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HISTÓRICO
ATREVERSE
  • SANTIAGO SILVA JARAMILLO | SANTIAGO SILVA JARAMILLO
    SANTIAGO SILVA JARAMILLO | SANTIAGO SILVA JARAMILLO
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 07 de marzo de 2012

A finales del año pasado el rector de Eafit, Juan Luis Mejía, presentó su conferencia "El culto al avispado", como preámbulo al programa "Atreverse a pensar", un esfuerzo de la institución académica por abordar los desafíos éticos de la sociedad colombiana.

Durante su intervención, Mejía habló de un delicado tema para el país, pero particularmente para algunos paisas: la obsesión con la figura del vivo, nuestra reverencia por el avispado, ese personaje que engaña e incumple para salirse con la suya, que hace del irrespeto por las normas y acuerdos sociales su principal herramienta para alcanzar sus objetivos personales.

El programa se sostiene en la idea de que "el fraude es una manifestación de un problema sociocultural y de un sistema de valores y creencias de los colombianos" y que su fuente se encuentra en "El culto a la viveza", regla dañina e informal de nuestra sociedad, en donde cada individuo defiende egoístas intereses desde una concepción ética particular, en la que los valores sociales no importan y todo se puede justificar.

"Atreverse a pensar" busca exaltar la ética, la integridad y la responsabilidad como valores que guíen nuestro comportamiento cotidiano. Desde la manera como realizamos los exámenes en la universidad, nuestro enfoque en los negocios, pasando por nuestros deberes cívicos y llegando a nuestras decisiones democráticas.

De igual manera, el programa recupera dos excelentes ideas que a veces son dejadas de lado en el debate sobre nuestros problemas públicos.

La primera: que acciones y comportamientos aparentemente insignificantes para algunos, como hacer trampa en un examen, tienen una relación directa con asuntos que afectan nuestra sociedad como la corrupción o la generalizada violación de las normas.

La segunda: que con un trabajo concienzudo y juicioso se pueden abordar los complejos desafíos éticos de nuestra sociedad. Es decir, que se pueden hacer cosas. Que no nos podemos ni debemos resignar a la erosión de nuestros valores sociales y que la universidad, como espacio educativo, es un excelente lugar para reforzarlos.

Ojalá nos atrevamos, tengamos el arrojo de pensar que las cosas se pueden hacer de una manera diferente y con honradez.