Este lector nos comparte la maravillosa experiencia que tuvo durante sus vacaciones en el Amazonas e invita a todas las personas que les gusta la aventura a que se animen a visitar este lugar de Colombia que, según él, es el más hermoso del mundo.
"En un momento de total inspiración decidí empacar el morral para ir al aeropuerto Enrique Olaya Herrera y adquirir un tiquete de ida y vuelta con destino a Puerto Leticia. Y en un abrir y cerrar de ojos aparecí en ese mágico lugar.
Cuando el avión aterrizó, lo primero que hice fue preguntar por el gran río Amazonas. Sin temor a comentarios de que ese río majestuoso está repleto de bichos, me clavé en sus aguas, sintiéndome la persona más libre y afortunada del universo, en medio de los 40º que en ese momento marcaba el termómetro.
Después me topé con algunos indígenas Ticunas que prestan servicios básicos. Ellos me rentaron una Maloca (choza) con hamaca, a un costo de 10.000 pesos la noche. En mi búsqueda del río encontré en el camino el Hotel Decameron que cobra la noche a 100 dólares, pero en ese lugar había algo especial y no se imaginan la alegría que tuve cuando apareció el mítico Kápax, quien trabaja allí como guía turístico.
Me hice amigo de los Ticunas, intercambié ideas con ellos hasta que el sueño me venció y terminé en la hamaca en completa oscuridad. Después de dormir plácidamente empecé el nuevo día y por 3.000 pesos, un Ticuna me vendió una suculenta ensalada de frutas de la selva.
Organicé todo y me fui para el malecón de Puerto Leticia, allí me embarqué en un "pequepeque" o canoa pequeña por 10.000 pesos con rumbo a Puerto Nariño. En el trayecto visité el parque Amacayacu que tiene más novedades que Disneylandia. Allí degusté un suculento sancocho de bagre, le di la vuelta al parque por el sendero ecológico y para qué les digo más, ¡qué belleza!
Según los libros de geografía, Puerto Nariño es considerado el pesebre de Colombia. En ese lugar cualquier persona queda anonadada con tanto color que da vida. En ese momento sentí en mi corazón la presencia de Dios.
Me di cuenta de la alegría que el cuerpo y el espíritu sienten al estar en medio de la selva, respirando aire puro, escuchando el canto de gran variedad de aves como una sinfonía celestial".
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