Quien ama leer lo hace en cualquier parte. No requiere espacios “ideales” sin ruido ni agitación.
El periodista Reinaldo Spitaletta lee acostado en su cama, tal vez por perezoso, dice. Y también sentando al escritorio de su oficina de profesor, donde puede tener varios libros abiertos al tiempo.
Hace tiempos leía en una banca del Parque de Bolívar, sentado en el espaldar y con los pies en el asiento. Y en las iglesias, cuando mantenían abiertas, se metía a leer. “La cartuja de Parma, de Stendhal, lo leí en iglesia”. Y en las filas de los bancos o de las cajas registradoras de almacenes, lee.
Así es la periodista Ana Cristina Restrepo. Lee en esas sillas que hay en las academias de música para los acompañantes de los alumnos. Ella espera a sus hijos....