Todavía con la ropa que le sirvió para protegerse del intenso frío de la noche, a pesar de que el reloj sobrepasaba las horas del medio día, Dubi, rodeada de sus tres pequeños hijos y un nieto, permanecía sentada en las afueras de su casa, en el sector de Brisas del Jardín, en Manrique parte alta, porque no se atrevía a entrar.
Toda la noche estuvieron refugiándose de la lluvia bajo el techo de una cancha, acompañados por medio centenar de personas que también debieron evacuar sus casas por el inminente riesgo de que la montaña se desprendiera y los tapara.
Desde allí, vieron cómo a las 11:30 de la noche la tierra se aflojó y se llevó por delante cinco de sus viviendas, que horas antes habían sido desocupadas por sus habitantes, tras un primer alud en la tarde del domingo. Salvaron sus vidas, gracias a que atendieron la orden de evacuación impartida por el Simpad.
Aunque en un principio algunas familias se resistieron a salir y dejar sus enseres, al final entendieron que sus vidas corrían peligro si se quedaban allí y acataron la orden apoyada por la Policía y por el Comité Local de Prevención y Atención de Desastres (Clopad) de Bello Oriente y Manrique.
Según Javier Patiño, coordinador del Clopad de Manrique, en la tarde del domingo que se desató un fuerte aguacero, un ruido alertó a la comunidad que inmediatamente les dio aviso.
Al llegar a la zona pudieron ver que hubo un pequeño desprendimiento de tierra de la montaña, pero que amenazaba con uno mayor, por lo que ordenaron la evacuación.
Sin embargo, algunos se resistían y argumentaban que eso era normal, por lo que tuvieron que pedir el apoyo de la Policía para evacuar las casas.
Y efectivamente, ya en la madrugada del lunes, de la montaña se vino un gran tajo, que destruyó cinco viviendas que habían sido desocupadas a tiempo.
Una vez amaneció y la lluvia amainó se hizo presente una comisión técnica del Simpad para evaluar la situación.
"Luego de valorar sobre el terreno lo sucedido, la comisión técnica determinó ordenar la evacuación definitiva de 21 viviendas y otras 15 de manera preventiva o temporal", expresó Martín Molina, ingeniero del Simpad.
De igual manera se le solicitó a Empresas Públicas de Medellín hacer las reparaciones pertinentes pues varios postes de luz fueron derribados, por lo que el sector quedó sin el servicio de energía.
La incertidumbre
La amenaza es tan evidente que ayer mismo algunas de las familias que quedaron con sus viviendas en alto riesgo y que tenían donde autoalbergarse iniciaron la evacuación de las casas, pero otras que no tienen para donde irse, se lamentaban de su suerte y pedían la ayuda inmediata de las autoridades municipales.
"Anoche el Simpad nos mandó para una cancha a aguantar frío, sin colchonetas que dizque porque quien estaba encargado de ellas, tenía el celular apagado", manifestó Liliana Montoya.
Según Molina se dispuso el desplazamiento de una comisión social del Simpad para atender a los damnificados y entregarles las primeras ayudas. "Lo más seguro es que se inicie un proceso de autoalbergue y las que no lo puedan hacer entrarían a ser atendidas en un albergue que disponga el Municipio".
Sin embargo, Dubi se sentía desesperada porque nadie llegaba con una solución. "Nos han censado, pero no nos definen nada".
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