Después de atravesar buena parte del barrio Santo Domingo Savio por una calle pendiente y serpenteante, y cuando uno cree que está a punto de llegar al cielo, la sorpresa es grande cuando con un "hola" en todos los tonos, saludan los ángeles.
Si bien por los días de Semana Santa no estaban todos, había buena parte de los 250 niños que seis días de la semana acuden a la Escuela Santa María de Palestina.
Se trata de una obra que inició hace tres años la Fundación Obras Sociales del Santo Sepulcro, con el fin de atender de manera integral a los niños de cero meses hasta los cinco años de edad, hijos de familias desplazadas.
La juiciosa labor que se lleva a cabo captó el interés y el apoyo de la Alcaldía, la cual se vinculó a la obra con su programa El Buen Comienzo, gracias al cual los niños reciben una completa y balanceada alimentación que incluye desayuno, almuerzo y algo.
La escuela se suma, a su vez, a la obra que adelanta allí la Fundación Pan y Paraíso, que desde hace nueve años provee alimentación a 400 niños y jóvenes, entre los 5 y los 16 años de edad, así como también orientación de catequesis, la Santa Misa cada ocho días y apoyo a las jóvenes en embarazo, gracias a la reciente alianza que se logró con la Fundación Carla Cristina.
Las semillas ya están plantadas y la meta es convertir la cima de este cerro en un proyecto piloto al que le quieren sumar los servicios de medicina general y odontología, así como más aulas de clase para aumentar la capacidad de atención integral y de educación.
Para lograrlo es preciso comprar otros terrenos aledaños, lograr que el Municipio encauce una quebrada que baja por este predio y rellenar para hacer una cancha deportiva.
Como explica Rafael Uribe Uribe, presidente de la Junta de la escuela, "nos quedamos cortos en la cobertura".
Está seguro de que con la ayuda de la comunidad y de tantos corazones generosos que mueve a diario, este proyecto podrá crecer y convertirse en un ejemplo digno de replicar en muchos barrios de Medellín.
La escuela, que cuenta con salas cuna, abre sus puertas a los pequeños desde las 6:00 de la mañana, hora en la que las madres los dejan allí para salir a trabajar.
Gracias al servicio de dos turnos, siete profesoras y dos expertas en cocina atienden a los niños como si fueran sus propios hijos. Les enseñan, les cantan, les brindan estimulación temprana, los cargan y les brindan máximas dosis de amor.
Los amplios salones se convierten en la sustitución de sus hogares, en su mayoría cambuches que no tugurios, para asegurarles un futuro seguro.
Y si bien para muchos la dirección de la Escuela de Santa María de Palestina suena inalcanzable, son muchas las maneras que existen para vincularse a la obra.
Todas las donaciones son bienvenidas: desde juguetes buenos que tantos tienen en desuso en sus hogares, ropa, toallas, útiles escolares hasta alimentos.
También se puede colaborar con donaciones en efectivo y con la compra de las boletas para la función especial que hará el Circo Tangarife del Club Campestre, el próximo 30 de abril.
Solo así, sumando voluntades podremos asegurar un futuro mejor para innumerables pequeños que apenas despiertan a la vida y merecen lo mejor.
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