté en armonía con el medio ambiente y el desarrollo. Se vuelve una oportunidad única para el país de lograr trayectoria de desarrollo más sostenible e inclusivo, que aborden de manera íntegra los desafíos que se vienen.

EL COLOMBIANO habló con Paula Caballero, directora global de Prácticas Ambientales y Recursos Naturales del Banco Mundial. La exrepresentante de Colombia en la cumbre de Río+20, analizó desde Nueva York los desafíos de largo plazo que enfrenta el país, con la salvedad de que su rol actual la limita a hablar de un país en específico:

La depredación de recursos naturales que dejó el auge de las materias primas en Colombia, ¿cuándo nos pasará factura?

“La valoración correcta del capital natural es un tema clave, pero no se logró su plena incorporación en el documento final de la cumbre de Río+20. La riqueza de un país no se puede medir solo con Producto Interno Bruto (PIB), se debe integrar el capital natural. Cuando el costo de la degradación ambiental se valora, puede restar hasta 10 puntos del PIB de un país. Es importante que los países cuantifiquen el costo de estos impactos”.

Usted ha planteado que el país es altamente vulnerable ante el cambio climático. ¿Por qué?

“Muchos países son muy vulnerables a los impactos del cambio climático y la variabilidad climática, por lo que los esfuerzos dirigidos a aumentar la resiliencia de los sistemas naturales, económicos o sociales, esa capacidad que tiene un sistema para enfrentarse de manera integral ante una adversidad, son fundamentales hoy en día. Pero es importante tener en cuenta la necesidad de una resiliencia amplia, que incluye tanto la capacidad de hacerles frente a las eventualidades o emergencias que ocurran de un momento a otro, como también a fenómenos paulatinos como el aumento del nivel de agua y degradación de los suelos”.

De cara a la recuperación productiva de tierras y el posconflicto, ¿cómo ve al país?

“La agenda de restauración es un triple gana en todos los sentidos. La restauración de tierras degradadas para convertirlas en lugares productivos a través de esquemas de reforestación, agroforestería (combina la silvicultura y agricultura), entre otros, ofrece posibilidades de mejorar las condiciones ambientales, incrementar la productividad, y generar mayor bienestar para las poblaciones. Es una agenda que hoy es prioritaria. América Latina, por ejemplo, se comprometió a la iniciativa 20x20, que es un esfuerzo liderado por los países de la región, para lograr la restauración de 20 millones de hectáreas para el año 2020. Al momento, los compromisos ya suman más de 25 millones de hectáreas. En el ámbito mundial, el Reto de Bonn es un compromiso para restaurar 150 millones de hectáreas alrededor del mundo para ese mismo año, mientras que la Declaración de Nueva York sobre bosques apunta a la restauración de 350 millones de hectáreas para el año 2030”.

¿De qué manera los avances en desarrollo sostenible aportan a la reconciliación y mayor bienestar?

“Frente a condiciones de riquezas naturales que se combinan con altos índices de vulnerabilidad, es importante adoptar las políticas e incentivos correctos para mantener altos niveles de productividad, de cohesión social y de funcionalidad ecosistémica. El crecimiento sostenible y sostenido llama a abandonar perspectivas cortoplacistas que muchas veces generan ganancias para unos pocos. Muchos países han avanzado en reducir sus indicadores de pobreza, incluso de pobreza extrema. Sin embargo, la pregunta decisiva es: ¿qué estamos haciendo para reducir la pobreza de mañana?”.

¿Las tierras y el campo son fundamentales para lograr esa tarea contra la pobreza a futuro?

