Como una sonrisita de soslayo, esa que curva los labios por la satisfacción del logro alcanzado, es que Viña Machado asemeja la sensación de haber llegado a Cien años de soledad. La imagen de lo que ha significado esta serie en su carrera actoral queda completa al decir que, al mismo tiempo que aparece la risa, en la mente está la pregunta inevitable: “¿Y ahora cómo me paro yo aquí frente a este personaje?”.
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En la primera temporada de la adaptación que hizo Netflix de la novela de Gabriel García Márquez –que el 5 de agosto estrenará su segunda parte–, Virginia María Machado es Pilar Ternera, esa mujer de belleza marchita que lee en cartas el pasado y el futuro de los habitantes de Macondo, y que termina convirtiéndose en la amante de los hermanos Buendía.
Mucho antes de llegar a ese, uno de los papeles más importantes de su trayectoria, el primer oficio que conoció la samaria de 46 años fue el de modelo, al que le dedicó 13 años de su vida. A los 26 se bajó de la pasarela para convertirse en actriz: ha sido Anabella Morón, en Comando Élite; Carmen Rondón, en El Comandante; Eugenia de Upton, en La esclava blanca; Mónica Rojas, en Las de siempre. Y entre todo esto, lo que ha permanecido es la escritura y los libros.
Viña recuerda que, desde que era una niña, pasaba los días con un lápiz y un cuadernito de arriba para abajo. Los años pasaron y libretas, computador y celular se llenaron de notas que decidió reunir a finales de 2024 con el propósito de comprender qué había ahí, “si eso tenía sentido, si era valioso, si era profundo, si era poético”, explica.
Esa compilación de textos terminó siendo un poemario, La calma del volcán, que acaba de ser publicado por el sello Grijalbo de la editorial Penguin Random House.
¿Cuándo comenzó a escribir?
“La verdad es que escribo desde que aprendí a hacerlo. Siempre fue un refugio para mí. De niña me la pasaba con un cuadernito y un lápiz. Eso no es nuevo; lo nuevo es haber decidido publicarlo. Pero la escritura siempre ha estado presente en mi vida”.
¿Y qué la llevó a publicar La calma del volcán?
“Como una búsqueda. Una búsqueda de reconciliación con mi lado femenino, de quitarme ciertas máscaras y de decidir que, quizá, eso que llevaba escribiendo durante tanto tiempo sí tenía un destino, más allá de quedarse guardado en cuadernos, notas o archivos.
Un día me pregunté si lo que escribía podría gustarle a alguien, si podría llegar a la vida o a las manos de otra persona. Ahí fue cuando comenzó todo el proceso que terminó convirtiéndose en el poemario que hoy tenemos entre las manos”.
¿Cómo fue el proceso de recopilación y edición de los poemas que integran el libro?
”A finales de 2024 y comienzos de 2025 decidí reunir todos los escritos que tenía dispersos y enviárselos a Nicole Sánchez, una lingüista. Quería que me dijera qué era lo que yo estaba escribiendo: si tenía sentido, si era valioso, profundo, poético o qué era realmente.
Ella se tomó su tiempo para leerlos y, cuando terminó, me dijo: ‘Viña, aquí tienes un poemario’. Además, me dejó una frase que nunca olvidaré: ‘A escribir se puede aprender, pero a ser poeta no’. Ahí entendí que todo ese trabajo podía convertirse en La calma del volcán.
Entonces volví a leer esos textos y perdí el pudor. Porque también hay vergüenza y temor cuando uno decide empezar un camino nuevo, que en este caso era poner esas palabras al servicio de los demás, entregárselas a los lectores en lugar de dejarlas guardadas. Podía haber impreso cien libros y regalárselos a mis amigos o rifarlos por Instagram, pero decidí tener el valor de ir un paso más allá. Fue entonces cuando contacté a la editorial”.
Me llama la atención que hable de ese pudor. Al fin y al cabo, usted es una figura pública a la que conocemos el modelaje y la actuación. ¿Qué tan distinta es la Viña escritora de la Viña actriz o de la Viña modelo?
”Sería como fragmentarme, y yo creo que de cierta manera los humanos podemos hacer eso. Fui modelo durante 13 años. Hoy ya no lo soy porque dejé de ejercer ese oficio, aunque sigue siendo una parte importante de mi historia. El modelaje me regaló idiomas, amigos, viajes, experiencias maravillosas y también me abrió la puerta para empezar una carrera como actriz.
