En una semana los colombianos elegiremos qué modelo de país regirá nuestro destino en los próximos cuatro años. Puede sonar exagerado decirlo de esa manera, pero gústenos o no, en la política se toman las decisiones más importantes de la sociedad. En un país tan presidencialista, el poder de un jefe de Estado incide en la vida de los ciudadanos a todos los niveles –incluso con instituciones y otros poderes que hagan contrapeso– y sentimos en carne propia lo que se haga o deje de hacerse en cualquier sector de la sociedad.
En estas elecciones, la segunda vuelta promete un final apretado aunque Abelardo de la Espriella supera en las encuestas y pronósticos estadísticos a Iván Cepeda –en la encuesta más reciente de AtlasIntel le saca 8 puntos–. Ambos candidatos prometen un modelo de país muy distinto del otro, casi que opuestos.
El abogado litigante y empresario nacido en Bogotá, pero criado en Córdoba, ha construido su propuesta alrededor del concepto de “Patria Milagro”, un modelo que combina seguridad como prioridad, reducción del tamaño del Estado, estímulos al sector privado y una promesa de crecimiento acelerado. En algunos aspectos replica ideas de mandatarios de derecha como Nayib Bukele de El Salvador, Javier Milei de Argentina y Donald Trump de Estados Unidos, quien ya anunció su respaldo total a “El Tigre”. Es lo que llaman un outsider: “aquel que fue un antipolítico pero que dejó de serlo por adquirir un cargo”, según la definición más amplia del profesor David Roll de la Universidad Nacional. De la Espriella construyó una narrativa de “los nunca” –una reedición de “los nadie” de Petro hace cuatro años– que han hecho una carrera por fuera de “la teta del Estado”. Le ha funcionado pues logró movilizar, sin partidos políticos tradicionales, un voto más pasional que castigó a Petro en la primera vuelta.
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Cepeda, en cambio, pretende profundizar el modelo petrista y ha presentado su proyecto bajo la idea de una “Revolución ética”: una transformación que, según su programa de gobierno –conocido en su totalidad solo hasta este miércoles–, se articula con otras tres revoluciones: social, territorial y democrática. La propuesta parte de la idea de que se hicieron cosas buenas en estos cuatro años y que se pueden hacer más, pero hay poca autocrítica. Su apuesta es profundizar más la presencia del Estado y atender a poblaciones históricamente discriminadas. El senador del Pacto Histórico se ha reunido con mandatarios como Claudia Sheinbaum de México y Lula Da Silva de Brasil, dos modelos cercanos según su visión aunque en el pasado haya expresado su admiración por dictadores como Hugo Chávez en Venezuela y Fidel Castro en Cuba.
Para decir quién de los dos gobernaría mejor a Colombia se deben tener en cuenta criterios que van más allá de un plan de gobierno. La trayectoria es uno, por supuesto, y en este diario hemos publicado extensos perfiles. Pero también hay otros: modelo estatal, seguridad, economía, gobernabilidad –¿quién tendría mayorías en el Congreso?– y los equipos de trabajo, es decir quiénes le hablan al oído a cada uno y tomarían decisiones en diferentes sectores. Sobre este último aspecto, De la Espriella acertó en escoger como fórmula vicepresidencial al exministro y exrector José Manuel Restrepo, quien ayudó a construir el modelo de país de “Patria Milagro” desde el conocimiento técnico que le da su trayectoria. Cepeda eligió a Aida Quilcué como fórmula, una líder indígena histórica, cuya figura es más simbólica que programática, según las pocas entrevistas que concede.
Este es el análisis de los dos modelos de país que sueñan ambos candidatos. ¿Cuál prefiere?
La llegada de De la Espriella a la Presidencia de Colombia va más allá de un giro a la derecha y la reducción del Estado.
Estos son cuatro puntos clave.
