Llamar al Oriente antioqueño el pulmón de Antioquia no es una metáfora. La subregión alberga un sistema natural en el que el agua, la masa boscosa y la biodiversidad conforman un equilibrio que trasciende sus límites geográficos y beneficia a buena parte del departamento.
Ese capital natural nace en las zonas altas de la cordillera Central. Ecosistemas como el páramo de Sonsón, los bosques altoandinos y las montañas que atraviesan municipios como Abejorral, Argelia, Nariño, San Francisco y Cocorná captan y regulan el agua que alimenta cientos de nacimientos, quebradas y ríos. Desde allí se forma una red hídrica que abastece acueductos, sostiene ecosistemas y alimenta algunos de los principales embalses del país.
Los ríos Negro, Nare, Samaná Norte y Claro recorren un territorio donde el arbolado cumple un papel esencial: regula el ciclo del agua, protege los suelos, captura carbono y conserva una amplia biodiversidad propia de los Andes tropicales. Esa riqueza natural también sostiene el sistema hidroeléctrico operado por Empresas Públicas de Medellín (EPM). Los embalses de Peñol-Guatapé, Playas, San Lorenzo y Punchiná hacen parte del complejo que genera cerca del 40 % de la energía hidroeléctrica comercializada en Colombia, una muestra de la importancia que tiene el Oriente para la seguridad energética del país.
La riqueza ambiental del Oriente, sin embargo, no depende únicamente de su geografía. Durante décadas se ha consolidado un trabajo articulado entre Cornare, EPM, Cuenca Verde, las administraciones municipales, universidades, organizaciones sociales y propietarios rurales para proteger las cuencas abastecedoras, restaurar ecosistemas y preservar los bosques que garantizan el equilibrio hídrico de la región.
Bosques que sostienen el equilibrio
La estrecha relación entre agua y bosque también se refleja en los indicadores de conservación. Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), mientras Colombia perdió 113.608 hectáreas de bosque durante 2024, la jurisdicción de Cornare registró 343 hectáreas deforestadas, equivalentes a menos del 0,5 % del total nacional y al 4,8 % de la pérdida reportada en Antioquia.
Estos resultados responden a una estrategia que combina monitoreo ambiental, restauración ecológica, educación, control institucional y participación comunitaria. Programas como BanCO2 vinculan a más de 2.200 familias campesinas en la protección de cerca de 30.600 hectáreas de bosque, mientras el proyecto CERCA fortalece procesos de educación ambiental en 235 veredas de la jurisdicción.
“Estas acciones nos convierten en una región comprometida con nuestra naturaleza y nuestros ecosistemas”, afirma Javier Valencia González, director general de Cornare.
A este trabajo se suman las acciones de Cuenca Verde para restaurar ecosistemas estratégicos, recuperar corredores ribereños y proteger predios ubicados en cuencas abastecedoras, fortaleciendo la conectividad ecológica del territorio.
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Saneamiento y calidad del aire
La protección del recurso hídrico no termina en los bosques: también depende de la infraestructura que evita que las aguas residuales lleguen directamente a quebradas y ríos. En ese frente, el saneamiento básico se ha convertido en otro de los pilares de la gestión ambiental del Oriente antioqueño.
Según Cornare, la jurisdicción alcanzó el 100 % de cumplimiento de las metas de saneamiento urbano previstas en su actual Plan de Acción. Durante los últimos 30 meses se han ejecutado más de 1.200 proyectos concertados con las administraciones municipales. Entre las obras se cuentan el fortalecimiento de Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR), la construcción de colectores, la ampliación de redes de alcantarillado y la instalación de sistemas sépticos en zonas rurales. Estas intervenciones se complementan con programas de restauración de rondas hídricas y protección de nacimientos de agua, bajo la premisa de que conservar las cuencas requiere integrar infraestructura, restauración ecológica y manejo sostenible del territorio.
La calidad del aire es otro de los componentes de ese modelo ambiental. Con el acompañamiento de la Universidad de Antioquia, Cornare opera una red de 45 estaciones de monitoreo que registra en tiempo real variables relacionadas con el material particulado y otros contaminantes atmosféricos. La información obtenida sirve de soporte para la toma de decisiones y la planificación ambiental de la subregión.
Ese modelo también ha recibido reconocimiento institucional. En la más reciente evaluación del Índice de Evaluación del Desempeño Institucional (IEDI) del Ministerio de Ambiente, Cornare obtuvo una calificación de 92,74 %, con lo cual se ubicó entre las corporaciones autónomas regionales con mejor desempeño del país. Además, la entidad reporta un cumplimiento del 99 % de las metas físicas de su actual Plan de Acción y recibió concepto favorable de la Contraloría General de la República sobre su gestión fiscal.
Un patrimonio para Antioquia
Más allá de sus paisajes, el Oriente antioqueño presta servicios ambientales esenciales para Antioquia. El agua que nace en sus montañas, los bosques que regulan el clima, las cuencas que abastecen embalses, la infraestructura de saneamiento y el monitoreo permanente de la calidad del aire hacen parte de un mismo sistema natural cuya conservación involucra a instituciones, empresas, universidades, organizaciones sociales y comunidades.
“Queremos seguir motivando, implementando y creciendo acciones estratégicas para que la deforestación llegue a los puntos o niveles mínimos en la jurisdicción Cornare y que sigamos disfrutando de un verde y un buen ambiente para todos”, señala Javier Valencia González.
En una época en la que la seguridad hídrica, la conservación de los ecosistemas y la adaptación al cambio climático ocupan un lugar central en la agenda ambiental, el Oriente antioqueño demuestra que su mayor fortaleza sigue estando en la naturaleza: un territorio donde el agua, el bosque, el saneamiento y el aire limpio conforman uno de los principales patrimonios ambientales de Antioquia.
Áreas protegidas: el escudo natural del Oriente
Una de las fortalezas ambientales del Oriente antioqueño también está en la extensión de su territorio protegido. De acuerdo con Cornare, cerca de una cuarta parte de su jurisdicción cuenta con alguna figura oficial de conservación, una red que integra reservas naturales, distritos de manejo, áreas protegidas regionales y predios destinados a preservar ecosistemas estratégicos.
Estas zonas cumplen una función esencial para la protección de los nacimientos de agua, la conectividad de los bosques y la conservación de la biodiversidad. Además de resguardar especies de fauna y flora propias de los Andes, permiten mantener los servicios ecosistémicos que abastecen de agua a comunidades, actividades productivas y embalses de importancia nacional.
La protección de estas áreas se complementa con programas de restauración ecológica, acuerdos voluntarios de conservación y el trabajo conjunto entre autoridades ambientales, propietarios rurales, organizaciones y comunidades, fortaleciendo una estrategia que busca garantizar la sostenibilidad ambiental del Oriente a largo plazo.