Pero para convertirme en actriz sentí que tenía que dejar de modelar. Nadie me lo exigió; fue un juicio que yo misma me impuse. Pensé que no podía hacer las dos cosas al mismo tiempo. Dejé las pasarelas a los 26 años y empecé a reconstruirme: tuve que desaprender muchas cosas, desde la postura corporal hasta la manera de pararme en un set, que no tiene nada que ver con una pasarela.
Lo que nunca he dejado de hacer es escribir. Nunca he sentido que tenga que renunciar a la escritura por querer ser mamá, actriz, cocinera o cualquier otra cosa. Es lo que siempre ha estado ahí; es como el agua que ha corrido por debajo de mí durante toda la vida”.
¿Y cómo ha influido esa constante que ha sido la literatura en la manera en que prepara e interpreta sus personajes?
”No podría escribir si no leyera. Tampoco podría leer un guion, interpretar personajes o entender de dónde vienen muchas cosas. Yo no fui a la universidad y siempre digo que todo lo que sé lo he aprendido leyendo.
Ha sido una mezcla de curiosidad y de una necesidad permanente de aprender y saber más. Por eso siento que todas las aristas de mi vida están atravesadas por la lectura.
También lo están los personajes que interpreto. Todos parten de un guion y, en mi trabajo como actriz, siempre termino buscando referencias literarias o dramatúrgicas para construirlos. El mundo de las letras me parece fascinante”.
¿Qué le gusta leer?
”Ah, no, yo es que ahí sí tengo una fascinación extraordinaria con Haruki Murakami.
Pero, antes de llegar a Haruki Murakami, obviamente tuve que haber pasado por todo lo que era la filosofía. Creo que el primer libro que me leí completo fue El mundo de Sofía, en el colegio. Entonces también me encontraba por ahí con Sócrates y con muchos textos que tenían que ver con el cuestionamiento del ser y todas esas cosas en las que, afortunadamente, sigo indagando. Eso también es lo que lo vuelve a uno un poco más profundo, lo que le da profundidad.
Y después, obviamente, me fui por la novela. De Gabriel García Márquez he leído mucho. Pero, si mirara mi biblioteca, le diría que ahora estoy fascinada con Juan Gabriel Vásquez, con los autores colombianos.
Me encantan las novelas, pero también me puedo leer El libro rojo de Carl G. Jung. Tengo una lectura muy variada. También me puedo sentar a leer poemas, a leer todo Borges, a leer lo que me encuentre. Lo que me encuentre a mí, no lo que yo encuentre, porque también creo que la lectura lo encuentra a uno; un libro lo encuentra a uno. Entonces, lo que me encuentre. De ida y de vuelta”.
Ahora que llegó García Márquez a la conversación, debió ser impresionante para usted hacer parte de Cien años de soledad...
“La serie ha sido más allá que llegar a ella porque uno, en el quehacer del actor, siempre está en la búsqueda de personajes, del proyecto que viene, de lo que sueña. Uno dice: ‘Qué increíble estar en Cien años de soledad’, pero también se pregunta: ‘¿Cómo voy a estar en Cien años de soledad? ¿Qué significa Cien años de soledad?’.
Lo leí ocho veces. No lo he vuelto a leer porque creo que me lo sé de memoria. Podría presumir de eso, aunque no sé si la memoria me dé. Llegar a Cien años de soledad se sintió como un compromiso, como un reto, como un regalo. Pero, sobre todo, como un gran compromiso. No sé si influya que soy costeña, que soy samaria, o que uno crece permeado por esas historias ‘macondianas’ desde que nace.
Había una necesidad inmensa de que esa Pilar Ternera tuviera esa esencia caribe y lograra pasar de la literatura y el papel a la pantalla, para que la gente la viera y dijera: ‘Ella de verdad huele a humo. Su risa sí espanta las palomas. Sí es la mujer del deseo profundo de dos hermanos’. Tenía que tener esas cosas que no se pueden actuar; tenía que llevarlas ya impresas.
Entonces, claro, cuando llegó Cien años de soledad fue como una sonrisita de soslayo. Una sonrisita y, al mismo tiempo, la pregunta del otro lado: ‘¿Y ahora cómo me paro yo aquí frente a este personaje?’”.
¿Hay otra obra de la literatura latinoamericana que le gustaría llevar a la pantalla?
”Más que pensar en un libro, el otro día hacía un análisis de los personajes que he interpretado. No han sido tantos, pero sí muy ricos de hacer. Y me preguntaba cuál sería un reto que realmente me gustaría asumir.