Un Estado más pequeño y eficiente
Una de las ideas centrales de la “Patria Milagro” es que Colombia necesita un Estado menos grande y más eficiente. Su programa plantea reducir burocracia, combatir la corrupción administrativa y disminuir el peso del aparato estatal. Algunas de sus propuestas incluyen reducir el tamaño del Estado entre un 25 % y 40 %.
Su visión parte de que el Estado colombiano tiene problemas de ineficiencia y que liberar recursos permitirá impulsar la economía. El debate está en determinar qué funciones pueden reducirse sin afectar la capacidad estatal para prestar servicios esenciales.
¿Seguridad democrática 2.0? Fin de la paz total
Para De la Espriella, el punto de partida de su modelo es que sin orden público no hay inversión, empleo ni crecimiento.
La seguridad ocupa un lugar central en la “Patria Milagro”. Su programa plantea una política de mayor presión contra organizaciones criminales, fortalecimiento de la Fuerza Pública, construcción de megacárceles de máxima seguridad (como Bukele) y acabar definitivamente con la política de Paz Total del Gobierno Petro, que ha sido criticada no solo por la oposición sino por expertos y centros de pensamiento.
Su diagnóstico es que Colombia atraviesa una crisis de autoridad estatal, por eso el abogado repite en las entrevistas que dirigirá un Puesto de Mando Unificado (PMU) en varias regiones para exigir resultados inmediatos en cuanto a capturas o bajas de criminales. Parecido a los consejos comunitarios en la época del expresidente Álvaro Uribe en donde el mandatario viajaba cada fin de semana a una región también con oferta estatal.
El reto de esta visión está en demostrar cómo una estrategia de mayor fuerza estatal enfrenta fenómenos complejos como el narcotráfico, las economías ilegales y los grupos armados con control territorial, que son difíciles de combatir con resultados inmediatos.
Economía como motor del “milagro”
La propuesta económica de De la Espriella, explicada por su fórmula Restrepo, expone que Colombia tiene un potencial económico desaprovechado por exceso de regulación, impuestos y burocracia, postura que ha cautivado a mucha gente reacia a la política.
Su programa plantea una economía con mayor protagonismo empresarial, reducción de cargas tributarias y atracción de inversión. Entre sus metas está alcanzar un crecimiento económico del 7 % anual. La “Patria Milagro” busca que el sector privado sea el principal generador de empleo y riqueza, mientras el Estado se concentra en garantizar seguridad, justicia y reglas claras.
El gran reto, sin duda, es la informalidad y los problemas que le heredaría el actual gobierno como el déficit fiscal, entre otros.
El reto de tener mayorías en el Congreso
El mayor interrogante para un eventual gobierno de De la Espriella sería el Congreso, que es fundamental para que pasen los proyectos del Ejecutivo. Como lo vimos con el actual Gobierno, cuando el Senado y la Cámara se oponen a ciertos proyectos —como la reforma a la salud— al presidente le toca echar mano de decretos y su plan nacional de desarrollo. Esos instrumentos son importantes, sin duda, pero no son leyes que trascienden lo que dura un mandato.
Al no provenir de un partido tradicional con una bancada consolidada —pues oficialmente solo contó con el apoyo de Salvación Nacional que tiene cuatro senadores y un representante—, Abelardo necesitaría construir acuerdos legislativos para aprobar reformas. Su ventaja sería llegar con un discurso de cambio capaz de atraer sectores inconformes con el Gobierno y armar mayorías con los partidos tradicionales que rechazó en campaña. En esa tarea será clave Mauricio Gómez Amín, el senador que era del Partido Liberal y renunció para apoyar a “El Tigre”; fuentes le dijeron a este diario que sería el ministro del Interior.
En conclusión, aunque De la Espriella no ha ocupado cargos de elección popular y carga con polémicas por su vida como penalista, podría rodearse bien y conformar un gabinete que tome decisiones basado en la evidencia y el pragmatismo.
