Como uno de sus hijos mayores, aunque no nació en esta cuna, los jericoanos despidieron ayer a monseñor Pompilio Gallego Arboleda, el sacerdote que durante más de 20 años lideró la construcción de la última catedral que se ha hecho en Colombia.
En esa catedral lo velaron en cámara ardiente y le ofrecieron una misa concelebrada por 50 sacerdotes, antes que una romería de distintas generaciones lo acompañara al cementerio.
Con 96 años de vida y 70 de sacerdocio, cumplidos el pasado 1 de diciembre, al religioso lo homenajearon y lloraron jericoanos de varias generaciones, que lo reconocían como uno de los grandes gestores del desarrollo y la cultura de este municipio.
Así lo percibió el alcalde de la población, Carlos Augusto Giraldo, quien observó que, además de construir la Catedral, fundó el colegio Santa Rosa de Lima, el Museo de Arte Religioso, la Cooperativa de Ahorro Paulo Sexto.
También tuvo a cargo la remodelación del cementerio y del parque Francisco Cristóbal Toro, y la restauración del monumento de Cristo Rey en el morro El Salvador.
Al comentar sobre su mayor herencia, los feligreses recordaron que dio ejemplo de honestidad en el manejo de los recursos, como quiera que rendía las cuentas centavo a centavo.
El de las marchas del ladrillo
La tarea de construcción de la catedral la desarrolló entre 1949 y 1969, hasta el 20 de septiembre, cuando se inauguró y consagró a Nuestra Señora de Las Mercedes.
Y lo identifican como el "constructor", evoca el Alcalde, porque era el que conseguía la plata, el que buscaba ayudas del gobierno y de particulares, el que lideraba las marchas del ladrillo, el que organizaba las fiestas de San Isidro y el que pagaba a los obreros.
La catedral antigua hubo que demolerla en los años 40 por un problema geológico y él emprendió la quijotesca tarea en 1949, que le ocupó 20 de los 36 años que ejerció como párroco de Jericó. En 1991 se retiró del ejercicio ministerial y quedó como ayudante de la Diócesis.
La edificación se hizo en varias etapas y durante muchos años sirvió como templo la cripta que hoy es sede del Museo de Arte Religioso, mientras se levantaba el resto.
Su estilo es moderno-románica, de arcos y columnas redondeadas.
En su oración de despedida, el Alcalde habló de un roble hecho llama que se fue apagando como un varón de dolores, al decir del profeta Isaías.
"Se nos va el más grande de los jericoanos de la historia", se atrevió a expresar el gobernante, para quien el cura que llegó a quedarse hace 80 años en su pueblo, encarnó, como en la novena de Navidad, la prudencia que lo hizo un verdadero sabio.
Le agradeció que haya dedicado su vida al servicio, en lo que alcanzó un reinado por aquello de que servir es reinar.
Él y sus paisanos extrañarán la "gracia inteligente" del hijo de la vereda El Mulato de Pueblorrico, que adoptaron para siempre.
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