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Andrea es grande en conocimiento

La campeona de las Olimpiadas del Conocimiento, grado quinto, nos contó cómo fue todo el proceso.

  • Andrea es grande en conocimiento | Andrea es una niña muy polifacética. A sus cortos 12 años practica ballet, aprende a interpretar flauta, bajo, guitarra y pinta. Algunas obras se ven en la imagen. FOTO JULIO CÉSAR HERRERA.
    Andrea es grande en conocimiento | Andrea es una niña muy polifacética. A sus cortos 12 años practica ballet, aprende a interpretar flauta, bajo, guitarra y pinta. Algunas obras se ven en la imagen. FOTO JULIO CÉSAR HERRERA.
12 de octubre de 2013
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El día que Ana María Jiménez supo que su hija Andrea clasificó a las semifinales de las Olimpiadas del Conocimiento, pensó que la llamaban del colegio a ponerle una queja.

"Habían ido al Museo de la Madre Laura y pensé que me llamaban a cobrarme algún daño", dice entre risas la mamá de Andrea Sánchez Jiménez, la estudiante del Colegio San Ignacio de Loyola, que unos días después derrotaría a dos niñas y dos niños en la final de las Olimpiadas de grado quinto.

Una niña perseverante, curiosa y callada, así describe Ana María a su hija, que un día con apenas tres años le dijo que quería aprender ballet.

"Desde antes de nacer le inculcamos mucho la lectura. Los tíos le regalan libros, hace parte de los grupos de lectura en el colegio y creemos que eso le ha ayudado para lo que es hoy y para darnos la sorpresa que nos dio con las Olimpiadas", sostuvo la mamá.

Bajo y flauta son algunos de los instrumentos que Andrea aprendió a tocar, según ella, dándose tiempo en los recreos para ir al salón de música, a practicar.

"No se en qué momento le queda tiempo de hacer todo lo que hace. Pero lo que sí hace la familia es apoyarla en todo momento y abrirle esos espacios que ella pide", dijo Ana María.

Andrea en sus palabras
"Me llamo Andrea Sánchez Jiménez, nací el 22 de agosto de 2001 y tengo 12 años", dice la campeona mientras se acomoda sus gafas, las que cambia cuando realiza sus presentaciones de ballet.

Asegura que la semillita que la convirtió en la diosa del Olimpo del conocimiento empezó a crecer cuando estaba en cuarto de primaria y se sentaba a ver por televisión las competencias educativas de las que un año después sería protagonista y campeona, algo que nunca fue fácil.

"Cuando llegué a quinto, nos dijeron que íbamos a participar en las Olimpiadas. Realicé la primera prueba y pasé, luego la segunda y de nuevo califiqué, pero en esta ocasión a las semifinales", explicó Andrea.

Allí inició una preparación en la Escuela del Maestro, ocho días, de los cuales solo pudo ir cuatro por sus diferentes actividades.

"Cuando llegué a la semifinal, y me subí al cubículo supe que era cierto. Me dije a mí misma: haré lo que pueda, y pues hice lo que pude y gané las Olimpiadas", dice Andrea entre risas.

Diego Sánchez, el papá, es el presidente de su club de fans. Durante la semifinal y la final se saltó el muro que lo separaba de su hija para abrazarla y darle la vuelta olímpica en el auditorio de la Institución Universitaria Pascual Bravo.

Toda su familia la acompañó en su triunfo: desde su hermanita Catalina, de ocho años, hasta sus abuelos.

Luego del triunfo
Varias cajas de arroz chino recibieron a Andrea y a sus papás cuando llegaron a celebrar con la familia.

"Somos la familia granadilla (risas) dice mi mamá, pues a donde va uno van todos. Festejamos y luego regresamos a la realidad: teníamos que ir a trabajar y a estudiar. A seguir la vida normal", sostuvo la mamá de Andrea.

La campeona recibió como toda una experta a los demás medios que esperaban en el colegio a que ingresara a sus clases. Le hicieron un perfil para televisión, habló para la radio y hasta la recibió el rector de su colegio, quien entre los regalos le dio una chocolatina. Un punto a favor del directivo docente, pues a Andrea le encantan los dulces.

Los premios
Y cómo no hablar de los premios. La estudiante de quinto de primaria se llevó para su casa: un computador portátil, un celular de última generación, una nevera y por si fuera poco un viaje a Los Ángeles, en Estados Unidos.

"Allá estaré en noviembre o diciembre. Recibiremos clases de inglés, viviré con una familia adoptiva y conoceré muchos lugares. Estoy muy contenta por poder viajar", explicó la campeona.

A la pregunta de qué desea estudiar en la universidad, ella contestó un rotundo "no sé", por obvias razones: todavía está muy joven y le faltan varios años para tomar la decisión.

Por el momento solo piensa en leer, jugar con Catalina, ver televisión y pensar en las Olimpiadas del Conocimiento de décimo y once, la futura aventura académica que le espera.

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