“Estamos en el nudo de Paramillo. Aquí una montaña sube y ahí mismo se enlaza con la otra. La gente que viene se asombra con las montañas tan altas, pero esto es lo que hace especial a Peque”, dice Mery Nancy Hernández mientras prepara una degustación del café que sirve en Café Amaneceres y que se cosecha en su finca familiar.
Mery Nancy creció rodeada de frutos de café y jornadas de lavado y secado. Su padre fue caficultor y decía que ese producto le había dado lo que tenía. Ella cree que de él heredó ese cariño que, con los años, se transformó en su proyecto.
Mientras vivía en Medellín, cada vez que viajaba buscaba una cafetería. Miraba la atención, las bebidas y los detalles. “Cuando yo tenga mi café en Peque, voy a ponerle esto”, pensaba. Estudió barismo y luego producción del grano.
Hace cinco años, cuando se pensionó, regresó a Peque y abrió un local familiar que llevaba cerca de un lustro cerrado. Cambió el piso, armó la barra, escogió los colores y puso allí todo lo que había imaginado durante años. Quería hablar de café, pero también de su pueblo. Por eso los murales y cuadros son de un artista local y las mesas llevan escenas de ese territorio.
El café también tiene raíces allí. Sale de la finca El Churimo, en la vereda San Pablo, una propiedad familiar cuya casa construyó su bisabuelo hace cerca de cien años. Allí continúa su aprendizaje sobre el cultivo y su producción. “Creo que voy a estudiar hasta que me vaya para el cementerio”.
Sin embargo, el proceso de emprender no ha estado exento de miedos y dudas. “Cuando compré las máquinas y dije que iban para Peque, no me hicieron buena cara por la lejanía. Me preguntaron muchas veces si estaba dispuesta a hacer esa inversión, que corría un riesgo muy alto de que no funcionara. Pero yo dije: ‘un valiente es un miedoso arriesgado’”.
Y fue valiente. Café Amaneceres comenzó con una trabajadora y hoy son dos. Pero una de las mayores satisfacciones ha sido acercar el buen café a los campesinos. “Al principio no entraban porque creían que este lugar no era para ellos. Después probaron un capuchino con café de Peque y algunos quisieron sacar sus cafés adelante. Ya varios tienen su marca”.
Por otro lado, para Mery Nancy, emprender también ha sido una ruta de aprendizajes. Antes de abrir buscó orientación en la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia y, desde entonces, ha participado en capacitaciones y ha recibido acompañamiento. Valora especialmente que ese apoyo llegue hasta Peque y que detrás del registro de su empresa haya una entidad a la que puede acudir cuando necesita orientación.