Creo que quisiera interpretar a una mujer que atraviese o ponga en duda su salud mental. Ese tema lo toqué apenas de ladito con Gloria Mayorga, en Enfermeras, y me gustaría profundizar mucho más en las enfermedades mentales de un ser humano.
Me atraen esos personajes que me obligan a desdibujarme por completo, a desprenderme de cualquier certeza sobre el ser para navegar por estados mentales distintos. La mente es tan poderosa que sé que podría llevarnos hasta allá. También me gustaría hacer algo muy físico, de mucha acción.
Pero amo a las mujeres que he interpretado. Amo a esas mujeres con los ovarios bien puestos, con esos ovarios que duelen, con la vida que pesa; con la libertad de Eugenia, en La esclava blanca; con la osadía de Pilar Ternera; con la entereza de Gloria Mayorga, que nunca bajaba la guardia a pesar de las circunstancias de su vida.
Y también con la capacidad de reinventarse de Mónica Rojas, el último personaje que hice en Las de siempre. Ese papel me retó a aprender lengua de señas, a cantar y a hacer un montón de cosas que nunca había hecho. Creo que cada personaje trae su propio ritmo, su desafío y su reto; y, si no lo trae, hay que buscárselo”.
¿En qué está trabajando ahora?
”Estoy muy enfocada en el libro. Además, el 13 de agosto estrenamos Wanderlust, una obra de Casa E Borrero en la que comparto escenario con Alejandra Borrero y Santiago Alarcón, bajo la dirección de Manuel Orjuela. Tendremos temporada durante agosto, septiembre y octubre. También comenzaré a rodar una película en agosto.
Pero me emociona especialmente este momento entre el libro y el teatro, porque hace muchísimo tiempo no hacía teatro. Creo que no me subía a un escenario desde 250 Cuba Libre. Volver con una obra como esta, que además es muy particular, me parece muy atractivo y muy divertido”.
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¿Sería una locura llevar La calma del volcán al teatro? ¿Hacer algo así como un monólogo?
”No lo sé. Tal vez no llevaría La calma del volcán al teatro. Si ocurriera algo así, creo que lo dirigiría, pero no sé si yo misma lo interpretaría. Aunque quién sabe, de pronto con el próximo libro. La verdad, no lo había pensado”.
Entonces quiere seguir publicando...
“Sí me gustaría publicar otro. Creo que este es apenas el inicio de, ojalá, un par de libros más, o de lo que la vida tenga destinado para mí. Lo que sí sé es que nunca voy a dejar de escribir. Nunca lo he hecho; simplemente ahora fui osada y decidí compartir lo que he escrito durante aproximadamente 23 años.
De todos esos textos hicimos una selección y quedaron los que hoy conforman La calma del volcán, pero en realidad algunos fueron escritos hace mucho. También ha sido una forma de volver a encontrarme conmigo misma y de ver la piel que uno va dejando en el camino”.
Ni dejar de escribir, ni de actuar, me imagino...
”¿Y por qué voy a dejar de actuar? ¿Por qué dejaría de hacer algo que me gusta tanto? Creo que ahí sí aplica eso que dicen los actores profundamente apasionados: seguir hasta que se apaguen las luces y baje el telón”.
Bloque de preguntas y respuestas
- ¿De qué trata
La calma del volcán, el primer libro de Viña Machado?
- La calma del volcán es un poemario en el que Viña Machado explora temas como el amor, el deseo y la ausencia. La actriz reunió textos que escribió durante más de dos décadas y decidió convertirlos en su primer libro, publicado por el sello Grijalbo de Penguin Random House.
- ¿Cómo se preparó Viña Machado para interpretar a Pilar Ternera en
Cien años de soledad?
- Viña Machado explica que leyó
Cien años de soledad ocho veces y que buscó que su interpretación conservara la esencia caribe del personaje. Además de estudiar la obra de Gabriel García Márquez, asegura que quería que Pilar Ternera transmitiera en pantalla la fuerza y el misterio con los que fue descrita en la novela.
- ¿En qué proyectos trabajará Viña Machado en 2026?
- Además de presentar su primer libro, Viña Machado regresará este año al teatro con la obra
Wanderlust, en la que compartirá escenario con Alejandra Borrero y Santiago Alarcón. También comenzará el rodaje de una nueva película en agosto y asegura que quiere seguir escribiendo y publicar más libros en el futuro.