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Elecciones legislativas del 8 de marzo: así se redefinirá el poder en Colombia

Las elecciones del 8 de marzo definirán las mayorías que condicionarán la gobernabilidad del próximo inquilino de la Casa de Nariño. El Pacto Histórico y el Centro Democrático lideran las encuestas.

  • En medio del descrédito reflejado por Invamer y escándalos como el de Iván Name y Andrés Calle, en los comicios está en juego el equilibrio de poderes y la formación de futuras coaliciones. FOTO: JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
    En medio del descrédito reflejado por Invamer y escándalos como el de Iván Name y Andrés Calle, en los comicios está en juego el equilibrio de poderes y la formación de futuras coaliciones. FOTO: JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
hace 1 hora
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El saliente presidente Gustavo Petro padeció con creces lo que implica tener un Congreso hostil y en contra. Pugnas, refriegas, proyectos inconclusos, y choques cada vez más subidos de tono caracterizaron una relación que, en el papel, debería ser armónica y colaborativa. Más allá de ser un simple notario, el rol del Legislativo no solo consiste en hacer las leyes, sino ejercer control político y vigilancia al gobierno de turno.

De allí que lo que esté en juego el próximo 8 de marzo pase por la renovación, el equilibrio de poderes y la reconfiguración política, factores que hoy entran en disputa con muros que ponen en jaque la democracia: la desinformación, la incidencia de clanes regionales y la influencia de estructuras corruptas enquistadas en el sistema. La situación apremia.

Según la más reciente encuesta Invamer, en Colombia el 57,5 % de las personas tiene una imagen desfavorable del Congreso, frente a un 33,9 % que tiene una percepción positiva. Ello implica que casi tres de cada cinco personas rajan y desconfían del Parlamento.

Situaciones como la detención de los expresidentes de Senado y Cámara, Iván Name y Andrés Calle –implicados en el caso de corrupción en la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD)– ejemplifican no solo el descrédito del Parlamento, sino también las dudas y el recelo que sigue generando en un sector creciente de la sociedad.

En juego está nada menos que la gobernabilidad del próximo inquilino de la Casa de Nariño. Es decir, su capacidad y manejo para sacar adelante proyectos, aterrizar sus reformas y concertar iniciativas planteadas en su programa de gobierno.

Sin embargo, al igual que los últimos mandatarios, el próximo jefe de Estado irremediablemente necesitará acudir a coaliciones en búsqueda de una mayoría, según explica a este diario el profesor Juan Pablo Milanese, especialista en consultoría e investigación de asuntos políticos y legislativos, y jefe del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad Icesi de Cali.

“Las elecciones legislativas son siempre relevantes porque, a pesar de estar eclipsadas por las presidenciales –que normalmente atraen más interés–, en ellas se define la gobernabilidad del presidente. Cada vez que se realizan producen una redefinición del escenario político y, en el caso colombiano, ningún partido obtiene una mayoría de la mitad más uno de los votos. De allí que la elección perfile cómo serán las coaliciones que le permitirán al nuevo presidente gobernar”, explica.

A su turno, la politóloga Laura Wills –directora de Congreso Visible, una plataforma del departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes–, dice que aun cuando se surta la elección, habrá que esperar qué rumbo toman los partidos: si se declararan en oposición, a favor o independientes al próximo gobierno. Se trata, sin duda, de una determinación clave que medirá el margen de maniobra e influencia del próximo mandatario.

“Esa postura solo se definirá cuando sepamos quién queda elegido como presidente y qué decisión toman los partidos sobre si se unen a su coalición o deciden hacerle oposición. No deja de ser muy pronto el 8 de marzo para ver eso”, explica.

¿Cómo pinta el panorama?

El más reciente sondeo de las firmas Guarumo y Ecoanalítica evidencia que a uno de cada 10 colombianos (9,5 %) aún no lo convence ninguno de los 1.078 aspirantes al Senado que buscan hacerse a uno de los 103 escaños en disputa.

Sin embargo, al menos uno de cada cuatro (28,7 %) ya tiene definido su voto: los candidatos del Pacto Histórico, quienes resolvieron presentarse como una lista cerrada o no preferente. En ese caso, el ciudadano no vota por un candidato particular, sino por toda la lista y dependiendo del número de votos y el puesto de cada aspirante, se conforma la bancada. Es decir, si logran el número suficiente para hacerse a 15 o 20 escaños los ungidos serán los primeros 15 o 20 de la lista.

