"Yo tengo un sueño. Que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo, creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales... Yo tengo un sueño. Que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter", dijo Martin Luther King, el 28 de agosto de 1963, en Washington.
50 años después, miles de personas, no sólo en Estados Unidos, evocarán hoy su histórico discurso "I have a dream ", en homenaje a quien impulsó el reconocimiento de los derechos civiles, aunque seguidores de su apostolado consideran que se trata de un sueño inacabado y que la no exclusión está aún por cumplirse, particularmente con los inmigrantes, y cuando el color de la piel todavía genera injusticias, como en casos recientes de asesinatos.
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