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“Al final del día un vestido se tiene que vender solo en el gancho, por más pasarelas y bololó editorial que haya tenido”.

El diseñador será encargado de

abrir la edición número 27 de Colombiamoda al son del tango.

  • FOTO EMANUEL ZERBOS
    FOTO EMANUEL ZERBOS
25 de julio de 2016
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Angustia, estrés, miedo, emoción, orgullo, felicidad, placer... estos sentimientos son los que invaden, al tiempo, al diseñador Jorge Duque cuando hace un pare en el camino y mira el trabajo que está a punto de mostrar en Medellín para abrir la edición número 27 de Colombiamoda.

Para muchos no fue una sorpresa que Jorge diera apertura este año a la feria, luego de un desfile espléndido en la pasada edición donde trasladó al público asistente a los caóticos años 80. Sin embargo, cuando él recibió esa carta de invitación formal para realizar el primer desfile de la feria, quedó atónito.

“Fueron palabras hermosas. Me llenó de orgullo que aquellos que me apoyaron desde el inicio me dieran el honor de participar en el evento de una forma tan importante, más cuando el tema este año es Ser para ser, en el que uno de los adjetivos principales es la autenticidad, y a su juicio ven que mi marca ha logrado crear un ADN propio en el mundo editorial de Colombia y Latinoamérica”.

No es para menos, la experimentación de materiales y la evocación de historias hacen parte de la esencia de este diseñador, que se define a sí mismo como una persona común y corriente que vive como todos, se deprime como cualquier persona, y aún así es alegre y disfruta de la vida.

Hay dos objetivos que Jorge tiene muy claros a la hora de llevar a cabo una colección. La primera es contar una historia y sublimar una emoción. La segunda es enviar un mensaje a cada clienta. ¿Cuál? “A una le digo que se divierta, a otra que viva la moda, a otra que recupere la luz que vive dentro de sí misma, a otra le entrego lenguajes que le ayuden a empoderarse de su ser, a otra que la ropa es una extensión de ella para vivir... esos mensajes los pueden encontrar en una sola colección y en todas las que he hecho”.

El tango

Seis meses se demora Jorge para realizar sus colecciones. Seis meses se demoró en la que se verá esta noche a las 9:00 en las bodegas de Ron Medellín de la Fábrica de Licores de Antioquia. La empezó un día del pasado noviembre cuando visitó la Casa Gardeliana en Manrique.

“¡Me pareció divina! No tanto desde el glamour, la esencia o el referente cultural, me encantaron la convivencia de esa casa y los recuerdos a los que uno puede acceder. Estaba sentado tomándome un tinto cuando llegaron dos señores, cada uno pidió un aguardiente y al frente vi por la ventana que pasaron dos chicos muy jóvenes con sus pintas skate. Ese contraste me fascinó”.

De allí salieron dos pilares fundamentales para esta colección que no lleva ningún nombre en especial, simplemente es Primavera-Verano 2017. El primero es el tango como fenómeno transgresor, que se percibió en sus inicios como del bajo mundo y luego se incorporó a la sociedad. El segundo es el filete argentino, un elemento que nos ha influenciado a los latinos y fue resultado de las fusiones más particulares dentro de la gran migración europea a América, en términos de color y trazo, que hoy es patrimonio de la humanidad.

A estos elementos, el diseñador les quiso añadir la contemporaneidad de festivales como Coachela, en los que no hay etiquetas y prima el deseo de emocionarse, divertirse y vivir una experiencia inolvidable.

Todo esto se concreta en vestidos con influencia de los años 30 y 70, con tonos envejecidos evocando aquellos de colores empolvados en una tienda de usados en San Telmo, Argentina, con flores fileteadas con resinas y cáscaras de huevo e impresiones holográficas y en 3D, donde los print van al ritmo de la pasarela de cada modelo y pasan de ser rosales a convertirse en lirios, haciendo eco de aquellos cuadros de santos que persiguen con la mirada a quien los mira.

Un as bajo la manga

Recurrir al tango para abrir una feria de moda en Medellín, Colombia, puede interpretarse como un as bajo la manga de Jorge, insinuación que él no niega, pero sí aclara. “Fue coincidencial, pero no digo que no, no lo puedo contradecir. Soy respetuoso de dónde se buscan las inspiraciones, pero no creo que haya que pegarse un viaje tan lejano para percibir estéticamente algo. Creo que hay que mirar hacia adentro, lo que somos y tenemos, para poderlo contar, modular y hacerlo ver internacional”.

En cuanto a si Jorge Duque es más maduro hoy que hace seis años que fue el vencedor de la primera edición de Project Runway Latinoamérica, la respuesta es un rotundo ¡no! “Con toda honestidad, creo que nunca lo podré decir. ¿Cómo mido yo qué tan amarillo estoy para caerme del árbol? No lo sé. Todos los días someto mi trabajo a más autocrítica. Desfilo y termino arrepentido del 60 % de lo que hice, no lo quiero ni ver, lo vuelvo a reinterpretar y a veces lo tengo que volver a hacer. Eso sí, ya no soy tan miedoso como lo era en esa época y ya no le pongo tanta atención a la crítica.

Si la madurez se mide en metros cuadrados de trabajo, hoy tengo un taller más grande y doy empleo a mis chicas; si es vivir como rico, todavía no me he comprado el Porsche modelo 81 que quiero –déjate que un día de estos me meto en una deuda–, pero madurez creativa creo que nunca la tendré”.

Por ahora tiene la ilusión de poder entregar una buena colección, de comprarse una casa en un futuro cercano para vivir su vejez con dignidad, “las canas no son sabiduría, son viejera”, dice, y tiene muy claro que si algún día se quiebra, vuelve a coger un libro de fisioterapeuta para actualizarse y de eso vivirá hasta el fin de sus días.

Infográfico

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