El diputado que desató controversia por una desafortunada expresión sobre el Chocó no conoce ese departamento, y aunque cree que no lo ofendió con sus palabras, está dispuesto a visitar Quibdó a modo de desagravio.
Rodrigo Mesa dice no pasar sus mejores días, pero afirma que lo único que lo desvela es ver la cara de su hija descompuesta porque se han dicho mentiras con su hoja de vida.
¿Cuándo fue la última vez que visitó Chocó?
"Yo jamás he ido al departamento del Chocó".
¿Y cómo dice que tiene afecto por Chocó y que la suya es la oficina de la Asamblea que recibe más negros?
"Fui criado por dos negras: Dorila y Norman. Me enseñaron a comer sancocho con las tres carnes, una de ellas curada, fuera de eso le echaban queso. También a comer bocachico seco y pan casero, a tomar borojó. Tengo por qué quererlos".
¿Pero quiénes son los que van a su oficina?
"Llevo 20 años aquí y a uno le daban unos puestos, era permitido por la ley. En ese tiempo yo creo haber colocado unos 100 profesores negros. Les digo así por cariño y porque morenos es tibio. Moreno es un apellido".
¿Aún no cree que su expresión es racista?
"Eso lo interpretan los demás. Con ellos solo tengo cariño".
¿Está dispuesto a caminar por el malecón de Quibdó, frente a la Catedral?
"Cuando van a hacer las fiestas de San Pacho y San Antonio vienen muchos a que les regale el licor y camisetas. Si no cree, pregúntele a Estela, una profesora que aspiró al Concejo de Medellín apoyada por mí".
¿Pero se pasearía frente al Atrato?
"Soy capaz de ir al Chocó, no les tengo miedo, sino cariño. Soy un hombre dedicado a servir a la comunidad".
¿Es verdad que lo reprendió el director nacional de su partido, Simón Gaviria?
"Me pegó un regaño como si fuera un niño chiquito".
¿No cree que fue merecido?
"No. Eugenio Prieto y Víctor Yepes lo tenían ya con el cuento en la cabeza, y cuando llegué estaba demasiado prevenido".
¿Y cómo reaccionó a su explicación?
"Se la di, pero hizo poco caso. Se llevó la grabación, espero que la oiga y, ante todo, entienda que en mi hoja de vida jamás he dicho mentiras".
¿Le pidió que no lleve el caso a una posible sanción?
"Sí señor, lo más seguro es que me sancione, eso he creído".
¿Este es el fin de su carrera?
"He hecho las cosas bien, con honestidad, soy hombre trabajador, el primero que llega y el último que se va. Mi sueldo se lo regalo a la gente pobre".
¿Admite que es grosero?
"Folclórico, paisa, coloquial, pero no he sido grosero nunca".
¿Si le proponen que preste su nombre para rotular un perfume, lo aceptaría?
"Soy un hombre de 120 kilos. Me vería muy feo vendiendo perfumes".
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