En la casa de Valeria algunas reglas cambiaron con su paso a la universidad. La mesada de sus padres ya no va a ser diaria, como lo fue en la época de colegio, sino que de ahora en adelante recibirá una suma de dinero semanal y ella deberá aprender a administrarlo de manera autónoma. Si al final de la semana le sobra, serán sus ahorros. Si le falta, deberá revisar su presupuesto y hacer las cuentas de nuevo.
Es un tema de disciplina, de conciencia. El objetivo es aprovechar los años universitarios para educarse financieramente en esa transición de hijos de familia a, en cuatro o cinco años, profesionales independientes. “Es muy importante que los estudiantes realmente enfrenten de una forma más autónoma el tema del manejo de dinero. Formar hábitos cercanos a la realidad, como el pago de un salario, por ejemplo, los ayuda a ser más cuidadosos y prudentes en términos económicos, especialmente cuando se viene de la comodidad del hogar”, explica Claudia Baena, directora del pregrado de Ingeniería Financiera de la Escuela de Ingenieria de Antioquia. La planeación, el gasto moderado y el ahorro son algunas claves para que el dinero alcance. Llevar comida de la casa en vez de comprar en la cafetería, organizarse con los amigos para ir en un solo carro y compartir el gasto de la gasolina, coger bus o simplemente caminar, son alternativas prácticas entre los estudiantes, quienes para empezar a hacer rendir el dinero, se vuelven cada vez más recursivos. Lo mismo ocurre cuando buscan otras fuentes de ingreso y deciden vender mecato o aprovechar las oportunidades que ofrece el campus inscribiéndose como monitores en algunas clases o semilleros. Darles esa autonomía y crearles algunas necesidades es sano en esta etapa de crecimiento.