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Como en un experimento con excelentes resultados, Diana Crump decidió reinventar el sastre masculino y adaptarlo a la silueta femenina, buscando una nueva sensualidad para la mujer.
Su interés por el vestuario no es pura casualidad. La madre de Diana Crump es diseñadora de interiores, y en su casa siempre hubo telas, elementos que más tarde servirían de inspiración para componer exquisitas piezas de sastrería. “Desde pequeña, me gustaba ver a mi mamá en su trabajo con telas y colores. Creo que de ahí vienen las ganas de trabajar en moda”. Como una premonición de su futuro, esa fascinación por lo textil la llevó a realizar un pregrado en diseño de moda en Francia, lugar que le dio la oportunidad de trabajar en Hermés, la gran casa de diseño que la llenaría de conocimiento y disciplina para darle vida a su propia firma, el Atelier Crump.
Una decisión atrevida.
“En noviembre del 2014, yo venía haciendo sastrería masculina y tuve un matrimonio en Bogotá en el que vestía al novio y a sus invitados, y en el que también era invitada. Entonces, me pregunté ¿por qué no ir de pantalón y chaqueta para no morir de frío, y hacerme una pinta que pueda promocionar mi propio proyecto?,...