Durante décadas, para miles de jóvenes del Oriente antioqueño el futuro parecía estar lejos de sus municipios. Hoy la educación superior se consolida como una herramienta para cerrar brechas históricas, abrir oportunidades en territorios marcados por el conflicto y formar el talento que impulsa el desarrollo de la región.
Ese cambio ha sido posible gracias al fortalecimiento de la oferta universitaria en la subregión. Según datos de la plataforma LEA (Lupa para la Educación en Antioquia), con corte a 2024, el Oriente antioqueño registra 13.564 matrículas en educación superior. La Universidad Católica de Oriente (UCO), la Universidad de Antioquia, la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), el Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid, la Corporación Universitaria Uniminuto, entre otras, ofrecen programas en áreas como ingenierías, ciencias de la salud, ciencias sociales, educación y el sector agropecuario, lo que permite responder a las demandas del territorio sin que los jóvenes deban migrar a Medellín para acceder a una formación profesional.
“La Universidad Católica de Oriente nació para que los jóvenes de la región, especialmente, los campesinos, tuvieran acceso a la educación superior”, afirma su rector, el padre Ángel David Agudelo Mesa. Hoy ese propósito se refleja en una oferta de 25 programas de posgrado y 26 de pregrado, entre ellos, Agronomía y Zootecnia, diseñados para responder a la vocación productiva del territorio. La UCO fue, además, la primera universidad de la región en obtener la Acreditación Institucional en Alta Calidad. Actualmente, el 85% de sus estudiantes pertenece a los estratos 1, 2 y 3; el 65% estudia en jornada nocturna porque trabaja durante el día y la institución registra una permanencia cercana al 91%.
Le puede interesar: ¿En qué va el plan de Expansión del Sistema del Metro de Medellín hacia el Oriente?
Sin embargo, el acceso sigue siendo un desafío, especialmente para quienes provienen de municipios más alejados. “Nos encontramos con estudiantes que llegan con vacíos en su formación. Muchos nos dicen: ‘Padre, duramos seis meses sin profesor de matemáticas’”, señala el rector. Para responder a esa realidad, la UCO implementó estrategias como el programa Pedagogos, que acompaña académica, emocional y psicológicamente a los estudiantes desde su ingreso; el programa Integración Académica, que fortalece las competencias desde la educación media, y un sistema de becas, hogar universitario y apoyos económicos que favorecen la permanencia y la graduación.
Más cerca de los territorios
La Universidad de Antioquia también ha consolidado su presencia en el Oriente a través del campus de El Carmen de Viboral, el de Sonsón y de su estrategia de regionalización. Para José Roberto Álvarez, director del campus, el mayor reto ya no es únicamente abrir sedes, sino garantizar que los jóvenes puedan permanecer en ellas.
“Entrar a la universidad significa también cómo me sostengo en la universidad”, afirma. Explica que para algunos estudiantes de municipios como Alejandría o San Carlos las dificultades de transporte, los costos de desplazamiento o la falta de recursos siguen siendo barreras que condicionan su permanencia. Aun así, destaca que durante más de tres décadas la Universidad de Antioquia ha contribuido a formar profesionales que hoy lideran procesos públicos, empresariales y sociales en la región. “La educación es el gran vehículo para la superación de contextos de alta conflictividad”, sostiene.
Ese propósito encuentra un aliado en el sector productivo. Desde 2023, la Corporación Empresarial del Oriente Antioqueño (CEO) impulsa la Ruta Conectando Futuros, una estrategia que busca acercar a estudiantes de educación media al mundo laboral mediante experiencias de orientación vocacional, formación y contacto directo con el entorno empresarial. La iniciativa articula a instituciones como el Sena, la Universidad Católica de Oriente, la Universidad Digital de Antioquia, Comfama y administraciones municipales para fortalecer la conexión entre educación y empleo.
“Queremos que los jóvenes sigan construyendo su proyecto de vida en el territorio”, explica María Eugenia Salazar, líder de Educación y Empleabilidad de la CEO. La articulación entre universidades, empresas y entidades públicas busca precisamente cerrar esa brecha entre formación y empleo. No se trata solo de graduar profesionales, sino de preparar jóvenes que encuentren oportunidades para innovar, emprender o vincularse laboralmente sin que el desarrollo implique abandonar el Oriente.
Más que un destino de educación superior, la región busca consolidarse como un territorio donde el conocimiento impulse nuevas oportunidades. Porque cada joven que logra estudiar, regresar o aportar desde su profesión fortalece el tejido social y económico de los municipios donde comenzó su historia.