En los Mundiales hay una obligación que está por encima de cualquier análisis táctico o estético: ganar. Y Colombia cumplió con la tarea más importante de todas. Sumó tres puntos, arrancó como líder de su grupo y dio el primer paso en una competición donde los resultados suelen pesar mucho más que las buenas intenciones.
Siempre será mejor corregir después de una victoria que hacerlo tras una derrota. Sin embargo, tampoco se puede caer en la trampa de maquillarlo todo únicamente porque el marcador (3-1) fue favorable. El triunfo deja aspectos positivos para destacar, pero también varias señales de alerta que el cuerpo técnico deberá atender de inmediato.
Uzbekistán fue un rival limitado en muchos aspectos del juego. Aun así, cuando decidió adelantar líneas y presionar más arriba, logró incomodar a Colombia durante varios pasajes del partido. Esa situación no puede pasar desapercibida. La Selección sigue mostrando dificultades en su funcionamiento colectivo, momentos de inseguridad defensiva y un mediocampo que todavía no consigue controlar los encuentros cuando las circunstancias lo exigen.
Desde el Mundial, donde El COLOMBIANO realiza esta cobertura especial, quisimos consultar a distintos expertos sobre los aspectos en los que debe mejorar Colombia de cara a lo que viene.
Para Abel Aguilar, exreferente de la Selección Colombia, el principal desafío pasa por encontrar el equilibrio en la mitad del campo. “Cuando el equipo pierde la capacidad de administrar los ritmos del partido, termina expuesto y permite que el rival gane confianza. Colombia necesita recuperar esa autoridad futbolística que le permita manejar los encuentros sin depender exclusivamente de las individualidades”, dijo el exmundialista de 2014.
Las noticias más alentadoras llegaron precisamente desde el talento individual. Gustavo Puerta mostró personalidad y criterio; Jhon Arias y Daniel Muñoz aportaron despliegue y equilibrio, mientras que Luis Díaz volvió a demostrar por qué es la gran referencia futbolística del país. Lucho sigue siendo ese jugador capaz de romper esquemas, desequilibrar partidos y marcar diferencias cuando el equipo más lo necesita.
Otro exmundialista, Harold Lozano, defiende la importancia del resultado por encima de cualquier otra consideración. “Los Mundiales tienen una dinámica especial y muchas selecciones históricamente campeonas comenzaron sufriendo más de la cuenta. Lo fundamental era sumar tres puntos y construir confianza a partir del triunfo”, aseguró.
Sin embargo, los aspectos colectivos siguen generando interrogantes. Desde la óptica del entrenador tolimense Hernán Torres, la preocupación está en las distancias entre líneas y en la capacidad de respuesta cuando el rival modifica su comportamiento táctico. “Colombia tuvo dificultades para interpretar algunos momentos del partido y eso no puede repetirse ante selecciones de mayor nivel”, opinó.
El también entrenador Óscar Pareja pone el foco en la evolución del juego. Más allá del resultado, el crecimiento de una selección se mide por su capacidad para corregir durante el desarrollo de los partidos. “Colombia mostró pasajes de buen fútbol, pero todavía debe encontrar mecanismos para sostener el control durante los noventa minutos”, aseguró.
Por su parte, el técnico mundialista Luis Fernando Suárez insiste en un aspecto fundamental de las Copas del Mundo: la gestión emocional. “Ganar en el debut libera presión, permite trabajar con tranquilidad y ofrece un escenario mucho más favorable para ajustar errores. Los problemas existen, pero son mucho más manejables cuando se corrigen desde la victoria”.
Alexis García, técnico y hoy comentarista, observa que el equipo todavía debe mejorar en los movimientos colectivos sin balón. “La presión tras pérdida, las coberturas defensivas y la ocupación racional de los espacios serán determinantes cuando el nivel de los rivales aumente”.
Porque si Uzbekistán, con recursos limitados, logró generar problemas en determinados momentos, es lógico pensar que selecciones con mayor jerarquía y mejor estructura, como Congo y Portugal, elevarán considerablemente el nivel de exigencia. Ahí aparecerá la verdadera medida de este equipo y se comprobará si Colombia tiene argumentos sólidos para competir contra rivales de peso.
La crítica es necesaria y saludable cuando está sustentada en argumentos futbolísticos. Lo que no aporta es el discurso apocalíptico que desconoce el contexto de un debut mundialista y minimiza la importancia de comenzar con una victoria.
La tarea inicial está cumplida. Ahora viene lo más difícil: corregir las formas, elevar el nivel de juego y demostrar, ante rivales más fuertes, que Colombia realmente tiene condiciones para competir en este Mundial.