Claudia Milena Giraldo, fundadora de TejiPaz, impulsó la comercialización y exportación de café desde Granada. Sandra Gómez y Fabio Rivera, representantes de Asofagua y Asfaconfu, encontraron en el ecoturismo, a través de las rutas del café y el cacao, una alternativa para dinamizar la economía de San Francisco y San Luis. Por su parte, Fanny Osorio lidera a 40 familias cafeteras de Alejandría que fortalecen el tejido social y construyen paz desde el campo. Sus historias representan una parte de las más de 54.000 personas registradas como víctimas de desplazamiento forzado en el Oriente antioqueño, una región que ha encontrado en el desarrollo de cultivos productivos una oportunidad para reconstruirse.
Entre 1997 y 1999, el Oriente antioqueño fue el segundo territorio del país con más desplazamientos y cerca de 15.000 muertes violentas por la disputa entre las FARC, el ELN y los grupos paramilitares, según Hacemos Memoria de la Universidad de Antioquia. Su ubicación estratégica entre Medellín, el Magdalena Medio y Bogotá, con corredores que atraviesan municipios como Cocorná, San Luis, San Carlos, Granada, San Francisco y Sonsón, sumada a su topografía montañosa, lo convirtió en un paso clave para el tránsito de tropas, el tráfico de armas y el control territorial.
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Las consecuencias de esa violencia fueron devastadoras. Según la Unidad para las Víctimas, algunos municipios perdieron más del 50% de su población y quienes lograron regresar encontraron sus fincas saqueadas, la infraestructura destruida y servicios esenciales, como los centros de salud, gravemente afectados.
“Si Granada fue estratégica para la guerra, tiene que ser estratégica para la paz”
Claudia Giraldo no recuerda un momento exacto en el que la guerra comenzara. Dice que simplemente creció dentro de ella. De niña recogía café para comprar sus zapatos, mientras en las montañas de Granada el conflicto armado se volvía “parte del paisaje”. Con el tiempo entendió que los hombres armados que se cruzaban en los caminos, los compañeros de colegio que un día aparecían con un fusil y las noches llenas de miedo “no eran normal”.
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Vivió las tomas guerrilleras, soportó cerca de 18 horas de bombardeos atendiendo heridos y protegiendo niños atrapados entre los combates. Después llegó el desplazamiento, cuando su familia tuvo que abandonar su casa para intentar sobrevivir. Estudió mientras Granada intentaba levantarse y al regresar a su tierra comenzó a trabajar con las familias desplazadas. Recorrió veredas, registró muertos, desaparecidos y sobrevivientes. En 2005 ya había caracterizado a cerca de 4.500 personas. Dice que antes de ser contadora pública fue “contadora social”, porque durante años su trabajo consistió “en contar los vivos y los muertos” que había dejado la guerra.
“Viví la toma, viví el desplazamiento, ayudé a reconstruir el pueblo y, mientras reconstruía el pueblo, también me estaba reconstruyendo yo”, contó Claudia mientras tomaba el café que, sin saberlo, terminaría llevándola hasta otros países.
Un viaje a Estados Unidos transformó su visión. Descubrió que el café que los campesinos cultivaban desde hacía décadas era valorado en los mercados internacionales por su calidad, origen y producción orgánica. Entendió entonces que el municipio podía ser reconocido por algo distinto al conflicto: “Si Granada fue estratégica para la guerra, tiene que ser estratégica para la paz.”
Con ese ideal nació Tejipaz en 2016, organización que hoy reúne a más de 1.000 familias campesinas para transformar y comercializar café, cacao, panela, miel, frutas y otros productos con valor agregado. Además de generar ingresos, acompaña a las comunidades en procesos de capacitación, asociatividad y fortalecimiento empresarial. Hoy, sus productos llegan a Estados Unidos, Francia, Holanda, Alemania, Canadá y Japón.
Pero para Claudia el mayor logro es que Tejipaz convirtió la memoria del conflicto en una oportunidad para reconstruir el tejido social: “Hoy un tinto reúne a personas que antes estuvieron enfrentadas y permite hablar de lo que pasó. Esa ha sido la transformación más grande de Tejipaz”, concluyó.