“Disminuir la pobreza rural es clave para atender la pobreza del mañana, por lo que se deben garantizar recursos naturales y económicos para ello. Aquí es importante el cuidado del ambiente, el cual trasciende la gestión de un determinado recurso, y se entiende como eje decisivo del desarrollo humano. Muchos aún creen que el cuidado ambiental tiene que ver exclusivamente con protección de un determinado recurso, pero la realidad que enfrentamos es que hoy en día más gente muere por causas relacionadas con la degradación y contaminación del aire, que por VIH y malaria. Por ejemplo, el impacto negativo de la degradación ambiental en China, que afecta su salud pública, le resta puntos porcentuales al PIB nacional. Por ello, se deben impulsar agendas ambiciosas que busquen detener la degradación del ambiente, y a la vez manejar de manera inteligente y con visión de largo plazo, los recursos naturales”.

¿Ve otra amenaza aparte de la pobreza?

“El problema no es solo la pobreza, el problema también es la riqueza, el consumo desenfrenado. Los grandes desafíos de las próximas décadas serán los patrones de consumo y producción, que requieren ser más sostenibles. Ahí está el reto. El crecimiento de la clase media mundial exigirá que repensemos cómo manejamos los recursos, de manera que logremos un desarrollo inclusivo, que no acentúe la desigualdad”.

¿El déficit fiscal en países como Colombia, que dependen del petróleo, es excusa para no continuar programas de reducción de pobreza o cuidado del medio ambiente?

“La reducción de la pobreza y el buen manejo del medio ambiente deben siempre ser prioridades. Si el desarrollo no es inclusivo y sostenible, no logrará generar ganancias y bienestar para un país a largo plazo. Sin estas cualidades, el desarrollo podrá convertirse en causa de tensión y conflicto”.

En ese contexto, ¿resultan más pertinentes los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM)?

“Los ODM fueron en su momento una propuesta audaz para lograr jalonar y priorizar indicadores claves para el desarrollo de los países en temas como maternidad adolescente, mortalidad infantil, o enfermedades transmisibles. Su limitante es que tenían un enfoque social, pero no incorporaron elementos económicos ni ambientales que son ejes del desarrollo. Por ejemplo, para reducir la mortalidad materna se requiere no solamente una meta social, sino también otros elementos fundamentales, tales como sistemas de salud funcionales, acceso a la buena nutrición, entre otros. Este tipo de enfoque más integral no fue contemplado en los ODM. Otra diferencia importante es que mientras los ODM fueron desarrollados por el secretariado en Naciones Unidas, los ODS fueron producto de un gran ejercicio global, con amplia participación de los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado. Colombia presentó una propuesta más integral, que construía sobre el modelo anterior (ODM), pero la trascendió a una visión de desarrollo mucho más completa”.

Con esta adopción internacional, Colombia dejó un legado al mundo, tras la cumbre de Río+20...

“Sin duda la contribución de Colombia fue importante, Los ODS son hoy el eje de la nueva agenda internacional de desarrollo, la Agenda 2030”.

¿Podemos decir que ya se están cumpliendo los capítulos que indican los ODS?

“Este nuevo marco internacional apenas se aprobó en septiembre pasado. Algunos países como Colombia han iniciado ejercicios para lograr su implementación de manera proactiva y temprana. Para otros países será un proceso más gradual. Pero es importante recordar que es una agenda para cumplir en los próximos 15 años”.

¿Cómo permitirles a las personas del común que puedan hacer control a esa agenda global?

“Una manera es con los indicadores que se definirán en marzo próximo en Naciones Unidas. En el caso de Colombia, participa el Dane. Los indicadores deben jalonar la política pública, deben ser catalizadores, pero tienen que ser medibles, razonables y de utilidad para cada país, relevantes para su desarrollo. Es contra el cumplimiento de aquellos indicadores que cada país adopte, que puede haber una rendición de cuentas. Pero no se limita a los gobiernos. El sector privado ha mostrado gran liderazgo en esta nueva agenda. Por ejemplo, muchas empresas suscribieron la Declaración de Nueva York sobre bosques, a la que hice referencia anteriormente, y se han comprometido a eliminar la deforestación de sus cadena de valor”

Contexto de la Noticia

Juan Luis Mejía Arango

Este artículo se publicó en el aniversario 104 de EL COLOMBIANO, con Juan Luis Mejía como director invitado.

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