Quien también apostó por una lista cerrada fue el opositor Centro Democrático que, según Guarumo, podría obtener el respaldo del 21,9 % de los colombianos. Ello implica que al menos uno de cada cinco votos iría a la colectividad, que en este 2026 cuenta con la novedad del regreso del expresidente Álvaro Uribe Vélez –jefe máximo del partido–, quien aspira en el puesto 25. Es decir, la apuesta del uribismo será hacer elegir al menos a 25 senadores para robustecer una bancada mayoritaria.

Lo anterior implica que tanto el petrismo como el uribismo hoy figuran como los favoritos para sumar mayorías y, tratándose de acérrimos antagonistas, está por verse cómo el próximo gobierno lidiará con una u otra facción. Es decir, en caso de llegar un presidente afín al Pacto Histórico tendrá que enfrentar una férrea oposición del Centro Democrático. Por su parte, si el ungido es afín a la centro-derecha también enfrentará el desafío de una oposición a ultranza por parte del petrismo.

“Vamos a elegir a un Congreso muy grande, de más de 280 congresistas (incluyendo la Cámara), así que posiblemente habrá tanto votos de castigo como votos a favor de congresistas que hayan tenido un buen desempeño a lo largo de los últimos cuatro años. Es difícil que todo el Parlamento esté a favor o en contra de un gobierno, teniendo en cuenta que se trata de un cuerpo colegiado diverso y grande”, agrega Wills.

Ante el marcado antagonismo entre petrismo y uribismo cobra mayor vigencia el resultado que podrán tener partidos tradicionales y otras corrientes políticas, quienes inclinarán la balanza.

De acuerdo con Guarumo, un 7,8 % votará por el Partido Liberal; un 7,1 % por el Partido Conservador; 6,2 % por el Partido de La U; 3,6 % por Oxígeno; otro 3,5 % por la Alianza por Colombia (que incluye a la Alianza Verde); 3,2 % por Ahora Colombia (Nuevo Liberalismo y Dignidad & Compromiso); otro 3 % por la coalición Cambio Radical y Alma, y un 2 % por Salvación Nacional, entre otros.

Los resultados, los escaños y la influencia de cada partido dependerán de las apuestas de cada bancada: desde aquellos que le apuntan al voto de opinión y a sus bases, así como aquellos que le apuestan a estructuras regionales y cacicazgos a lo largo del país, sumado a los que ahora integran influenciadores o empresarios.

“Siempre hemos visto que hay reacomodos de fuerzas tradicionales que se quedan dentro de los partidos de siempre o se pasan a otros partidos que pueden refrescar un poco el panorama, pero también vemos el surgimiento de nuevas de nuevas opciones, no solamente partidistas o de movimientos ciudadanos, sino de personas dentro de los movimientos. Hay un poco de todo, tanto renovación, tradición o como reacomodos”, indica Wills.

En este contexto, no puede pasar por alto la influencia que podrá tener el gobierno saliente. Para no ir más lejos, el pasado viernes hubo polémica en Bogotá porque el cierre de campaña de los candidatos del Pacto Histórico coincidió con una infraestructura que ya estaba montada por cuenta de un evento previo del Gobierno Petro. ¿Qué tanta injerencia podrá tener el Ejecutivo?

“El porcentaje de votos que saque la lista del Gobierno en las legislativas no se va a acercar al porcentaje de votos de la elección presidencial por una razón muy obvia: son pocos los candidatos relevantes que hay en una elección presidencial mientras que son muchos los partidos relevantes que hay en una elección legislativa y el voto se dispersa más en torno a ellos”, advierte el profesor Milanese.

Sin duda, quienes ahora tomarán atenta lista de lo que ocurra el próximo 8 de marzo serán los candidatos presidenciales, quienes desde ya estarán pensando y vaticinando cómo conformarán eventuales coaliciones de gobierno. La disputa es de primer orden: el próximo inquilino de la Casa de Nariño se juega en estas elecciones su gobernabilidad, su margen de maniobra y su capacidad para aterrizar su plan de gobierno. ¿Logrará sumar mayorías?

De la paz al voto: la prueba definitiva para Comunes

En la jornada del próximo 8 de marzo habrá un hecho político que marcará la elección: el partido Comunes, que surgió del Acuerdo de Paz firmado con las extintas Farc, se medirá por primera vez a voto limpio. Si bien la colectividad gozó de cinco escaños en el Senado desde 2018 y por dos periodos, en este 2026 concluyó su mandato.

Ello implica que ahora deberán buscar apoyos ciudadanos para elegir sus dirigentes y conservar la personería jurídica, lo que asegura financiación estatal y el derecho a acceder a espacios en medios de comunicación. De acuerdo con la encuesta de Guarumo y Ecoanalítica, la coalición a la que adhirió Comunes con Fuerza Ciudadana (que lidera el exgobernador Carlos Caicedo), suma un 1,1 % de intención de voto. El partido se juega su supervivencia.

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