De cultivos ilícitos al desarrollo rural: la apuesta del Oriente antioqueño
La reducción de los cultivos ilícitos y el crecimiento de las economías agrícolas legales hacen parte de la transformación que ha vivido el Oriente antioqueño en los últimos 15 años. Según cifras entregadas por Luz Dary Campuzano Echeverri, municipios como Granada, Argelia, Cocorná, San Carlos, Nariño, San Rafael, Carmen de Viboral, Sonsón, San Francisco y San Luis redujeron o eliminaron los registros de coca. Los mayores cambios se evidencian en San Luis (271 hectáreas en 2008 a 22,07 en 2023), San Francisco (235 a 64,19) y Sonsón (70 a 10,97).
Esa reducción coincidió con la recuperación de las economías campesinas. En 2025, estas localidades alcanzaron una producción conjunta de 3.662,24 toneladas de café y 874 toneladas de cacao. Municipios como Granada, San Francisco y San Luis muestran una recuperación de la producción agrícola, especialmente del cacao.
El programa Familias Guardabosques fue pilar en la transición del Oriente antioqueño hacia economías legales. Entre 2002 y 2010, cerca de 130.000 familias en Colombia participaron en esta estrategia que impulsó proyectos productivos, acceso a tierras y fortalecimiento comunitario. Ese proceso permitió que campesinos como Fabio Rivera y Sandra Gómez transformaran sus historias alrededor del cacao, el café y nuevas economías rurales.
Nuevas economías rurales: la apuesta de las familias de San Luis y San Francisco para quedarse en el territorio
Fabio Rivera volvió a San Luis hace 14 años con una finca abandonada, una deuda en el banco y una vida que la violencia había obligado a empezar de nuevo.
Regresó sin nada y decidió sembrar cacao. Hoy lidera Asfaconfu, integrada por 35 familias víctimas del desplazamiento forzado, que transforman cacao y café en productos con valor agregado desde la Chocolatería Asfaconfu. Además, comercializan cacao con la Nacional de Chocolates y han impulsado emprendimientos turísticos, como el avistamiento de aves con ruta del cacao.
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Para Rivera, el café y el cacao han sido fundamentales en la reconstrucción del territorio: “Los cultivos ilícitos solo dejan violencia, muerte y pobreza. Un campesino que vive de su finca puede sostener a su familia con su trabajo”, afirmó.
En San Francisco, la Asociación de Familias Guardabosques (Asofagua) convirtió el cacao y el café en nuevas oportunidades para las comunidades. La organización nació en 2009, hoy mantiene activos a 28 productores y desde 2016 cuenta con registro Invima para sus chocolates.
Sandra Gómez recuerda que el proceso comenzó cuando las familias decidieron reemplazar los cultivos ilícitos por alternativas productivas legales.
En sus palabras, el mayor logro ha sido fortalecer la permanencia de las familias en el territorio: “Han hecho que la gente quiera quedarse en el territorio y que los hijos de estas familias prefieran tomar una herramienta para trabajar el cultivo antes que un arma.”
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En la vereda La Maravilla, nueve familias impulsan la Ruta del Chocolate y la Ruta del Café, una experiencia de turismo comunitario que muestra cómo un territorio marcado por la violencia logró construir una nueva economía alrededor del campo.
Sembrar para quedarse: 40 familias que encontraron en el café su futuro
“Nos tocó dejar la finca abandonada. Cuando vimos que la situación estaba un poco más calmada, regresamos otra vez a la tierrita. Aquí seguimos, con muchas ganas de salir adelante y de seguir liderando muchos procesos en la comunidad”, recuerda Fanny Osorio Carmona.
En Alejandría, Fanny fue desplazada en 2001 junto a su esposo y, tras varios intentos, logró regresar para empezar de nuevo.
Hoy es presidenta de la Junta de Acción Comunal de la vereda La Inmaculada y representa a su comunidad en el proceso de reparación colectiva de la Unidad para las Víctimas. Allí viven 82 familias, de las cuales 40 dependen de la caficultura. En su finca realiza todo el proceso del café, con una producción cercana a 3.000 kilos al año.
Hoy afirma que las familias viven con mayor tranquilidad y destaca la calidad del café de Alejandría: “El café de aquí es muy apetecido por su sabor y su textura. No tiene comparación con el que venden en el supermercado.”
La historia de Fanny, Sandra, Fabio y Claudia no termina con el regreso a sus fincas, sino con la decisión de quedarse. Hoy, mientras cosechan café junto a sus familias y lideran su comunidad, demuestran que el mayor fruto de estos años no ha sido solo la producción agrícola, sino la posibilidad de vivir en paz y mirar el futuro desde el mismo territorio que un día tuvieron que abandonar.
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