Querido, conversado, buen amigo y elegante Luis, si uno lo encuentra por primera vez no se imagina de lo mucho que usted sabe sobre moral, Aranguren, religión católica y formas decentes de vivir.
Diría que su formación es la de un hombre religioso laico (lo cual es un derecho inalienable) que no evita el mundo sino que se introduce en él de manera crítica saltando por entre los cantos de sirena (animal mitológico que tentó a Ulises, con medio cuerpo de pájaro y senos que regaban leche mala). Y digo esto después de leer su texto sobre la Desmoralización, problema de nuestro tiempo.
La moral, esta costumbre que se tiene como buena porque no causa dolor y por eso asegura territorios seguros para el habitar, el intercambio y el conocimiento, es uno de los bienes humanos que (como tantas especies naturales) está en peligro de extinción. Y es que como se lee en su tesis sobre la filosofía moral de Aranguren, estamos desmoralizados.
La moral ha sido una de esas palabras que se han satanizado por pura ignorancia. Se la tiene como un asunto de viejas religiones y no como lo que realmente significa: costumbres, sean estas religiosas, civiles, científicas, etc.
La moral, entonces, no toca con irse al cielo sino con tratar de ordenar y racionalizar el mundo en el que vivimos (en lo que hacemos, somos y actuamos) para evitar la confusión.
De aquí que la desmoralización es perder los órdenes prescritos para tener claridad sobre un asunto. Si se perdieran las costumbres de la física, sus normas y leyes para entender el fenómeno, lo físico no podría ser leído, intervenido y menos entendido. Y ahí aparecería la confusión.
Igual sucede en las sociedades, que dejan de serlo en cuanto se desordenan.
Usted, elegante Luis Fernando (para quien la elegancia es saber elegir), en su propuesta no sataniza el consumismo sino el consumo desordenado. La ciudad no es un problema sino el caos al habitarla.
Las cosas son las que son y deben ser usadas en la medida de lo justo, logrando de ellas lo óptimo evitando el daño. Usar bien dignifica al hombre (lo aleja del error), pero usar mal lo deshumaniza.
Y en esto consiste la desmoralización, en dañar los logros de la inteligencia (lo que hacemos y sabemos bien) para hundirnos en el caos de las dependencias inmorales (lo que va contra las costumbres), lo que lleva a usar mal esto único que nos hace humanos: la moral y las normas que la construyen.
Luis Fernando Fernández Ochoa. Doctor en Filosofía de la Universidad Pontificia de Salamanca y director de la Facultad de Filosofía de la UPB. Elegante, dicharachero, con ingenio. Y con la claridad de que la desmoralización no es una tristeza sino una falta de buenas costumbres. Como ya nos pasa.
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