La apuesta de país de Iván Cepeda no se aleja del modelo que quiso implementar el presidente Petro. Hay quienes dicen que él, que es más metódico y sereno, sería más efectivo para implementar lo que quiere para Colombia.
También va más allá de la profundización del Estado y el respeto de los derechos humanos.
¿Revolución territorial es un modelo estatista?
Para Cepeda, la presencia del Estado es fundamental. Su “revolución territorial” plantea llevar presencia institucional a regiones históricamente abandonadas y entrevistas ha dicho que no pretende estatizar todos los sectores, pero sí priorizar a los pobres, por ejemplo. Ese discurso no tiene un aterrizaje muy claro pues el candidato ha evadido la discusión de varias propuestas acudiendo a la frase de que “ya habrá tiempo de examinar”.
La idea, por lo menos en el papel, es que muchas crisis no son consecuencia de un exceso de Estado, sino de su ausencia en amplias zonas del país. Si Cepeda implementa a fondo las reforma pensional y laboral podría generar fricciones con otros sectores de la sociedad como el aparto productivo. Pero también si profundiza el mal manejo del Gobierno Petro al sector de la salud podría haber un colapso irreversible.
Mantener el fracaso de la paz total
La visión de Cepeda parte de una interpretación personal del conflicto colombiano por su condición de víctima: asesinaron a su padre, Manuel Cepeda Vargas, en la década del 90. Este tema de la seguridad, el conflicto y la paz es el tema predilecto de Cepeda, pero eso no significa que sea la mejor propuesta. Su trayectoria política ha estado marcada por la defensa de víctimas, derechos humanos y procesos de paz.
El enfoque de su plan no elimina el papel de la Fuerza Pública, pero pone más énfasis en la presencia integral del Estado en los territorios. Tiene una posición tibia frente al fracaso de la “paz total” y no ha repudiado, para poner solo un ejemplo, el mal manejo de las negociaciones con el ELN y las disidencias de alias Calarcá.
El desafío de este modelo sería responder a una pregunta inmediata: cómo garantizar resultados rápidos en seguridad en zonas donde las organizaciones criminales han fortalecido su presencia en estos cuatro años.
¿Qué tanto podría crecer la economía con Cepeda?
Cepeda plantea una visión donde el crecimiento económico debe estar acompañado por una transformación social, pero prácticamente no tiene propuestas ambiciosas en este sector. Solo hasta hace poco dijo quién encabeza su equipo económico: la senadora Clara López. Antes, ni sus aliados más cercanos como Juan Fernando Cristo, podían responder a la pregunta sobre la propuesta económica.
Su programa define la “Revolución social” como uno de los pilares del cambio y plantea ampliar derechos, reducir desigualdades y fortalecer la capacidad del Estado para intervenir en sectores estratégicos. Pero no aborda en su plan de gobierno algunas metas que atraigan a emprendedores o pequeños y medianos empresarios.
Cuenta con la bancada más grande, ¿pero tendría mayorías?
Cepeda tendría como punto de partida que el Pacto Histórico pasó de 20 a 25 senadores en la última elección y que tiene otros parlamentarios cercanos de la Alianza Verde y el Partido Liberal.
Sin embargo, la experiencia del Gobierno Petro muestra que una coalición inicial no garantiza estabilidad legislativa: el Ejecutivo llegó en 2022 con una alianza amplia, pero posteriormente perdió apoyos de partidos tradicionales, pese a que el entonces presidente del Senado, Roy Barreras, armó una bancada aplanadora en parte con ‘mermelada’ del Gobierno.
El reto de Cepeda sería ampliar acuerdos más allá de la izquierda y ahí son claves los “indecisos”: un grupo de congresistas que negocian con el gobierno de turno a cambio de votos para pasar los proyectos.
En conclusión, Cepeda carga con el lastre de los errores de Petro en estos cuatro años, pero su figura como candidato tampoco genera tranquilidad en muchos sectores. Representa a una izquierda ortodoxa que poco emociona y que parece estar perdiendo la carrera presidencial.
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